Reflexiones sobre el feminismo en Venezuela

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Publicado en: 2019-05-23

Hace algunos días, una amiga chilena que visitaba Venezuela para realizar un documental sobre las milicias bolivarianas, me hizo una pregunta que me dejó, antes de contestar, pensando un buen rato. Ella, interesada en conocer más sobre nuestros procesos de lucha, me preguntó: ¿Y cómo es el feminismo en Venezuela?, ¿dónde están las feministas? Recuerdo que después de tragar el buche de cocuy[1] que tenía en la boca y de masticar uno que otro pensamiento encontrado, intenté retratarle con algún esfuerzo, las múltiples, variadas y diversas formas que llevamos a cabo las mujeres en mi país por abolir las opresiones.

Meses después, me topé con la misma pregunta por parte de una hermana colombiana, quien me invitó a escribir este artículo y contarle al resto de las compañeras del mundo ese retrato tan particular de nuestros feminismos venezolanos. A tal coincidencia no vale la casualidad sino la razón de causa y ante ella saco pecho y me he dispuesto a atinar las pinceladas que retraten las facciones de eso que podría ser el rostro feminista de mi tierra.

Es seguro que esa necesidad de conocer, de saber cómo se viven y desarrollan las luchas feministas en Venezuela, tenga su punto de partida en la alta desinformación promovida por los grandes medios corporativos en el extranjero. Mucho de lo que se dice, por no decir casi todo, dista de la realidad de mi país, que aunque atraviesa por dificultades y amenazas injerencistas, su pueblo y sobre todo sus mujeres llevan adelante una lucha incansable por vencer la guerra y conquistar la paz; eso incluye desde luego la batalla cultural interna por la erradicación de las violencias vinculadas a razones de género y sexo.

Siento que para pintar este retrato de las luchas emancipadoras de las mujeres venezolanas debo empezar por acotar que nuestros procesos de resistencia feminista comenzaron mucho antes de que existiera el término feminismo en el mundo, punto compartido con el resto de los procesos de nuestra América Latina y Caribeña.

Lo que es hoy la mujer venezolana es producto de la lucha y resistencias anti imperialistas encarnadas en su cuerpo desde hace más de 500 años. En lanza de una Apacuana embravecida, una Juana Ramírez con el cañón en el avance, Luisa Cáceres de Arismendi o las millones de anónimas, en muchas formas son la genética de las mujeres que somos.

Aunque después del proceso independentista, guerreras, chamanas y ancestras que batallaron hombro a hombro con los hombres por la conquista de la libertad del territorio, fueron relegadas tras fundada la República, al simple rol de cuidadoras y amas de casa, ellas indignadas por el desconocimiento promovido por los varones dueños y señores ahora de la nueva patria, comenzaron a conformar las primeras agrupaciones, principalmente a través de publicaciones en algunos diarios o panfletos en donde la cuestión de género ocupaba un espacio importante.

Desde entonces todo un siglo transcurrió entre aciertos y desazones, algunas conquistas se suscitaron como el derecho a la educación o el derecho al voto reconocido en 1945. Además de algunas políticas de atención o algunas reivindicaciones sociales, gracias al esfuerzo de compañeras cimarronas como Argelia Laya, nuestra entrañable comandanta Jacinta, que no la tuvo nada fácil en medio de un país minado por el bipartidismo de ultra derecha a mediados del siglo XX.

Pero un hecho que sin duda cambió para siempre el curso de la lucha feminista en nuestro país, fue la llegada del proceso revolucionario encabezado por el comandante Hugo Chávez. Puede que para algunas compañeras fuera de Venezuela hablar de Chávez para explicar los procesos feministas del país, parezca una insensatez conciliadora, sin embargo, sólo quien se haya dado a la tarea de estudiar no al hombre sino al fenómeno cultural y político que representa podría entenderlo.

Desde la llegada de la revolución la participación política de las mujeres cambió para siempre. Las mujeres venezolanas asumieron el llamado de ese gran convocante que fue Chávez y este a su vez, comprendió prontamente, la importancia de que las reivindicaciones de las mujeres ocuparan un lugar importante en la política y en la agenda revolucionaria. Además, entendió que sin erradicar la situación de desigualdad de género que imperaba no habría realmente un proceso de transformación y mucho menos de liberación popular.

Para 1999 la tasa de analfabetismo en la población femenina era proporcionalmente más alta que la masculina. La participación política en los espacios de toma de decisión era casi nula, los pocos puestos de poder asumidos por mujeres eran de aquellas que ostentaban una clase social privilegiada. La trabajadora del hogar no contaba con ningún tipo de seguridad social o reivindicación salarial, en resumidas cuentas la pobreza como en el resto del mundo tenía rostro de mujer mayoritariamente.

En un país donde la familia es matricentral; es decir, sobre la madre recae la responsabilidad absoluta del sostenimiento de la vida y todo lo que con ello incluye, para lograr el buen vivir y la felicidad suprema era necesario asumir la tarea de transversalizar el enfoque de género en la nueva política naciente y esto implicaba brindar todas las herramientas de las que se pudiera disponer para su empoderamiento.

