Reflexiones hartas de una marica-negra académica

FOTO: Artxman
Publicado en: 2019-10-28

El estallido de los discursos en contra de todo tipo de discriminación como lo son el feminismo, la lucha de clases, el antiracismo, el movimiento por la diversidad sexual y de género, entre otros, han permeado incluso los paradigmas académicos, y aunque ha habido un sinfín de disensos sobre la incursión de los conceptos que componen estos discursos dentro de la ciencia entre académicos y académicas activistas con otros académicos y académicas tradicionalistas, hay algo que no podemos negar y es la existencia de una estructura discursiva patriarcal y colonial que ha estado presente en la praxis científica, tanto como para las ciencias exactas y físicas como para las ciencias sociales y humanas. No solo en lo que a producción de conocimiento se refiere, sino del acceso a pertenecer a la academia, y en ese sentido, en ser parte de la intelectualidad. Como activista marica-negra que se ha colado en la academia, he podido evidenciar esto en primera persona. No se investiga sobre maricas-negras y no estamos en la académica tampoco.

Actualmente soy estudiante de dos ciencias sociales, la historia y la geografía, por lo que las narrativas sobre cuerpos disidentes, oscuros y maricones como el mío son tan pocas y abstractas que no existe la posibilidad en la cabeza de muchos de mis profesores y profesoras que alguien como yo esté en la universidad. Por ello, decidí enfocar mi activismo en la academia, para producir y reconocer los saberes que la experiencia interseccional me ha dado. Pero en ello, me encontré en mi pregrado de historia, que las herramientas teórico-metodológicas que debo usar no permiten la aplicación de conceptos como racismo, diversidad o cualquier otro que aluda a la discriminación, pues sería anacrónico utilizar estas categorías de análisis en la historiografía ya que bajo estos términos no se constituían las sociedades de los siglos coloniales según la ciencia occidental, por lo que los estudios relacionados con temas raciales, étnicos, de género o de diversidad sexual en el relato historiográfico, queda reducido a la descripción, pocas veces profunda, sobre las dinámicas socioculturales, políticas y económicas relacionadas con estos temas, sin cuestionar las dinámicas de poder colonial que legitiman la discriminación a mí y a mis homólogxs hoy en día. En otras palabras, investigar(me) resultaba anacrónico para la ciencia occidental y eso es aparentemente diabólico porque rompe con la objetividad que tanto proclama la academia.

Independientemente de que estos discursos posmodernos de antidiscriminación sean considerados como posturas “radicales” y por tanto poco objetivas (el cual es el fin último de la ciencia), hay que reconocer que estos han propiciado una gama de herramientas metodológicas y teóricas que, han permitido una reinterpretación de las ciencias sociales que son producidas en el contexto latinoamericano. Sin embargo, cuando hablamos de la historia como ciencia, ¿Qué tan apropiada puede ser la aplicabilidad de los conceptos “posmodernos” (género, feminismo, raza, clase, sexualidad…) en el relato historiográfico sin recaer en el anacronismo? Y en ese sentido, ¿cuál sería el papel de la historia en este momento histórico en donde se exigen paradigmas teórico-conceptuales que permitan reconocer eso otro que ha sido “invisibilizado y subordinado” por una forma colonial y patriarcal, heterosexual y racista de construir el relato historiográfico?

Estos nuevos cuestionamientos en las ciencias sociales tienen su génesis en el hecho de que las personas que nunca hemos tenido el privilegio de poder estar en la academia al fin estamos llegando, pero según los argumentos de lxs historiadorxs y cientistas sociales, se podría desdibujar esa objetividad que se quiere alcanzar y que además legitima a la historia como ciencia. Pero, ¿la aplicabilidad de estos conceptos implica que no se pueda hacer una historia que de un reconocimiento fuera de la reduccionista descripción a estas Otras formas contrahegemónicas de ser, estar y vivir el cuerpo? Afortunadamente la respuesta es no. Considero que la verdadera praxis decolonial se encuentra en la capacidad de subvertir estas metodologías, y actualmente estoy leyendo dos libros escritos por mujeres negras que dan cuenta de la posibilidad de poder contarnos desde nuestro lugar, desde nuestras voces, sin reforzar ideas arcaicas en donde se ve a la esclavitud como una simple actividad económica, o donde el rechazo a la diversidad sexual por parte de la inquisición se entiende como una simple práctica moral, sino que nos permita conocer la historia desde este lado. Esos libros son: Demando mi libertad: Mujeres negras y sus estrategias de resistencia en la Nueva Granada, Venezuela y Cuba, 1700-1800 (Aurora Vergara y Carmen Luz Cosme [editoras], 2018) y el de Aportes a un feminismo negro decolonial – Insurgencias epistémicas de mujeres negras-afrocolombianas Tejidas con retazos de memorias (Betty Ruth Lozano, 2019), dos libros que demuestran como se pueden realizar inflexiones entre distintos conocimientos sin perder la objetividad ni la crítica que demanda tanto la academia como los distintos movimientos sociales. Estos libros me han inspirado a escribir sobre las maricas-negras, quienes necesitamos desesperadamente un lugar para contarnos, para narrarnos, necesitamos la oportunidad de demostrar que la academia también puede ser nuestro lugar.

Foto principal: Manzel Bowman. Tomada de: https://www.instagram.com/artxman/

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Estudiante de geografía de la Universidad del Valle (Cali, Colombia) y también de Historia de la misma universidad. Investigador social y activista afro y LGBTIQ+ que hace parte de la fundación SOMOS IDENTIDAD que lucha por las diversidades sociales y sexuales de las comunidades negras y afrocolombianas.

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