Una ola negra en la Marea

FOTO: Glenda Joanna Wetherborn.
Publicado en: 2019-05-23

Me pareció fantástica la invitación a escribir en esta edición de la Revista Marea. ¡Enhorabuena por este primero de los muchos años que espero alcancen. Pues es un esfuerzo colectivo y emancipador que felicito y que personalmente me emociona por su política editorial posicionada contra lo que algunas han denominado despojo epistémico y que por tanto busca experiencias narradas en primera persona, que partan desde los lugares de enunciación (actuales o históricos) de las autoras.

Como dijo Mary Wollstonecraft en “El último hombre” (1826): “¡Qué otra cosa sino un mar es la marea de pasión cuyas fuentes se hallan en nuestra propia naturaleza!”

Mi lugar de enunciación

Tomando como referencia el conocimiento y análisis situado desarrollado conceptual y epistemológicamente por Donna Haraway en “Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza” (1991); en este escrito integro algunas experiencias, comprensiones, alcances y expectativas de cara a los procesos e implicaciones de reconocimiento y participación activa de la población afrodescendiente y particularmente, de las mujeres afrodescendientes.

Soy una mujer afroguatemalteca creole o de ascendencia jamaiquina, feminista negra, académica, comunicadora y activista. En mi país Guatemala, existimos afrodescendientes, garífunas, creole, afromestizas, afroguatemaltecas, tenemos el derecho a autoidentificarnos, a autonombrarnos con éstas y otras denominaciones que han emergido. Defendemos nuestras culturas e identidades con mucho orgullo.

En una reivindicación metodológica y política, redacto en primera persona y desde un enfoque afrocentrista, que si bien no excluye las miradas, interpretaciones de la realidad y aportes de otras identidades, prioriza las de las mujeres negras y afrodescendientes. Es parte del reconocimiento de que no somos una masa homogénea, pero sí tenemos puntos comunes para articular una lucha política internacional y global contra el sexismo y el racismo. No como una posición excluyente hacia otras mujeres, sino para aplicar la perspectiva de género desde la dimensión intercultural de la afrodescendencia y su relación con el acceso y la gestión del desarrollo como eje central.

La negritud y la afrodescendencia se asumen como una identidad histórica, cultural, social, simbólica y particularmente política, porque reivindican no sólo la presencia, sino los múltiples aportes e influencias en América Latina y El Caribe. Soy afrocentrista. Significa que hablo desde mi experiencia y el conocimiento heredado e indagado de la sabiduría, oralidad y experiencias de vida de mis antepasadas/os y ancestras/os. Lo cual no me hace desconocer las otras vivencias, voces y experiencias, simplemente no me diluyo en ellas al enmarcar la construcción y acción política de resistencia, resiliencia y transformación social.

Sabemos que nuestra historia y nuestros aportes en los distintos ámbitos, han sido negados, invisibilizados y mal contados en la sociedad. Por ello, insistimos en la importancia de recordar y reconocer los aportes que hacemos al país, cultural, social, económica y políticamente.

Tenemos largo rato cuestionando y criticando las jerarquías sociales que se basan en el color de la piel, que significan roles impuestos por la sociedad hacia las personas de color de piel oscuro, personas negras, garífunas y afrodescendientes. Por eso buscamos incidir para que se implementen medidas para eliminar y sancionar el lenguaje discriminatorio y los elementos simbólicos que ridiculizan, humillan, estereotipan y agreden a las mujeres de las culturas garífuna y afroguatemaltecas, tanto en espacios públicos y privados como en los medios de comunicación en general.

Desde las responsabilidades que asumimos en las familias, en el hogar, en las comunidades, espacios organizativos y desde los distintos roles sociales que asumimos, demostramos diariamente nuestra lucha contra los estereotipos y prejuicios. Contribuimos al entendimiento de que NO provenimos de esclavas/os. Somos descendientes de PERSONAS que fueron esclavizadas. Nuestras/os ancestras/os se resistieron SIEMPRE al régimen esclavista y lucharon por su liberación.

Por ello en nuestras prácticas, ceremonias y actividades, recordamos, reconocemos, nombramos y honramos los aportes de cada una y cada uno de nuestras/os ancestras/os. Aun cuando la mayoría jamás pasó por salones de aulas ni educación superior, sus enseñanzas de vida y experiencias motivan y dan fuerza a nuestro accionar.

