Respirando lucha en Venezuela

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Publicado en: 2022-02-22

Desde el 2018 no volvía a mi país, Venezuela. Este relato, que tejerá percepciones personales, conversaciones informales, cafecitos de las tardes y mucho afecto. Pero, antes de iniciarlo, primero, me enunciaré: seré explicita en lo que me atraviesa para escribir estas líneas. Situarse es uno de los aprendizajes, de las investigadoras y activistas feministas.

Yo soy una mujer popular, madre, chavista que migró a Colombia en el año 2015, es decir, ahora, también migrante venezolana en Bogotá. Esto de migrar tiene sus complejidades. Muchas veces me siento en el Nepantla que relató Gloria Anzaldúa, ese estado doloroso de estar en el medio, del no pertenecer, pero que es potente para construir puentes. Por eso este relato será eso, un puente para que transitemos otras narrativas sobre Venezuela.

Viajé a mi país el 12 de diciembre de 2021, con una maleta y una hija a cuestas, pasé la frontera, pero fue en el camino de San Antonio del Táchira a San Cristóbal en Venezuela, que empecé a sentir la familiaridad y la pertenencia. El autobús que nos llevó a Caracas, estaba lleno de personas que nos fuimos y teníamos emoción por volver. Dormimos poco en el trayecto, ya que las risas, anécdotas y llantos se hicieron presentes. También, el cansancio en los rostros y cuerpos de quienes venían haciendo camino desde Perú, Ecuador y Colombia. Ir en ese autobús abarrotado de maletas y nostalgias, ya era un logro por lo costoso y difícil que son los traslados terrestres en Venezuela.

Llegué como la iguana: cayendo y corriendo, y me fui a caminar mi barrio, la parroquia El Valle de Caracas, y es evidente el desgaste en la ropa, los cuerpos y la infraestructura, pero fue particular porque no percibí la derrota. Por el contrario, la actitud en la calle era desafiante; la forma de asumir una crisis económica que es evidente estaba más cerca de la dignidad y la resistencia. Esto sin desconocer la precarización económica que marca la cotidianidad del pueblo venezolano, pero que no lo define. En este recorrido, mientras compraba alimentos, se acercó una señora a hacer un trueque de harinas por plátanos, una práctica común entre los sectores populares. Como dicen en las calles “hay que moverse sin asco” en el rebusque porque estamos en Venezuela.

Estas expresiones de dignidad y resistencias no están necesariamente alineadas con un discurso favorable al gobierno de Nicolás Maduro, pero sí es evidente que hay un sujeto histórico que en el día a día sabe que está en lucha, como lo están la mayoría de los pueblos del mundo. En Venezuela se opina de política y economía en todos los lugares; es común ir en las calles y escuchar cómo las personas debaten y critican sobre la situación del país. En una de las conversaciones con una lideresa comunitaria de la parroquia[1] La Vega, el tema fue el bloqueo económico contra Venezuela y las afectaciones a las mujeres.

Esta mujer del pueblo, negra, con voz gruesa y una capacidad de enseñar y relatar pero, sobre todo, de encarnar las luchas populares, me comentó sobre el bloqueo que: “nos dieron duro, en el 2016 empezaron a desaparecer los lácteos. Nosotras para resistir promovimos la lactancia materna en el barrio; las mujeres ¡a dar teta! Pero fue muy duro, no había fórmulas infantiles[2], ni nada derivado de los lácteos. Después, [el tema de] los productos de higiene personal escasearon; no había toallas higiénicas ni pañales desechables”.

Aunque para el progresismo latinoamericano y mundial no sea todavía políticamente correcto reflexionar sobre el bloqueo contra Venezuela, que sirva este relato para denunciarlo duro y fuerte. Según el Observatorio Nacional de Medidas Coercitivas Unilaterales contra Venezuela[3] indica que la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha emitido 355 medidas o sanciones contra Venezuela. Del mismo modo, la Unión Europea ha emitido 110 sanciones. Desde el 2015, Venezuela fue declarada como una “Amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior de Estados Unidos” con la firma del Decreto 13692 por parte del presidente Obama. Estas medidas, además, han sido promovidas por algunos sectores de la oposición venezolana al gobierno de Maduro. Todas han sido nefastas y las afectaciones a la clase media y popular del país son evidentes. Afectan desde la adquisición de equipos médicos hasta insumos para la industria petrolera, que ha sido históricamente la actividad productiva que genera mayores ingresos al país. Estas sanciones están siendo investigadas por el gobierno de Venezuela.

