La maternidad puede ser política

FOTO: Alejandra Ciro
Publicado en: 2019-07-10

Hace dos meses mi hija de tres años entró por primera vez al jardín infantil, después de estar bajo mi cuidado permanente desde su nacimiento y como todo hito en su crianza, me despertó una vez más la necesidad de pensar y discutir lo que estábamos viviendo.

Escogí ser madre hace cuatro años y a partir de ahí mi listado de cuestionamientos vitales se desdobló. Mi maternidad ha sido privilegiada, así como pude escoger ser madre, he podido escoger muchos de los asuntos relacionados con el embarazo y la crianza que la mayor parte de las madres no puede escoger.

Después de pagar un seguro médico muy costoso, viví el embarazo con la confianza de tener una buena atención médica, como solo unas pocas madres y bebés en Colombia pueden tenerla. Eso no evitó, sin embargo, que el día del parto me obligaran a estar acostada en una camilla, sin poder moverme con tranquilidad para tramitar lo que mi cuerpo estaba sintiendo, con la sola presencia eventual de una enfermera o de una médica practicante que solo venían a palparme y que no tenían ningún gesto o palabra de empatía frente a lo que estaba sintiendo, con calor, con sed, sin poder consumir ni agua, en un estrecho cubículo rodeado por muchas en situación similar. Tanto así, que yo, que venía mentalmente preparada para evitar la epidural, que había leído mil cosas sobre por qué no usarla, terminé pidiéndola y casi rogándola a una enfermera que solo decía “todavía no ha dilatado lo suficiente”. A partir de eso solo me sentí como una completa incapaz y terminé delegándole a los médicos todo mi trabajo de parto, todo con tal de salir de ese lugar, del dolor y la angustia.

El parto por supuesto no transcurrió bien, incapaz de pujar, adormecida totalmente por la epidural, los médicos usaron forceps y presionaron mi vientre para que naciera Xué. Y yo estaba tan en shock, y tan feliz de ver a Xué conmigo, que hasta les agradecí todo lo que habían hecho ante mi aparente ineptitud para tener un bebé. No sé todavía si el médico salvó a Xué o no, según sus palabras mi pelvis era muy pequeña, no sé si hubiese nacido sin intervención médica en otras circunstancias, pero el recuerdo del calor, la sed, la angustia y la soledad acostada en esa camilla me hace pensar que, de todas formas, mi cuerpo fue despojado de su capacidad de asumir lo que podía estar en capacidad de asumir. Y esto es un parto bajo seguro médico privado en una clínica especializada en la salud de la mujer. Por el uso de forceps, Xué tuvo una hemorragia interna y estuvo cuatro días en cuidados intensivos neonatales bajo observación de un cirujano neuropediatra, con tacs y resonancias, tratando de identificar si tenía una lesión cerebral. Con mi pareja, padres primerizos, solo atinábamos a ver lo que sucedía como en shock, escuchando preguntas del tipo “ven a la bebé irritable?” -cómo sabe un padre primerizo si una bebé recién nacida está “irritable”?-.

Después de eso vivimos un postparto en el que la depresión, la falta de sueño y la inexperiencia se mezcló con la angustia por los controles médicos, más resonancias que implicaban dejar a Xué, recién nacida, sin dormir y sin comer, y sobre todo saber que nuestra situación no era nada ante los padres y madres, la mayor parte de extracción popular, que también acudían con sus hijos al Instituto Roosvelt y que se encontraban solos lidiando con una condición médica especial. Solos, porque la atención médica en estos casos no está en la agenda y se ha dejado como un asunto más de caridad que de política pública.

Xué siguió con controles hasta los dos años y es una niña sana y feliz, y ya casi nunca me acuerdo de ese tema. Sin embargo, una de las reflexiones que me quedaron de ese episodio fue que la ciencia debe seguir avanzando y entre sus avances debería estar acoger una sensibilidad diferente frente al parto y reconocer que es nuestro cuerpo el que sabe cómo parir y que la ciencia solo debe estar ahí en caso de una emergencia médica.