Hacemos énfasis en que la Afrodescendencia y la identidad no se limitan únicamente al color de la piel o rasgos físicos. Involucra elementos históricos, culturales y ancestrales que marcan nuestro diario vivir, nuestras cosmovisiones, espiritualidad, formas de concebir y habitar el mundo, así como nuestra comprensión de la vida y la muerte. Luchamos cotidianamente por la preservación de la cultura y los valores ancestrales. Las mujeres garífunas y afroguatemaltecas no queremos ser reducidas a lo exótico o folklórico. Somos personas completas, con talentos y capacidades que aportamos diariamente al desarrollo del país.

Nuestros bailes, ritmos, costumbres y tradiciones son más que folklore. Son piezas de historia que dan cuenta de nuestra resiliencia, sobrevivencia y defensa de la libertad de nuestros cuerpos y territorios. Además, contribuimos al desarrollo de la economía, del turismo, del deporte, de las artes y de las ciencias. Estamos presentes en el trabajo formal y en el informal.

Con todo y los desafíos y obstáculos para nuestra participación política y protagonismo, continuamos conquistando estamos en puestos y cargos de toma de decisiones y creando el cambio que queremos ver en la sociedad desde espacios organizativos y comunitarios.

FOTO: Glenda Joanna Wetherborn

Contra la violencia y la injusticia epistémica

Yo tengo como apuesta personal, feminizar los espacios y ennegrecer los feminismos y movimientos sociales en los que participo y aporto. Quienes también han asumido este desafío no me dejarán mentir: no es fácil. Significa tener que ser más crítica de lo normal, identificar esas ausencias en la representación y en el nombramiento y además, señalar y cuestionar los prejuicios racistas, coloniales y sexistas tan instalados en la cotidianidad. Caemos mal al no quedarnos calladas frente a las opresiones menos visibilizadas históricamente.

Es lo que se conoce como Violencia epistémica, la cual constituye en una forma de ejercer poder simbólico. La violencia epistémica es un concepto que Belausteguigoitia toma de Gayatri Spivak, del artículo: Can the subaltern speak? (1988), y que consiste en: “la alteración, negación y en casos extremos como las colonizaciones, extinción de los significados de la vida cotidiana, jurídica y simbólica de individuos y grupos.” Estas formas de ninguneo, alteración de una experiencia o ausencia de mediación, traen como consecuencia silencios.[1]

La violencia epistémica es una forma de invisibilizar al otro, expropiándolo de su posibilidad de representación: “La violencia se relaciona con la enmienda, la edición, el borrón y hasta el anulamiento tanto de los sistemas de simbolización, subjetivación y representación que el otro tiene de sí mismo, como de las formas concretas de representación y registro, memoria de su experiencia (…). La violencia epistémica se relaciona con la pregunta hecha por Edward Said “¿Quién tiene permiso de narrar?”.[2]

Existe una deuda histórica en términos del reconocimiento y oposición a las opresiones invisibilizadas, como aquellas con origen racial. Por eso, decididamente proclamamos y demandamos justicia epistémica.

Montserrat Aguilar Ayala escribió para *Afroféminas, un artículo titulado “Justicia epistémica”, en el que afirma que “ya van cientos y cientos de años que la humanidad dentro de su imaginario colectivo moldea lo que debe ser o no conocimiento, específicamente aquí, en el Abya Yala, territorio aparentemente salvaje antes de ser colonizado, los sujetos opresores han cometido millones de injusticias que van desde la violencia física como lo fue y lo es la esclavitud hasta la mutilación del pensamiento.”

Montserrat también plantea: “La violencia colonizadora prioriza una epistemología que subestima la oralidad.  Lo que no está escrito no cuenta, se invisibiliza y se ignora.  El testimonio y la memoria son las formas más importantes de hacer justicia, por eso al sistema no le interesa dar estos espacios, a parte de que también paulatinamente esas voces harían que muchas situaciones se desmantelaran (…). por eso es tan importante luchar por mantener todas las formas de producir conocimiento, por eso es tan importante que nuestra voz, testimonio y memoria resuene, ¡hagamos justicia epistémica!”.

