Del feminicidio íntimo al feminicidio ejercido por estructuras criminales mafiosas. El caso de Medellín

Foto: "Paren la guerra contra las mujeres". Acción #soyfeministadebarrio, Medellín, Red Feminista Antimilitarista
Publicado en: 2019-06-24

Cuando se hace referencia al patriarcado como un sistema de opresión inserto dentro de la estructura económica, cultural, social y religiosa de una determinada sociedad, también es necesario relacionarlo con el modelo económico en el que se encuentra dicha sociedad. En el caso de Medellín, una economía de tipo neoliberal transformó la ciudad textilera en una ciudad de servicios y reconfiguró su economía a partir de la potenciación de una ciudad innovadora, turística, donde todo se vende. Su dinámica económica terminó en manos de la criminalidad mafiosa existente desde 1980, convirtiendo a las mujeres (incluídas las niñas) en objeto de comercio sexual. Tal ha sido su expansión que hoy es el causante de un porcentaje alto de feminicidios: sólo para los meses de enero – abril del año 2019 es responsable del 40% de los feminicidios de la ciudad.[1]

Desde hace seis años, bajo esta comprensión, la Red Feminista Antimilitarista[2] ha venido produciendo conocimiento sobre la Violencia Feminicida, entendida como la cadena de acciones violentas cotidianas que produce la permanencia del patriarcado en la vida de las mujeres, especialmente de aquellas que se encuentran por fuera de los privilegios de clase que produce el capitalismo en sus expresión neoliberal; y de los Feminicidios como toda muerte de mujer que, por su condición de género y por el contexto de militarización donde habita, es asesinada.

Este análisis asume la expansión de la Criminalidad Mafiosa como un elemento detonador del aumento de feminicidios y de la exacerbación de la violencia hacia las mujeres en territorios controlados por éstos. Criminalidad que ha construido un poder paralelo en la esfera social, económica y cultural desde el control de barrios empobrecidos hasta la potenciación de las economías especulativas en el campo financiero y turístico de una ciudad como Medellin.

En este artículo se abordan algunos hallazgos sobre la Violencia Feminicida como la última expresión de violencia hacia las mujeres. Los feminicidios en un contexto de criminalidad mafiosa y neoliberal, donde unas determinadas mujeres son las asesinadas y son los casos que quedan en la más completa impunidad.

Del feminicidio íntimo al feminicidio sicarial

Una clasificación muy utilizada para afirmar que un asesinato de mujer es feminicidio se establece partir de la relación afectiva, familiar o cercana con un hombre. Es lo que se  nombra como Feminicidio Íntimo. Esta categoría alude a uno de los problemas planteados por la teoría y acción feminista, en cuanto a sacar las violencias contra las mujeres del ámbito de lo privado, porque de nuevo los observatorios y las académicas entran en un terreno movedizo cuando se pone el lente investigativo solamente sobre este terreno, pues implícitamente se da entender que el patriarcado opera solamente o de manera más visible en la estructura familiar.

Esta relación reduce en nuestra consideración el fenómeno del feminicidio a un asunto del amor, por tanto, algo privado, en el que el Estado interviene cuando se comete el delito. Durante la continuidad de la violencia feminicida, las mujeres padecen las respuestas institucionales desde un enfoque familiarista, donde un golpe, un grito, una amenaza producida por hombres con quienes establecen relaciones sentimentales termina en conciliaciones o en llamados de atención que no persuaden al agresor de desistir de su violencia.

En esta visión, el feminicidio íntimo es el más fácil de determinar y es allí donde se ha centrado la mayor parte de análisis o trabajos académicos, descartando la comprensión del patriarcado como un sistema que opera sin descanso en todas las estructuras de la sociedad. Por tanto, cuando una mujer es asesinada en una calle, en un callejón, en medio de un enfrentamiento armado, o cuando está acompañada de hombres en armas y es asesinada por reflejo, ¿por qué no es considerado un feminicidio? ¿Acaso es posible determinar que la condición de género en ciertos contextos no opera? ¿Acaso se deja de ser mujer en la calle, en las universidades, incluso dentro de las mismas bandas criminales?

