¡Libertad y autonomía hasta en la sopa!

FOTO: Ilustración Favianna Rodriguez
Publicado en: 2019-04-04

De mi abuela, una mujer desterrada y desplazada del campo a la ciudad, aprendí (entre muchas otras cosas) a sembrar en ollas y tarros viejos, y a conocer una tierra buena para cultivar por el color y el olor.

Después, fui entendiendo que cada semilla plantada por unx mismx, honra la memoria latente en estas tierras, de las luchas ancestrales por la libertad de la gente negra, indígena y campesina. En tiempos donde la posibilidad de ser, pensar, y decidir autónoma y contra-hegemónicamente es cada vez más perseguida y reprimida; decidir qué comer se ha convertido en un privilegio más. En este sistema racista, capitalista y patriarcal el hambre y la malnutrición de muchxs, es un negocio rentable para otrxs pocxs.

Nos están envenenando, enfermando y matando por la boca. Por eso romper con la dependencia alimentaria es una urgencia: necesitamos cultivar y cocinar con nuestras propias manos, y alimentar las luchas contra todos los sistemas de opresión nutriendo las reXistencias contra este imperio de muerte.

Algunas ideas para que lo hagamos posible

Con el ánimo de comenzar aquí y ahora, compartimos algunos aprendizajes básicos (términos y técnicas) para cultivar ciertas plantas de cosecha rápida en climas tropicales y en espacios reducidos. Lo importante es poder hacerlo con las propias manos y en la medida de lo posible, sin dinero. La idea es aprender a rebrotar plantas de ciclo corto y que no requieren de mucho espacio como zanahorias, cebollas y apio; y a germinar y recuperar las semillas de tomates, pimentones, fríjoles y arvejas (u otros) que hayan sido adquiridos con anterioridad.

Sembrar (así sea en un balcón, un patio o una matera) implica liberarse de la necesidad de controlar, simplemente porque en la naturaleza no hay quien obedezca. Lo importante es conocer las condiciones del lugar (mucha o poca luz solar; llueve mucho, poco o nada; qué tanto ventea; existen animales cerca, las fases lunares, etc.) y dejar que todo siga su propio ciclo porque ninguna planta depende de la voluntad humana para existir. Hay que respetar los tiempos de la naturaleza, porque es ella la que crea las interrelaciones que hacen posible la vida. De aquí la importancia de asegurar al menos, buen sustrato, sol y agua a todas las plantas que sembremos.

El espacio disponible determina el tamaño del cultivo. Podemos sembrar en materas (o vasijas) individuales, o asociar algunas plantas si contamos con una terraza o patio donde podamos usar contenedores de mayor tamaño.  Algo que debemos tener en cuenta, es que entre mayor sea la variedad de plantas, existen más interrelaciones biológicas que -en equilibrio- reducen el riesgo de enfermedades o de otro tipo de afectaciones (así aprendemos de la naturaleza a valorar y fomentar la diversidad).

Energía solar: es la principal fuente energética de la que dependemos los organismos que habitamos la tierra. Las plantas la atrapan y la usan en el proceso de fotosíntesis, el cual produce energía para las plantas y libera oxígeno al aire. Por esto es importante aprovechar esta energía, orientando las plantas de forma que reciban las suficientes horas de luz solar al día.

Agua: es indispensable para la germinación de la semilla y para la vida de las plantas. El agua disuelve los nutrientes del sustrato que son absorbidos por las raíces y distribuidos por toda la planta; y también regula el proceso de transpiración de las hojas junto con el vapor de agua que se encuentra en el aire. En lugares donde llueve mucho, se puede reciclar el agua lluvia para usarla en el riego de las plantas.

Sustrato: es la tierra de soporte de las plantas cuando no es posible sembrar directamente sobre el suelo y le proporciona a la planta la nutrición que requiere para su crecimiento. Es recomendable reforzar los nutrientes del sustrato, enriqueciéndolo, por ejemplo, con el compost de los residuos orgánicos de la cocina y con el humus de lombrices (que se obtiene cuando se incorporan lombrices al proceso de compostaje). Un buen sustrato además de los nutrientes tiene una estructura aireada (no sirve ni muy compacto ni muy húmedo) y este equilibrio se puede crear agregando cascarilla de arroz.

Con las materas (espacios) y el sustrato listos (tierrita fértil), podemos comenzar a rebrotar las plantas y/o germinar las semillas. Este procedimiento es conocido como propagación de las plantas y aunque existen más maneras, aquí proponemos dos de las más sencillas.