Como dice Toni Morrison, escritora afroamericana: “No hay que tener miedo de mirar al pasado porque sólo así se sabe quiénes somos. Si no se reconoce el propio pasado ¿De dónde se van a sacar los valores?”.

FOTO: Glenda Joanna Wetherborn. Encuentro de mujeres afrocentroamericanas. realizado en Guatemala por el 25 de Julio 2018, día de las mujeres Afro.

Los feminismos negros y afrofeminismos en el contexto de racismo contemporáneo

Cabe anotar que existen generaciones de pensadoras, activistas y lideresas negras en todo el mundo que han tejido pensamientos feministas que definen sus opresiones y emancipaciones, diseñando estrategias políticas transformadoras, que critican abiertamente al feminismo hegemónico por despojar de su propia historia a los otros feminismos.

El Feminismo negro es una corriente de pensamiento que teoriza  intelectual y políticamente las interpretaciones de la realidad y las relaciones de poder, desde la mirada, experiencia y epistemología de las mujeres negras, africanas, afrodescendientes, afroamericanas, afrolatinas, afrocaribeñas. Tantas o más como identidades y formas de autoidentificación existentes.

Comparte con el afrofeminismo y el feminismo decolonial la reconfiguración del paradigma de desarrollo humano, al identificar cómo las jerarquías sociales heredadas de los regímenes esclavistas y procesos de colonización de hace medio siglo, continúan determinando jerarquías sociales basadas en la idea de raza y de castas humanas, en la pigmentocracia y en estereotipos y prejuicios que inferiorizan la humanidad y la femineidad de las personas de raíces africanas, indígenas y mestizas.

La palabra raza aparecerá entrecomillada, porque como categoría humana no existe. El género humano es uno solo, sin divisiones. No obstante, el racismo es una construcción simbólica, social, cultural y fundamentalmente política, basada en supremacías fenotípicas, que establecen una clasificación racial desde “lo blanco”. En consecuencia, todo lo “no blanco” ocupa posiciones desventajosas para su desarrollo y la garantía de sus derechos humanos.

La incorporación del pensamiento, las experiencias y las acciones políticas de mujeres negras que dieron contenido al feminismo negro, sigue siendo un aporte para los feminismos y los movimientos de mujeres, así como para las organizaciones sociales, porque contribuye a develar el racismo en las relaciones intragénero, y el sexismo/machismo de las mujeres negras en relación con los hombres de sus familias y comunidades.

No hace hace mucho tiempo, un amigo me hizo una pregunta que he respondido otras veces desde distintos espacios, Me dijo: “Joa, me gustaría saber tu opinión sobre la crítica por racismo que ha tenido el hashtag #MiércolesNegro en el marco de la acción #NiUnaMenos?”.

Mi respuesta: La verdad, desde hace ya bastante rato al menos las afro hemos hecho esa crítica y no acuñamos ni adherimos los días como “miércoles negro” o “día x negro”, sino como día x “DE LUTO”, porque eso es lo que es. Precísamente porque estamos hartas de la constante vinculación que se hace entre “lo negro” (que se arrastra también hacia a las personas de piel oscura) y lo negativo.

Pero sólo entre nosotras hubo eco, como siempre la comodidad pesa más aún dentro de los movimientos de mujeres y feministas y ha habido resistencia a nombrar estos días de movilización de otra manera. Sé que muchas personas ladino-mestizas de nuestros países asocian el color negro con el luto, pero aquí también vivimos personas negras e indígenas para quienes la muerte y el luto también se representan con el rojo, el amarillo, EL GRIS, el blanco… en fin!!!

Por eso yo utilizo distintos colores para representar el luto desde mis publicaciones y mi presencia en las manifestaciones. NO, no me estoy victimizando, ni mucho menos estoy deslegitimando la protesta ni la causa ni a mis compañeras y hermanas feministas. Las estoy invitando a dar un paso para despojar nuestro lenguaje y nuestras prácticas del racismo tan arraigado,  que ni se cuestiona.