La reforma constitucional dio el primer paso, con un lenguaje inclusivo que permitió visibilizar a las mujeres como ciudadanas con derechos y deberes. Esta reforma reconoce por primera vez el trabajo doméstico no remunerado como lo que es, trabajo, que debe gozar de garantías sociales como cualquier otro y de allí parte uno de los primeros pasos hacia la nueva historia de la lucha orgánica de las mujeres en la Venezuela Bolivariana.

Se crean misiones como Madres del barrio, la cual no sólo reconoció a través de un pago mensual el uso del tiempo en actividades domésticas y de cuidado no remuneradas, sino que además promovió la alfabetización, empoderamiento y organización política de las mujeres en la base.

Fue así como compañeras que nunca habían tenido la oportunidad de ir más allá de la cocina, no sólo salieron del espacio doméstico a la conquista de lo público, sino que muchas de ellas se convirtieron en las protagonistas del proceso de transformación naciente.

Vale acotar que cuando nace esta misión la derecha nacional puso de inmediato “el grito en el cielo”, señalando que se trataba de “otra sinvergüenzura del dictador apoyando a mujeres flojas que no lo merecían”. Esa ha sido siempre la actitud de ese sector en nuestra sociedad cuando se ha tratado de brindar herramientas de empoderamientos a las mujeres de las clases populares.

Aunque el gobierno ha hecho esfuerzos por posicionar diversos temas relacionados con la igualdad de género en la agenda política, todavía el sesgo patriarcal influye en las decisiones y posturas que se presentan en algunos casos. Por ejemplo, el año pasado se presentó el femicidio, por parte de su expareja, de la compañera Mayell Consuelo Hernández Naranjo, estudiante de la Unearte. Aunque ella ya había hecho denuncias de violencia contra su agresor, éstas fueron ignoradas por las instituciones correspondientes y facilitaron el asesinato de la compañera. Aunque el criminal es capturado, su detención fue solo de 24 horas, lo cual generó indignación y movilización del movimiento feminista, estudiantil, movimientos políticos y territoriales y demás sectores que identificaron la injusticia que se estaba presentando en este caso. La presión ejercida por este nutrido y diverso grupo de la sociedad venezolana, ante este repudiable hecho, llevó a que en menos de 72 horas la justicia venezolana dictara sentencia de 30 años de cárcel para el asesino de Mayell.

La agenda de la lucha feminista en Venezuela ha avanzado mucho, sin embargo tres temas están pendientes todavía y son a mi juicio fundamentales para avanzar en la garantía de los derechos de las venezolanas. El primero es la despenalización del aborto, tema sensible en el que siguen primando ideas religiosas y morales. El año pasado para los meses de febrero y marzo el movimiento feminista entre ellos la red de organizaciones la araña feminista estuvo haciendo actividades de agitación frente a la Asamblea Nacional Constituyente para pedir la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Como resultado de las actividades de protesta y agitación surge un derecho de palabra dentro de la Asamblea Nacional Constituyente donde las compañeras tuvieron la oportunidad de exponer las razones por las cuales es importante despenalizar el aborto en Venezuela. Sin embargo a pesar de que se dio el derecho de palabra no se ha podido avanzar en el debate, teniendo en cuenta las restricciones actuales en el acceso a anticonceptivos, los mayores riesgos que enfrentan las mujeres pobres al practicarse un aborto o la mayor vulnerabilidad social al asumir una maternidad no deseada y obligada.

El segundo tema que es importante trabajar en la sociedad venezolana y de cara al Estado es las sexualidades disidentes. Actualmente existe una oficina de la diversidad sexual en la Alcaldía de Caracas desde la cual se desarrollan planes y políticas para atender a la población de mujeres disidentes o con sexualidades diversas. Aunque esta apuesta institucional demuestra voluntad política es importante profundizar el tema no solo en la capital, sino también en las otras ciudades y territorios que conforman el país, además de trabajar el tema cultural, para que en la sociedad se erradiquen prácticas de discriminación y falta de oportunidades de las personas con sexualidades diversas.

El tercer tema es la ausencia de cifras oficiales sobre la situación de derechos de las mujeres venezolanas. Si bien la guerra económica, el bloqueo y el sabotaje han generado dificultades para recoger información primaria, para el movimiento de mujeres y las instituciones es importante conocer por ejemplo, cifras de violencia contra las mujeres, mortalidad materna, fecundidad en adolescentes, entre otros indicadores. Lamentablemente desde el Estado no se están generando  los instrumentos para llevar un registro y las cifra que se consiguen son extraoficiales y muchas son aumentadas o modificadas o no se ajustan a la realidad porque tienen un fin político adverso a la revolución. Tener información confiable, oportuna y robusta es importante porque permite identificar las problemáticas más apremiantes para las mujeres y diseñar políticas públicas para resolver estas necesidades prioritarias usando los recursos escasos con los cuales cuenta el Estado.

Como se dijo anteriormente, muchas de las necesidades de las mujeres venezolanas no se han resuelto o su abordaje ha sido lento por la visión patriarcal que aún persiste en nuestras instituciones pese a que contamos con un andamiaje jurídico y legislativo fuerte. Además, las actitudes machistas y sexistas de funcionarios y funcionarias muchas veces tranca los procesos y no permite materializar las conquistas obtenidas.

