Tarta de frutas. Viajando con sabores en tiempos de pandemia

FOTO: Any Lane. En: www.pexels.com/
Publicado en: 2021-02-05

Los sabores tienen la magia de llevarnos a lugares lejanos sin movernos de la mesa, lugares donde hemos sido felices, donde hemos compartido con personas queridas, donde nos sentimos parte del territorio: el aroma de una fresa jugosa, calientita por el sol que le dio toda su dulzura, nos puede hacer recordar el abrazo de la abuela mientras cosechaban juntxs las fresas de su huerta; el sabor de un guiso de coco que acompaña el pescado, preparado con amorcito es capaz de llevarnos a la playa, respirar el aire salado que viene del mar; y una tarta de frutas puede recordarnos las risas de la familia, reunida una tarde alrededor de la mesa de los papás en la cual juegan los rayos de sol entre la tarta de albaricoque y la crema batida. La comida es una forma linda de viajar ahora en tiempos de pandemia, sin salir de la casa. La receta que les quiero compartir es fácil y el resultado siempre delicioso. Y lo mejor es que da para explorar toda la diversidad de frutas deliciosas de este territorio: pueden elegir su fruta favorita, probar una nueva y ponerse creativxs mezclando los sabores de diferentes frutas.

Esta receta es de la compañera de mi papá y no puede haber una reunión familiar o de amigxs sin esta tarta, siempre con la fruta de la temporada que a veces viene de la huerta de la casa. La base es una masa quebrada sin dulce que lleva encima la fruta fresca en tajadas cubierta con mermelada que le da todo el dulce. Si quieren que la tarta sea vegana pueden usar margarina en vez de mantequilla.

La preparación implica tres pasos antes de poder armar la tarta: primero, preparar la masa quebrada ya que necesita un tiempo de frío en la nevera, segundo preparar la mermelada con fruta y panela y por último alistar la fruta en la forma en la que la queramos usar, para colocarla encima de la masa.

La fruta de la mermelada puede ser la misma que va encima de la tarta, aunque algunas frutas sirven más para la cubierta y otras más para la mermelada. Por lo general busquemos para la “fruta principal” o la mezcla, frutas con una cáscara fina como la manzana, el durazno, la ciruela, la feijoa, la uchuva, el agraz etc. Para la mermelada, en cambio, podemos elegir una fruta que se deshace fácilmente o que sea más líquida como la curuba, el maracuyá, la gulupa, y el lulo, aunque también hay frutas que sirven para las dos cosas, como la ciruela, el agraz, la mora, la fresa etc. También se puede usar una mezcla de frutos rojos, en este caso se puede preparar toda la mezcla de una vez con la panela, no es necesario hacer la mermelada aparte.

¿Ya eligieron sus frutas? Puede ser un viaje al páramo con agraz, un paseo por Bogotá con feijoa, una caminata a la finca de la abuela con durazno o una tarta clásica con manzana. Todas las mezclas son válidas así que sigan su intuición y memoria de sabores, ¿a dónde quieren viajar? Si ya se decidieron estamos listxs para empezar.

Para la masa quebrada necesitamos:

  • 300 gr de harina de trigo
  • 150 gr mantequilla o margarina, fría
  • Un vaso pequeño de agua fría
  • Una pizca de sal
  • Azúcar (opcional)

Se mezcla la harina con la grasa, la sal y el azúcar (si queremos darle un toque dulce a la masa) y se va agregando el agua fría de a poquito, solo hasta el punto en que se deje amasar bien. Amasamos solo lo necesario para que los ingredientes se integren bien, formamos una bola y la colocamos en la nevera por una hora. Podemos envolverla en vinipel, o, más ecológico, ponerla en un recipiente con tapa.

Para la mermelada necesitamos:

  • Fruta: la cantidad necesaria para cubrir la fruta que va encima de la masa
  • Panela: la cantidad varía mucho dependiendo de la acidez de la fruta, entre más ácida más panela necesitamos, les recomiendo ir probando. Si sobra mermelada no pasa nada, se puede también disfrutar con galletas. También podemos usar azúcar en vez de panela. Por supuesto, si queremos ahorrar tiempo también podemos usar una mermelada ya lista.
  • Mezclamos la fruta, si es grande, picada, con la panela en una olla, y la ponemos a cocinar a fuego lento. El secreto de una buena mermelada es que no se adiciona agua, pero si se seca mucho, podemos agregar un poco agua. Cuando la mezcla espese podemos retirarla del fogón.

Fruta para la cubierta: lavar y cortar en láminas finas.

Ya después de estos pasos podemos pasar al armado la tarta. Sacamos la masa de la nevera, la extendemos sobre una superficie lisa cubierta con harina y la colocamos en un molde engrasado, dejando un bordecito que luego se va a poner crocante. Con un tenedor la perforamos un poco para que durante la cocción no se levante. Si la mezcla de frutas está muy húmeda o la mermelada ha quedado muy líquida, les recomiendo colocar una cucharada de avena en hojuelas sobre la masa, antes de poner la fruta. Ahora sí colocamos la fruta en círculo – o la forma que deseemos – encima de la masa y por último cubrimos todo con la mermelada. Recuerden que la mermelada le da el dulce así que tratemos de cubrir bien toda la fruta.

Colocamos la tarta al horno precalentado a 180 °C y la dejamos más o menos unos 35- 40 minutos. Como ningún horno es igual a otro les invito a estar pendientes del proceso de horneado para ver si la fruta se está quemando (se puede cubrir con papel aluminio para evitar que se queme), si hace falta dejarla más tiempo o sacarla antes. Cuando los bordes se despegan del molde y la masa obtiene un color doradito, la tarta está lista y se puede sacar.

Aunque el antojo sea grande es mejor dejar que se enfríe un poquito. Si desean pueden acompañarla con crema semimontada sin dulce, eso resalta el sabor y le da un toquecito especial. Ahora sí, ¡buen viaje y disfrúten mucho!

Foto:  ¡El resultado final!  De: Meike Lena

Foto principal tomada de: Any Lane. En: www.pexels.com

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Cocinera, montañera y amante de las plantas, dentro y fuera de la cocina; buscando construir encuentros culinarios-políticos entre mi territorio originario y este territorio que me acogió con amor entre sus montañas. Agradecida con la academia por traerme de vuelta a la tierra y las plantas, pero más feliz fuera de ella.

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