Ya en casa, entre otras decisiones que pude tomar, pude decidir si lactaba o no, y si esta lactancia iba a ser exclusiva o no en los primeros seis meses. Porque por absurdo que parezca, las madres en Colombia generalmente no pueden decidir si amamantan o no a sus crías. Lactar es difícil en el contexto socio-económico actual, no depende solo de tener la intensión, implica que uno esté con el bebé, en el caso de la lactancia exclusiva, de forma permanente, por lo tanto implica que otra persona vele por el bienestar de la madre. En Colombia decidir cómo alimentar a un bebé no es natural, es un privilegio. En el país, como ejemplo, la licencia de maternidad era de 14 semanas hasta el 2017 y se extendió a 18, solamente un mes más, por un proyecto de un partido de ultraderecha como el Centro Democrático. ¿Dónde quedamos entonces las mujeres frente al debate público sobre la maternidad? ¿Debe ser un partido de derecha el que lidere la agenda sobre maternidad?

Después de estar seis meses lactando de forma exclusiva, quise seguir viviendo la cotidianidad con mi hija. Sentí muchas veces la presión, autoimpuesta, de buscar trabajo, de retomar mis proyectos personales, y solo me generaba estrés, pues pasaba el día cuidando a Xué y la noche estudiando para exámenes, reactivando proyectos, sin energía para disfrutar ese momento de mi vida. Tuve que hacer conciencia de que estar con mi hija, que era lo que quería hacer, estaba bien, que todo tenía su tiempo, que yo era la dueña de mi vida y no la búsqueda de un “éxito profesional” que quería solo por sentir que estaba haciendo algo. En ese momento entré en discusión con muchos de los debates que se han desarrollado en el marco de la lucha feminista, para mí la maternidad no era una carga, era algo que quería para mi vida y que me estaba nutriendo como ser. Extrañé en ese momento más miradas desde una maternidad feminista.

Las mujeres hemos tenido que librar muchas batallas, algunas se han ganado y otras siguen pendientes, pero el debate sobre la maternidad ha quedado relegado debido al papel que tuvo históricamente como institución de opresión. Algunas de nuestras abuelas tuvieron una maternidad impuesta, que operaba como una forma de dominación. Muchas madres rebeldes, lucharon por romper ese confinamiento pero en el camino debieron desapegarse de sus hijos, en una época en que los comerciales de leche artificial acaparaban las pantallas de televisión, salir a trabajar, regresar a casa a lavar, cocinar y hasta a hacer tareas de colegio. Ser mujeres multitareas era la opción para las que tenían hijos y querían hacer una vida por fuera de la casa.

Si las mujeres hemos luchado por algo es por poder decidir sobre nuestra vida, y nuestra decisión no debe ser la de o confinarnos al hogar o ser multitareas y explotar en el intento. Una mujer debe poder ser libre en la maternidad. Mis retos no son nada frente a los retos de la mayoría de mujeres en Colombia, que ni siquiera pueden decidir si ser madres o no. Sin embargo, aunque yo esté en el privilegio, lo cierto es que estos tres años de dedicación a mi hija no suman en mi hoja de vida y que hoy en día mi pareja, que empezó la aventura de la paternidad en las mismas condiciones profesionales que yo, puede aspirar a un mejor salario hoy en día.

¿No debe ser la maternidad una agenda por la que hay que luchar? Como lo recuerda la socióloga Esther Vivas, lo personal es político, ergo la maternidad es política, ¿cómo es posible que unas prácticas tan esenciales para la reproducción humana como son gestar, parir y amamantar sean profundamente ignoradas?, ¿cómo es que pensar cómo criar a los seres humanos que vienen a construir sociedad no haga parte de una discusión pública?, ¿cómo es que las mujeres, que los gestamos, parimos y lactamos, no tenemos una voz más fuerte al respecto?. Porque esto no se trata solo de nosotras, como toda lucha feminista, no se trata solo de una reivindicación para las mujeres, o para los niños, es una reivindicación para la humanidad.

Foto principal: “Al lado del mar” por Alejandra Ciro

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Historiadora, estudiante de doctorado en la Universidad Libre de Berlín, interesada en el estudio del poder político en los territorios. Amante de la ilustración, la fotografía de aves y mamá.

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