Otra situación que no ha permitido avanzar es la guerra económica, el saboteo y el bloqueo pues en primer lugar reduce los recursos económicos y el acceso a los servicios básicos de las familias venezolanas, dirigidas por mujeres que cargan sobre sus hombros el sostenimiento de la vida. En segundo lugar las políticas injerencistas y de saboteo hacen que la sociedad y el Estado se enfoquen principalmente en la seguridad nacional, el abastecimiento y la soberanía y no sean prioritarias otras necesidades y demandas del pueblo venezolano.

Finalmente y no menos importante quiero llamar la atención sobre la dificultad que ha tenido el movimiento feminista en llevar y posicionar los debates a la base popular de mujeres venezolanas. Desafortunadamente temas como la violencia de género y el aborto siguen siendo desarrollados por feministas blancas, académicas, de clase media, ignorando las voces de mujeres negras, indígenas de base popular que podrían enriquecer el debate, socializarlo al interior de las organizaciones y sumarse a las agitaciones nacionales. El movimiento feminista debe mejorar su relación e interlocución con las mujeres de base, pues esta desconexión es lo que a mi juicio ha dificultado el posicionamiento en la agenda pública y política de temas como la legalización del aborto.

A pesar de las dificultades y de la cultura machista que aun subsiste, el huracán revolucionario sigue reconociendo a las mujeres como su más leal y convencida vanguardia. Las organizaciones de mujeres se multiplicaron por doquier y ellas a su vez se hicieron cargo de las misiones y espacios de organización territorial a lo largo y ancho del país, y sigue siendo así desde entonces, hoy la mujer venezolana es mayoría en todos los espacios de organización política en la base de las comunidades, en los espacios de defensa, en el sector educativo, campesino o indígena.

En esa marea de vanguardia de mujeres encontramos una amplitud que va desde aquellas dedicadas a los estudios académicos, las investigaciones y la generación de contenido, hasta aquellas que aún sin saber ni llamarse feministas practican la lucha por la erradicación del patriarcado de manera instintiva. Un alto número del feminismo venezolano tiene el rostro de una mujer que sin conocer la teoría o saberse de memoria cada una de las olas del feminismo eurocéntrico, sabe y reconoce la opresión patriarcal desde lejos, la advierte y la combate.

Esa es aquella mujer que en las reuniones comunales organiza a sus hermanas, exige se les respete el derecho de palabra, se vincula con las políticas de género estatales y subvierte los patrones impuestos por el patriarcado. Cabilleras, campesinas, comuneras, miembras del CLAP, conductoras, mecánicas, ministras, milicianas, compañeras que conforman nuestra resistencia feminista.

Y junto a ellas, las organizaciones feministas propiamente dichas, aquellas que promueven las escuelas de formación, las agitaciones de calle, las conversas, los debates, los instrumentos de interpelación y diálogo.

Feminismo de los instintos, feminismo de la academia, feminismo de la calle, la consigna y el graffiti, todo junto, en un engranaje sólido que mueve los cimientos de las estructuras del poder patriarcal. Un movimiento de mujeres multiforme, latente y existente, con grandes desafíos por delante en medio de la creación de un socialismo bolivariano, chavista y que debe ser profundamente del feminismo popular.

El pasado 8 de marzo, mientras en el mundo millones de mujeres se agolpaban en las calles para exigir la erradicación del patriarcado o acudían a la llamada huelga feminista, a nosotras las venezolanas nos tocó enfrentar una oscurana, un ataque cibernético quiso desmovilizarnos, hecho que no es fortuito, la gran mayoría de las acciones de agresión económica de los últimos años han golpeado directamente a las mujeres. Escasear la comida, retener las toallas sanitarias o los pañales fueron sus primeras acciones.

Se equivocaron una vez más, ese 8 de marzo en medio de la zozobra, el desasosiego y la angustia, sin saber muy bien que había pasado la noche anterior cuando de repente se fue la luz en todo el país, fueron cientas las que a pie o en cola, se acercaron a la Plaza Bolívar de Caracas y nuestra conmemoración del día internacional de la mujer se convirtió en una tribuna anti imperialista. Somos las crecidas en las dificultades, y ese es el carácter distintivito del feminismo en Venezuela.

[1] El cocuy es un licor artesanal venezolano que por muchos años fue considerado ilegal, pero que en 2005 fue declarado patrimonio natural, ancestral y cultural de la nación por la Asamblea Nacional.

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Militante negra y lesbiana feminista de Venezuela. Escritora, productora audiovisual y docente comunitaria. Constructora de un mundo multipolar y pluricultural, antirracista, anticapitalista y antiimperialista.

One Comment

  1. Maravilloso articulo, para tantos y tantas que convenientemente omite escribir, hablar, comentar del proceso bolivariano y el proceso popular de las mujeres, para quienes con su silencio y omisión refuerzan la hegemonía de derecha que ve a las mujeres populares con desprecio, con subestimación y lo peor con una "empatía falsa",

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