El Feminicidio no intimo está planteado como aquel que ocurre en el ámbito público y donde el victimario no tiene una relación definida con la víctima. Esta tipología  feminicida sólo se clasifica así cuando los móviles del asesinato coinciden con un posible asesino serial, un violador en serie, el resto de asesinatos de mujeres se dejan por fuera de esta clasificación. Esta tipología lo que produce es una disminución de registros de feminicidios, precisamente porque de nuevo nos encontramos con una definición que, para el comportamiento de la violencia hacia las mujeres en Colombia, queda corta.

Es bajo esta lógica donde la condición de género supuestamente desaparece y así se descartan los feminicidios de mujeres en contextos de militarización, en enfrentamientos, en retaliaciones de la mafia hacia mujeres, que según la policía y la opinión en general afirman “pueden estar involucradas con la criminalidad”. No obstante, no se investigan las historias de estas mujeres, su condición y posición en la relación con la supuesta criminalidad.

Este concepto reducido se convierte en una limitante para comprender la dinámica de una ciudad como Medellín, donde la expansión mafiosa que comenzó en una primera etapa con el cartel de Medellin, luego se reconfigura en una criminalidad organizada, con ejército privado a través de La Oficina, que se traduce en una criminalidad mafiosa estructurada para controlar negocios y rentas.

Esta expansión mafiosa para efectos de este artículo la abordaremos desde tres elementos que nos permiten sustentar la responsabilidad de la criminalidad en la ejecución de feminicidios en  la ciudad: la división sexual del trabajo de hombres y mujeres en territorios militarizados, el sicariato como una modalidad de ejecución de los feminicidios y la economía criminal.

  • La división sexual del trabajo bajo el control criminal: esta división del trabajo se ha impuesto con mayor impacto desde que la criminalidad mafiosa se apropió de los negocios nocturnos y promovió con mayor fuerza el comercio y explotación sexual, lo que se tradujo una ampliación de sus rentas. Las mujeres pasan de ser un objeto de la guerra en contextos de confrontación a convertirse en una mercancía con valor de uso y de cambio en la economía criminal. Es así como mujeres jóvenes, trabajadoras sexuales y niñas hoy están al centro del interés de explotación de la criminalidad y por ende bajo su control. Por ejemplo, las madres que se niegan a entregar a sus niñas para ser explotadas por hombres extranjeros y pedófilos, pueden ser asesinadas por rehusarse a comerciar a sus hijas, a la vez, hay madres que han sido acusadas de vender sus hijas por representar éstas una entrada de dinero que mejora la economía familiar.

Las trabajadoras sexuales por su lado que han intentado independizarse del negocio sexual por fuera de la extorsión, que deben pagarle a hombres en armas por habitar la calle o por estar bajo su protección, han sido asesinadas. Estos asesinatos de mujeres madres, trabajadoras sexuales, mujeres en relaciones de pareja con hombres en armas,  han sido asesinadas por sicarios que, en muchas ocasiones, aparecen en estadísticas como victimario desconocido, descartando que quienes son los principales sospechosos de estos feminicidios son las estructuras criminales.

  • El sicariato una modalidad de la ejecución de feminicidios: En el registro de prensa y el cubrimiento que medios amarillistas le dan a los asesinatos, aparece muy frecuentemente que las mujeres son baleadas en vías públicas, lo que hace inmediatamente referencia a que podrían tener problemas con la criminalidad o con ajuste de cuentas, que no necesariamente corresponde a su condición de género. Como nos hemos referido al inicio de este artículo, este tipo de afirmaciones son producto de la conceptualización tan reducida con la que se clasifican aún los feminicidios en Colombia de mayor impunidad en los casos por sicariato, porque éstos no se asocian con la criminalidad organizada, sus negocios de comercio sexual o el ajusticiamiento de mujeres. Solo para hacer una referencia, durante el periodo enero – 15 de Abril del presente año, en Medellín fueron asesinadas 2 mujeres bajo la modalidad de sicariato y 4 más por bandas al servicio de la criminalidad mafiosa, que nos da un 40% de los feminicidios ejecutados en Medellín bajo esta modalidad.