Otro ejemplo de que necesitamos ennegrecer los feminismos y luchas sociales, es una noticia que se hizo viral en el marco de este 8 de marzo de 2019, sobre un grupo de mujeres negras a quienes se quiso expulsar de la marcha en Madrid, España por ir en un bloque no mixto denunciando el racismo como una de las opresiones que afrontan las mujeres negras, afrodescendientes y africanas.

Fueron agredidas verbalmente por parte de feministas blancas, al extremo de llegar a la violencia física con empujones y jalones. La justificación para las agresoras fue que “El 8 de marzo no es día para hablar del racismo que sufren las racializadas”.

Me recuerda a Sojouner Truth y su discurso ¿Acaso no soy yo también mujer?, pronunciado en diciembre de 1851 convención de mujeres, Akron, Ohio, Estados Unidos. Al menos unos 168 años desde que una mujer negra interpela audiencias públicamente, distinguiendo la esencia racial de las relaciones desiguales de poder entre mujeres y hombres. Cuestionó la indiferencia, la falta de humanidad y la relatividad de la indignación ante hechos atroces cuando estos se ejercen hacia cuerpos negros, hacia cuerpos femeninos racializados como negros, como afrodescendientes, como indígenas.

Sojouner propuso hitos recuperables hoy en día, para analizar y cuestionar el orden social predominante, con su racismo colonial y colorismo; con su sistema económico basado en la explotación humana y de los recursos naturales; con su androcentrismo, sexismo y misoginia; con sus fundamentalismos…  Más de siglo y medio después, siguen siendo debates abiertos y cuestiones sin resolver.

Nuestras prácticas, activismo y luchas sociales deben ser interseccionales

Para no seguir reproduciendo modelos hegemónicos de relacionamiento (consciente o inconscientemente, por acción o por omisión), es necesario vincular los conceptos con las experiencias de vida concretas de las mujeres en nuestras diversidades. Es el planteamiento de la teoría de la Interseccionalidad desarrollada por Kimberlé Crenshaw, quien además asegura que el feminismo debe oponerse explícitamente al racismo y que las luchas antirracistas deben incorporar la oposición al patriarcado y a las discriminaciones basadas en género.

La interseccionalidad en tanto sociológica, propone y examina cómo diferentes categorías de discriminación u opresión construidas social y culturalmente, interactúan en múltiples, frecuentes y simultáneos niveles, contribuyendo a una sistemática desigualdad social.

Iris. M. Young asegura que la opresión se refiere también a los impedimentos sistemáticos que sufren algunos grupos y que no necesariamente son el resultado de las intenciones de un tirano. La opresión así entendida es estructural… Sus causas están insertas en normas, hábitos y símbolos que no se cuestionan, en los presupuestos que subyacen a las reglas institucionales y en las consecuencias colectivas de seguir esas reglas. (…) la opresión se refiere a las grandes y profundas injusticias que sufren algunos grupos” como consecuencia de presupuestos y reacciones a menudo inconscientes de gente que en las interacciones corrientes tiene buenas intenciones.

La raza es una construcción social, no es un asunto biológico o fenotípico. El Género es una construcción social y se cruza con la etnicidad y las identidades. La noción de clase ha sido fundamental para perpetuar desigualdades. La abolición de la esclavitud no significó el fin del régimen esclavista ni del racismo, pues cimentó ideas, percepciones y prácticas vigentes en la actualidad, sobre la supuesta superioridad de determinados grupos y la supuesta inferioridad en otros, estar jerarquías, son las que hay que cuestionar desde la politicidad de nuestros cuerpos. Sigamos diciendo y haciendo, pues como dijo Audre Lorde: “Tu silencio no te protegerá”.

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[1] En: Belasteguigoitia, Descarados y deslenguadas: el cuerpo y la lengua india en los umbrales de la nación. Debate Feminista, año 12, vol. 24, 2001, págs. 237 y 238

[2] En: Belasteguigoitia, Descarados y deslenguadas, págs. 236 y 237

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Afroguatemalteca, feminista y académica. Periodista, Comunicadora social y Máster en Igualdad y Equidad en el Desarrollo. Especialista en Género, Interculturalidad y Comunicación para el Desarrollo, con más de diez años de experiencia de trabajo en América Latina y El Caribe. Integrante del Comité Consultivo de la Red de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora.

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