Los silencios en el archivo. María Antonia Ruiz, una mujer esclavizada que prendió fuego al ejército realista

FOTO: Alejandra Londoño
Publicado en: 2020-10-06

El archivo y la lectura de silencios

Volver la mirada al pasado, preguntarnos por lo sucedido y tratar de entender los tiempos que vivimos conectados a voces que nos anteceden, es inevitablemente un encuentro con los silencios, aquellos que pueden dialogar con las preguntas que nos hacemos en estos tiempos tantas veces inciertos y desesperanzadores, en los que las risas quedan suspendidas ante el horror que producen cotidianamente las dominaciones racistas y patriarcales ancladas al sistema económico capitalista.

Los silencios no son una fuente confiable para las historiografías dominantes, pero en mis preguntas como historiadora y desde el lugar de quien reconoce el valor político y vigente del pasado, los silencios son voces que hablan, un lugar en donde también se teje la historia. Los silencios son un amarre o el nudo que conecta los archivos escritos, los contextos en los cuales se escriben y las versiones de los “intérpretes” tanto en el pasado y en el presente. Un nudo que siempre nos deja intersticios en donde es posible encontrar las voces de quienes han sido silenciadas. Por esto, cada vez que me acerco a un archivo, y principalmente a uno de los archivos escritos, legitimados por la disciplina histórica para entender el pasado, lo hago sabiendo que no puedo leer nada de manera textual. Busco en los silencios y en ellos hago nido.

El primer encuentro con estos silencios fue quizás el día que decidí revisar las historias clínicas de lo que hoy es el Hospital Psiquiátrico de Antioquia, en aquel momento, Manicomio de Medellín. Buscaba a las mujeres. Buscaba entender cómo eran leídas por la psiquiatría a partir de lo que para el momento era interpretado como “locura”. Las buscaba a ellas, a sus voces. Sin embargo, rápidamente entendí, que me sucedería lo mismo que años atrás cuando me sumergí en los archivos de las disputas comuneras, principalmente negras/afrodescendientes, por el tabaco y el aguardiente en Antioquia. Ni en mi búsqueda inicial (levantamientos por la legalización del tabaco y el aguardiente), ni en las indagaciones en torno a la producción popular de la pólvora, ni más tarde en el archivo de historias clínicas del “Manicomio”, encontré de primera mano, las voces que esperaba encontrar.

No era el pueblo afroandino y campesino el que me narraba los por qué de las luchas para que no fuera legalizado el tabaco y el aguardiente, tampoco fueron las mujeres las que me hablaron de las razones por las cuáles fueron internadas, medicadas y muchas sometidas a tratamientos que más parecían torturas, no eran ellas, no eran ellos. Eran los silencios que en este caso se expresaban a través de la voz del médico, del policía, del cabildo, de la madre cansada de la hija desobediente o de la criolla que castigaba con encierro y con dictamen de “locura” la “rebeldía salvaje de la negra” que trabajaba en su casa. En cada una de estas búsquedas he entendido que los silencios son muchas veces el espacio en el que otros hablan sobre aquellas a las que buscamos para entenderlas en su tiempo y para entender los tiempos que vivimos.

María Antonia Ruiz, una rebelde abre caminos. A propósito de los silencios

Sabemos que María Antonia fue una mujer esclavizada de la entonces provincia del Cauca, que nació en 1762 en lo que hoy es Tuluá, Valle, en donde vivió hasta 1814, momento en el cual su hijo se alistó en las filas del general Nariño, justo en medio de las luchas por la independencia de la Nueva Granada. También sabemos que María Antonia ha sido representada por diferentes lentes historiográficos desde distintos lugares raciales, para algunos es una “mujer negra”, otros la nombran como una “mestiza”, para el sistema de castas de ese momento, era una “mulata esclava”. Las enunciaciones sobre el lugar racial ocupado por María Antonia no es un hecho azaroso, ni de menor importancia, por el contrario, nos está hablando de tensiones y preguntas, en este caso, asociadas a quienes interpretan el archivo.

Según el historiador Jorge Armando Russi, citado por Katherin Estacio[1], el hijo de María Antonia, Pedro José, fue fusilado frente a la alcaldía de Buga y esto llevó a que María Antonia se vengara enlistándose en el ejército independentista. Así mismo, en diferentes fuentes consultadas se dice que María Antonia creó un escuadrón integrado en su mayoría por mujeres esclavizadas y por algunos hombres que también lo eran. También se ha escrito sobre el episodio en el que María Antonia incendió el edificio en donde el ejército realista guardaba sus armas, hasta donde llegó montada en un caballo, atacó con fuego a los guardianes españoles quemando los establos y logrado así la derrota militar del ejército realista en este lugar. En este enfrentamiento, María Antonia y quienes estaban a su lado enfrentaron a los realistas en la batalla de San Juanito que fue fundamental para la independencia no solo de Buga sino de toda la provincia y por tanto fundamental para la Nueva Granada.