Por lo que he podido conocer de gente cercana, amiga, del pueblo llano, sobre las consecuencias de estas sanciones, y que es evidente, es la pérdida de peso de la población, de manera significativa entre 2016 y 2017. Un amigo me decía “Ya estoy recuperado; perdí como 17 kilos. Me ponía la correa en el último huequito y se me caían los pantalones”. Una profesora muy apreciada de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) me contaba que: “Esto ha sido muy duro, pero acá seguimos, en esta universidad que es del pueblo y la fundó Chávez”. En estos relatos no había un ápice de actitud lastimera, por el contrario, daban cuenta de las proporciones del daño, pero además de la tenacidad de resistir.

Al conversar sobre la situación actual de Venezuela, dos frases me quedaron clavadas como un horizonte posible. Una fue la de esta mujer lideresa de la parroquia La Vega, que mencioné anteriormente. Ella me dijo: “Ya aprendimos a resistir, nos toca reinventarnos, superar el bloqueo”. La segunda, de la profesora de la UBV, me atravesó al decirme: “Rut: no hemos perdido la alegría, seguimos adelante”. Al abrir bien los ojos, es impresionante ver en cada lugar que hay personas, comunidades y colectivos inventando, resolviendo, procurando cubrir las necesidades, pero también politizando y criticando las fallas gubernamentales.

No obstante, en honor a la verdad, no puedo, ni debo ocultar el surgimiento de una nueva clase social ignominiosa que se aprovecha de los recursos públicos, en medio de este bloqueo nefasto. Se les conoce como los “enchufados”, quienes en cargos de dirección gubernamental o vinculados con la dirigencia política, desvían dineros para su propio beneficio y que, en las condiciones actuales del país, es muy evidente. Considero, que en la abundancia la corrupción es menos visible, pero en la precarización actual del país, salta a la vista quienes malversan el dinero y además utilizan todo un legado moral y político del chavismo para justificar estas acciones.

Venezuela, a pesar de la dureza de las circunstancias, sigue siendo un país que habla y se mira en clave de solidaridad y esperanza. Que este espacio sirva para enunciar a voces que Venezuela no es un país derrotado y que sí está atravesando una situación que definirá su futuro; que 20 años de revolución se sienten en la narrativa del pueblo; que todas y todos debemos intentar hacer un esfuerzo por trascender una mirada maniquea sobre el país y su proceso político y popular.

Al llegar a mi tierra y pisar el territorio, la invitación desde el primer momento fue a complejizar el análisis y romper con los relatos que piden intervención extranjera, salidas rápidas y violentas o presentarnos como el país inviable.  Intentemos situar al pueblo venezolano como el decisor, ya que es el que está allí, dando ejemplo de lucha y ahora de resistencia, las y los que deben decidir y construir el futuro del país.

Por ahora, me llevo el mar Caribe en la piel, Caracas con sus guacamayas libres, los atardeceres que me conmovieron el alma, los abrazos, las risas, el llanto y la tristeza por la despedida pero, sobre todo, la amplitud de las personas para hablar de la cotidianidad del país, con confianza y mucha agudeza y desde Bogotá siento que resuena en mí con fuerza el grito de los indígenas Caribes “¡Ana Karina Rote, aunicon paparoto mantoro itoto manto!”, “Solo nosotros somos gente, aquí no hay cobardes ni nadie se rinde”.

Escrito por: Rut Vilchez con la colaboración imprescindible de amigas, afectos, liderazgos y voces populares de Venezuela, justo un 4 de febrero de 2021.

[1] División territorial en Venezuela.

[2] Leches en polvo enlatadas para bebés.

[3] Fuente: https://observatorio.gob.ve/sistema-informacion-estadistico-antibloqueo/

Foto principal: https://albaciudad.org/2020/10/inauguran-en-petare-un-mural-en-honor-al-poeta-y-humorista-aquiles-nazoa-fotos-y-video/

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Mujer venezolana migrante, militante de la esperanza y convencida de la paz.

One Comment

  1. Excelente narrativa, describes al dedillo lo que hemos venido transitando los venezolanos que aún permanecemos y seguimos en nuestra patria. Esperamos que poco a poco se construya una economía de inclusión, donde los ingresos permitan una calidad de vida y más aún a los de la llamada tercera edad, que después de 30 años de trabajo, estamos pasando una vejez muy golpeada. Pero sí, seguimos resistiendo y como bien dices, con sonrisas, pese a estas circunstancias...

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