Un país que se come nuestras vidas. Turismo, folclorización y saqueo colonial contemporáneo en Guatemala

Tejedoras Mayas. FOTO: Jeff Abbott
Tejedoras Mayas. FOTO: Jeff Abbott
Publicado en: 2019-05-23

Movimiento de Tejedoras Mayas de Guatemala

El día 25 de marzo, el Movimiento Nacional de Tejedoras junto a organizaciones aliadas, asistimos a la Audiencia de Vista Pública por la acción Constitucional de Amparo, promovida por nosotras en contra el Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT) frente a la folclorización y mercantilización de la imagen y de la vida de las mujeres indígenas en Guatemala. Nuestra delegación fue escuchada en una sala de audiencia mientras afuera, un grupo de tejedoras, autoridades indígenas y aliadas al Movimiento compartimos con quienes nos acompañaron, los legítimos motivos de nuestra lucha.

La mercantilización de la vida de los Pueblos Indígenas

El Estado a través del Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), promueve una política de fomento del turismo bajo el nombre de “Corazón del Mundo Maya”, mediante el cual explota de todas las formas posibles, la vida pasada y contemporánea de los Pueblos Indígenas, donde las mujeres tenemos un lugar central. Los sitios “prehispánicos”, las mujeres tejedoras, “la eterna sonrisa” de las niñas y los niños, nuestras comunidades transformadas en “pueblecitos pintorescos”, se convierten en una “marca” de Guatemala, como “destino cultural-folclórico”, así se borra la historia de los Pueblos Indígenas, somos anulados como sujetos políticos vivos y somos vendidos como mercancía. Nuestros retratos tejiendo o con nuestros hijos en la espalda que son utilizados para dar la bienvenida a Guatemala, contrasta con el trato degradante que recibimos en la vida diaria.

Debido a la organización colonial-patriarcal de nuestros países, nos enfrentamos a un Estado y a un sector privado acostumbrados a usar para su provecho todo lo que nuestros cuerpos producen. Las mujeres tejedoras somos triplemente despojadas, en tanto indígenas, mujeres y rurales. El INGUAT nos exige ser generosas con los turistas, rebajando al máximo nuestro trabajo para que los turistas vuelvan, pero mucho de este trabajo excesivamente mal pagado, lo adquieren las empresas guatemaltecas, que lo venden con precios hasta 100% más caros que los pagados a las tejedoras. En Guatemala, el trabajo de los indígenas, de las mujeres indígenas y de los habitantes rurales, está valorado acorde a una condición histórica, política y económica, de sometimiento racial, sexual y de clase social, porque hay un sentido común orientado a ver y tratar a los indígenas, mujeres indígenas y rurales, como seres despojables y cuerpos despojables. En este sentido la mercantilización de la vida, los cuerpos, los bienes y el trabajo indígena deviene en la lógica de despojo y acumulación.

Tejedoras Mayas. FOTO: Jeff Abbott

Exigimos que se nos devuelva el despojo histórico al que el Estado nos ha sometido

 Para el año 2017, el INGUAT tuvo un presupuesto aproximado de Q 239 millones ($31357422.13) los cuales gasta en funcionamiento, en grandes campañas publicitarias y en cuentas a plazo fijo. Mientras tanto, los lugares donde los Pueblos Indígenas habitan son los lugares donde el Estado menos invierte o sencillamente no tiene intención de invertir; hay carencia de agua potable, hospitales, escuelas, carreteras, energía eléctrica, por mencionar las mínimas obligaciones del Estado. Esta es una evidencia de que existe un grave despojo, o en otras palabras, un robo continuado contra nuestros Pueblos, pues somos los Pueblos Indígenas y las mujeres indígenas quienes generamos gran parte de los recursos que otros disfrutan en este país, y que le ingresan al Estado y a las empresas privadas por medio de la venta de nuestra imagen, del pago miserable a nuestro trabajo entendido como “artesanía”, de nuestra indumentaria y formas de vida pasada y presente como atractivos para ser observados.

Por otro lado, el folclor nos distrae y nos engaña, no permite ver cómo quienes vestimos la indumentaria maya somos agredidas y degradadas todos los días, en los hospitales, en los centros de justicia, en las escuelas, en las calles de la capital, en los restaurantes, en el aeropuerto tapizado con nuestras imágenes y el trabajo de nuestros cuerpos. Las campañas publicitarias que promueve el INGUAT, junto a sus bailes folclóricos generan la idea violenta y distorsionada de que la población maya, sus formas de vida y su empobrecimiento son algo “pintoresto” que hace única a Guatemala como destino. Esto representa un circo indigno de nosotras las mujeres indígenas y los Pueblos Indígenas.

Tejedoras Mayas. FOTO: Jeff Abbott

Frente a lo anterior, condenamos y rechazamos enérgicamente la forma en que el Estado a través del Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), se come nuestras vidas y nos roba el futuro al no devolvernos nada de lo que nos extrae. Si las mujeres mayas en Guatemala, que elaboramos y vestimos los trajes, somos el atractivo turístico generador de divisas para el país, es necesario que el Estado devuelva parte del triple despojo histórico al que nos ha sometido, destinando recursos para mejorar nuestras condiciones de vida, respetándonos como sujetas políticas y asumiendo un compromiso sólido en la lucha contra el racismo, porque es sobre nuestros cuerpos, donde el racismo colonial institucional, estructural y cotidiano se vive con mayor crudeza. Al Estado, no le pedimos ninguna limosna sino que devuelva algo de lo mucho que nos ha quitado. Una de las formas en que puede resarcirnos mínimamente es emitiendo urgentemente la Ley para la Protección de la Propiedad Intelectual Colectiva sobre nuestros Tejidos.

De igual manera, rechazamos enérgicamente el racismo contra las mujeres indígenas, reflejados en los términos “maría”, “mija”, “chula”, “indita”, que las empresas turísticas en vez de cuestionar los utilizan para fines de comercialización del arte producido por los Pueblos Mayas, especialmente por las mujeres, lo que refuerza el imaginario racista que se reproduce cotidianamente contra nosotras y daña gravemente nuestra dignidad e integridad física y emocional.

FOTO: Jeff Abbott

Denunciamos la voracidad del Estado, de empresas privadas y de personas particulares que negocian con nuestros tejidos e indumentaria maya al extremo de querer patentarlos. Esta lógica forma parte de la mercantilización de la vida misma. La vida de los Pueblos Indígenas, nuestros saberes, territorios, ríos, montañas está siendo sometida a la lógica de ganancia y acumulación, mediante el despojo.

La folclorización como expresión del racismo colonial es una forma de violencia, porque nos convierte en objetos exóticos de exhibición y de venta, anulando nuestra humanidad. 

El Movimiento Nacional de Tejedoras continuará trabajando de manera colectiva, para consolidarnos políticamente, para rescatar nuestra historia y memoria y para fortalecer nuestra existencia como Pueblos.

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Maya Kaqchikel de Guatemala. Gran parte de sus esfuerzos los ha centrado en la lucha contra el racismo y el sexismo que los comprende como problemas producidos por dos grandes sistemas de dominación fusionados en la historia de Guatemala y de América Latina: el colonialismo y el patriarcado.

One Comment

  1. Con toda mi admiración y respeto para la autora Aura Cumes.
    Lamentablemente no se si es doctora o maestra para recocerle el título correspondiente

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