De María Antonia Ruiz, como de muchas mujeres que fueron esclavizadas en lo que hoy es Colombia, tenemos muy poca información. Quizás en cartas militares o en archivos judiciales podemos encontrar pistas importantes, ya que en estos reposan debates en los que es posible escuchar sus voces, sin embargo, no podemos perder de vista que estas voces también fueron interpretadas y transcritas y que durante el periodo de la independencia también existieron voces hegemónicas o que se han hegemonizado borrando otras historias, otras voces, otras luchas.

El archivo y sus intérpretes en el tiempo presente, nos permiten saber que María Antonia Ruiz existió, que fue una rebelde de su tiempo, que creó un escuadrón y que se enfrentó contra el ejército realista. Sabemos además, que el fusilamiento de su hijo es interpretado con el motivo de una venganza que la llevó a luchar por la independencia, sin embargo, allí, justo en esa afirmación y en el silencio que la circunda podríamos hacernos muchas más preguntas, por ejemplo, ¿Por qué como María Antonia tantas personas esclavizadas hicieron parte y lideraron luchas por la independencia? ¿Qué tensiones y negociaciones raciales estaban presentes allí ante un proyecto que se entendía como una posibilidad de liberación para todos y todas? ¿Qué pasó cuando la independencia se ganó con la promesa de abolir la esclavitud? O ¿María Antonia sólo estaría allí vengando la muerte de su hijo? ¿Quién era María Antonia y cuáles fueron sus conspiraciones para crear un escuadrón de gente dispuesta a luchar por la libertad? ¿Quién era esa “mujer mulata esclavizada” que con fuego en mano se enfrentó al ejército español? ¿Por qué estas historias de la gente negra han sido borradas del relato nacional colombiano? Y las preguntas podrían seguir.

Preguntar de este modo, para muchos historiadores es especulación y es peligroso porque compromete subjetivamente a quien escribe historias. ¿Pero acaso la Historia no es en sí misma una interpretación? ¿Cómo leer silencios sino haciendo preguntas desde este tiempo que habitamos y en el que se siguen produciendo y reproduciendo violencias racistas y patriarcales conectadas no solo con el tiempo de María Antonia sino con los modos en los que hoy puede ser narrada su historia?

Nos urge saber más de mujeres como María Antonia Ruiz y para ello no basta con lo explícitamente dicho. Es necesario que otras formas de archivos y memorias dialoguen con los archivos escritos, con cartas, con documentos judiciales, entre otros. Necesitamos crear imágenes contextuales del tiempo en el que son escritos estos archivos, identificar silencios, hacer preguntas, y especular aunque a los historiadores les salgan ronchas en la piel. Necesitamos saber más de ella, porque una mujer esclavizada que prende fuego al edificio de los realistas tiene mucho por decirnos hoy. Necesitamos saber más de ella porque eso que me dicen sobre su final feliz (después de la lucha por la independencia) esclavizada en una hacienda de Popayán y reconocida por el libertador que agradecía su acto heroico, no me habla de ningún final feliz, sino de una historia inconclusa. Buscar en lo dicho y en los silencios a María Antonia, a Jonás, a Matilda y a otras tantas mujeres que fueron sometidas a la esclavización no solo es un acto de justicia memorística o una acción feminista de “rescate” de las voces de las mujeres, es principalmente una necesidad por construir historias que nos permitan entender continuidades y rupturas sobre los modos en los que las violencias, racistas y patriarcales, en este caso, llegaron a ser parte de un “paisaje” casi incuestionable para muchas personas y en muchos sectores de lo que hoy es Colombia.

[1] https://www.radionacional.co/noticia/independencia-de-colombia/maria-antonia-ruiz-una-heroina-de-la-independencia

Foto principal: Alejandra Londoño

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La colonia dijo: mulata. Dicen mis raíces: afro-diaspórica. Me he decidido en piel y espíritu una indignada (activa permanente) contra las opresiones racistas, capitalistas y patriarcales. Dice mi Orí: responsable de nuestra historia, de situarme en ella y de hacer lo necesario y no sólo lo posible. En los códigos del occidente empapelado: una nacida en Colombia, historiadora y amante de la escritura situada. Y también integrante de Revista Marea.

2 Comments

  1. Hay muchos silencios por leer e historiografía ligada a la diáspora por remover en este valle del olvido. No será fácil poner en su justo lugar el papel jugado por la gente negra afrodescendiente en la construcción del mundo, pues implica trascender el trato economicista de la esclavización, donde el papel de las y los sometidos ha estado relegado a simple mercancía. Felicito a Felicito a la autora por tan valioso relato.

  2. Creadora infinita de imaginarios, que nos permite transportarnos a cuya historia pretendamos que olvidemos, mil gracias por este relato.

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