Lina de Lima: Canta y no llores

FOTO: shorturl.at/lsFK5
Publicado en: 2021-10-19

En un viaje de avión de más de 7 horas vi Lina de Lima (2019, 83 min). Entre tantas películas para matar el aburrimiento, me llamó mucho la atención su cartel: En el centro, una mujer racializada como indígena, rodeada de una iconografía religiosa que la asemejaba a una virgen o una santa, pero con una mirada que lejos de invocar consuelo, parecía retarnos, provocarnos, incluso, burlarse un poco de quien la miraba. Lina de Lima, ¿qué quería decir? El juego de palabras también me intrigó y decidí darle una oportunidad, de cualquier manera me quedaban muchas horas de viaje.

Así, sin ninguna expectativa, me dejé llevar por ese otro viaje, ya no sólo el que sugiere el cine como tal, sino también el de la protagonista, Lina (interpretada por Magaly Solier), una migrante peruana, instalada en Chile, donde trabaja para una familia en el ámbito del hogar y los cuidados. Su travesía me llevó a mí misma: las dos intentando hacer un viaje de vuelta a casa para reencontrarnos con la familia. En el caso de Lina, con su hijo para pasar la Navidad juntos en Perú; en mi caso, para llegar a una celebración familiar en México.

Lina de Lima es una película sobre migración, es cierto, pero también es una forma de darle la vuelta al victimismo bajo el que constantemente se intenta ver a las mujeres migrantes, latinoamericanas y racializadas como no blancas. La protagonista hace un retrato lleno de claroscuros sobre aquellas mujeres que se han visto obligadas o han decidido migrar sin despojarlas de su carácter e identidad propios. En este sentido, la directora y guionista de la película, María Paz González, explora a través de Lina una de las muchas experiencias de quienes forman parte de lo que actualmente se conoce como “cadenas globales de cuidados”, es decir, mujeres que migran para cuidar a otrxs, pero que a su vez, delegan el cuidado de sus familiares (hijxs, casi siempre) en sus madres, hermanas u otras mujeres en el país de origen.

Sin embargo, más allá de mostrar con paternalismo estas realidades, el largometraje gira en torno al viaje de vuelta, habla sobre la promesa del reencuentro, la soledad y las dificultades que se presentan cuando «una ya no es ni de aquí, ni de allá». Así pues, esta especie de liminalidad en la que vive Lina es una de las constantes en toda la historia, la cual se manifiesta, por ejemplo, en la comunicación que mantiene con su hijo por medio de las pantallas de forma ocasional y en la distancia.

Un recurso muy interesante en la película son las ensoñaciones de Lina, las cuales me resultaron desconcertantes en un inicio, precisamente por lo poco que estamos acostumbradxs a ver cualquier retrato sobre migración lejos de los tonos tristes, trágicos y sombríos, de ahí que esa atmósfera llena de colorido y canciones andinas contribuyen a descolocar la mirada alrededor de la historia.  Entonces, en este mosaico de danzas, lenguas (incluye alguna canción en quechua) y problemas por resolver, Lina es narrada como una mujer con errores y aciertos, con deseos sexuales que sale de fiesta en sus noches libres, mientras se preocupa constantemente por enviar remesas a su casa materna y conseguir regalos para toda la familia. Una mujer que, pese al sufrimiento por la separación con su hijo, intenta seguir adelante, sobreviviendo en un entorno donde el racismo, la pobreza y los estereotipos atraviesan su cuerpo diariamente.

FOTO: shorturl.at/brzN2

Esta película habla sobre la Lina de Lima, la que ya no está ahí y quisiera estarlo, pero también sobre la Lina de Chile, la trabajadora del hogar y madre en la lejanía. Pero es por medio de esta dicotomía que, sin llegar a hacer una exhibición obscena de las dificultades que conlleva la migración, el filme pone sobre la mesa cómo las fronteras de todo tipo (económicas, raciales, sociales, de género) nos marcan y se intensifican una vez que dejamos nuestro país de nacimiento. Evidencia que las historias de estas mujeres tienen muy poco qué ver con el cliché de vulnerabilidad, porque para resistir a la migración se necesita fortaleza y valentía, además de mucho ingenio.

A medio camino entre el musical, la comedia y una ficción de problemáticas sociales, Lina de Lima indaga en una historia que ha sido y seguirá siendo contada mil veces más, sin embargo, ofrece una mirada distinta, lejos del discurso de la víctima eterna y del salvadorx blancx. De ahí que este tipo de narrativas se vuelven tan necesarias, porque nos permiten acercarnos a las personas que migran desde otras perspectivas no menos críticas, pero sí un poco menos estigmatizantes.

Tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=oKOONMxdO74

Foto principal: shorturl.at/lsFK5

 

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Lectora, migrante y estudiante de antropología en (de)construcción. Me interesan las narrativas diversas y los procesos culturales en resistencia. Lo literario también es político. Instagram: umbral.escritura

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