Esta ejecución por parte de sicarios, es decir, hombres en armas que hacen trabajos por encargo, no es posible verla por fuera de la economía criminal mafiosa, porque es bajo el control de ésta que se mueven los sicarios en la ciudad de Medellin. Y estos asesinatos de mujeres no pueden quedar por fuera, sin tipificarlos y denunciarlos como feminicidios.

  • La economía criminal y los feminicidios: La expansión criminal después de la desmovilización del Cacique Nutibara (30 de noviembre del 2003) permeó la economía local y barrial en la medida que éstos terminaron resolviendo problemas cotidianos de aplicación de justicia y de resolución de problemas económicos. Crearon el sistema de usura del paga diario, donde hombres y mujeres comenzaron a endeudarse a un interés del 20%. En este sistema, la efectividad de cobro se garantiza por la amenaza a la vida y a las familias en caso de no pagar. Así es como un número significativo de mujeres mayores de 35 años acuden a estos paga diarios para cubrir deudas, producto de los gastos que deja el peso de cuidar una familia o mantener un hogar: pagar los servicios públicos, la operación de un hijo, el arriendo, la matrícula en la universidad de un hijo, entre otras. Estas mujeres que se endeudan, no para un lujo personal sino como la extensión del trabajo reproductivo, terminan amenazadas o, en el peor de los casos, asesinadas porque la deuda se hace impagable.

En esta vía de análisis, mafias, criminalidad, armas de fuego y sicariato hacen de la ciudad de Medellín una ciudad insegura para niñas y jóvenes, en la medida que, bajo este orden criminal, se ha exacerbado el patriarcado y por tanto la violencia hacia las mujeres, no sólo representada en el machismo en relaciones de pareja, sino en una sociedad que, sin darse cuenta, acepta el mandado capitalista donde las mujeres son una mercancía de la criminalidad y de los negocios neoliberales disfrazados de turismo y de innovación.

Como lo hemos expresado es fundamental ampliar el concepto de feminicidio para lograr comprender el fenómeno de la criminalidad mafiosa en la vida de las mujeres. Sin esta comprensión, los asesinatos de mujeres por sicarios y por bandas mafiosas quedarán por fuera de una acción institucional dirigida directamente a salvar la vida de las mujeres y niñas amenazas por este poder paralelo al Estado.

 

[1] Datos procesados por el Sistema de información del Observatorio de Feminicidios de la red feminista antimilitarista

[2] La red feminista antimilitarista, es una organización feminista ubicada en la ciudad de Medellín, conformada por 18 feministas y lesbianas feministas que, desde la investigación, la comunicación y la acción movilizadora, denuncia y actúa sobre la violencia patriarcal y feminicida. Actualmente, desde el proyecto “Observatorio de feminicidios Colombia” realiza un análisis y seguimiento a los casos de feminicidios y tentativas de feminicidios registrados desde 32 medios de prensa digitales regionales y dos nacionales.

Este artículo  es un primer avance de la investigación Paren La Guerra Contra Las Mujeres, que se publicará en el mes de septiembre del 2019. El objetivo es presentar los análisis, hallazgos y retos que la red feminista antimilitarista ha venido recopilando desde el 2012, año en que se dedica con mayor profundidad a la problemática de la violencia feminicida. Para mayor información consultar nuestra página: www.observatoriofeminicidioscolombia.org o http://www.redfeministaantimilitarista.org/

 

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La red feminista antimilitarista, es una organización feminista ubicada en la ciudad de Medellín, conformada por 18 feministas y lesbianas feministas que, desde la investigación, la comunicación y la acción movilizadora, denuncia y actúa sobre la violencia patriarcal y feminicida. Actualmente, desde el proyecto “Observatorio de feminicidios Colombia” realiza un análisis y seguimiento a los casos de feminicidios y tentativas de feminicidios registrados desde 32 medios de prensa digitales regionales y dos nacionales

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