Rebrote: es un tallo nuevo que sale de una planta. Una de las maravillas de este proceso de propagación, es que la planta además del tallo, después de varios días conforma un nuevo sistema de raíces, renovando el ciclo de vida de la planta. Por ejemplo, si queremos rebrotar zanahorias, hacemos un corte transversal de máximo 2 cm desde la parte donde salen las hojas hacia el medio. En el caso del apio y la cebolla, el corte se hace con el objetivo de guardar la base de la planta donde salen las raíces. Una vez se tiene el pedazo de la planta, se pone en un recipiente con un poco de agua (no puede rebasar la parte superior donde saldrá el tallo nuevo), que tenemos que estar cambiando prácticamente todos los días hasta que el rebrote tenga el tamaño adecuado para ser trasplantado en el sustrato. Cuando se trasplanta el brote, se debe saber el tamaño de las raíces (y en el caso de cebollas y zanahorias se debe considerar el tamaño de los bulbos) para que el contenedor o la matera sean lo suficientemente profundos y amplios.

Un ejemplo de rebrote de zanahoria:

FOTO: http://lacasucadeldruida.blogspot.com

Germinado: es el proceso de reproducción de una planta a partir de sus semillas. La semilla es la estructura reproductiva de la planta y aparece después de la floración (como en la caléndula); o en el fruto (como en el tomate). Cuando las semillas germinan (por condiciones propicias aportadas por el agua y la temperatura), se renueva el ciclo de vida de la planta y aparecen las primeras hojas (cotiledones). Si las semillas han germinado en un semillero provisional, en este punto se puede trasplantar al sustrato definitivo.

La germinación se puede hacer de varias formas, dependiendo del tipo de semilla. Además de que podemos germinar semillas que crecen en vainas como, por ejemplo, fríjoles y lentejas; estas plantas pueden ser consumidas cuando salen los brotes. De hecho, en este punto las semillas se transforman en un alimento poderoso y muchos nutricionistas recomiendan comer todo tipo de germinados. Así que una parte de nuestras semillas germinadas podemos comerla; y la otra trasplantarla al sustrato para cosecharla después.

Hay semillas (lentejas, fríjoles, habichuelas, arvejas, etc.) que podemos germinar si las dejamos en remojo una noche (puede ser en cualquier recipiente con tapa), y luego de escurrirles el agua las ponemos de nuevo en el recipiente tapado y las enjuagamos diariamente, hasta que aparecen los brotes. Otras semillas (tomate, pimentón, pepino cohombro, ají, etc.) podemos sembrarlas directamente en un semillero y cuando salgan los cotiledones trasplantarlas a las materas definitivas.

Para obtener estas semillas se pueden usar los mejores frutos (tomate, o pimentón o lo que vayan a sembrar) y abrirlos para sacarles las semillas. Estas se enjuagan con mucho cuidado y se ponen a secar sobre un paño absorbente (o papel). Cuando están secas se ponen separadamente en el semillero, y se tapan levemente con sustrato.

Mientras las semillas están germinando, o mientras esperamos que una planta rebrote, no se recomienda exponer ni el semillero o recipiente a la luz solar directamente y regar diariamente. Este proceso es mejor a la sombra. Pero una vez trasplantados los brotes, es necesario exponer las plantas a la luz del sol durante 3 horas diarias mínimo.

Cuando trasplantamos un brote o un germinado en la tierra, hay que regar con agua abundante, pero sin encharcar la superficie de la matera o contenedor.

La siguiente tabla es una guía para saber cuál es el tiempo aproximado de cosecha de algunas plantas y qué cambios fisiológicos indican el momento de cosechar:

Planta

Tiempo de cosecha

Cambios en la planta

Cebolla cabezona y ajo 120 días El bulbo se ha desarrollado cuando las hojas empiezan a amarillearse y se doblan.
Hortalizas de hojas y flores:

Espinaca, acelga, apio, lechuga , perejil, cilantro, repollo, coliflor, brócoli

50 a 90 días Se cosechan justo antes de que florezcan y cuando la cabeza y las hojas están firmes.
Zanahoria 60 a 90 días Cuando las hojas han crecido unos 40 cm.
Vainas:

Fríjoles, arveja, habas

50 a 90 días Las vainas están llenas o las hojas comienzan a perder color verde.

 

Aunque quedan muchas cosas sobre las plantas que compartir, lo importante es comenzar a sembrar yerbas y comenzar a rebrotar o germinar alimentos que tengamos disponibles.

Está escrito en la tierra: recuperar semillas es comenzar a recuperar una parte de nuestras vidas.

Foto principal: Ilustración: Favianna Rodriguez

 

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Instigadora de huertas y jardines, amante de matas, ruidos, sonidos y bichxs rarxs, y diseñadora (de permacultura).

2 Comments

  1. GRACIAS por estos inspiradores sentipensares e invitación a resistir y re-existir física- emocional y espiritualmente desde nuestra relación con la madre tierra, con las semillas propias, con las huertas caseras urbanas y con el autoconsumo personal, familiar y comunitario. Nuestra revolución también es con soberanía alimentaria!!!

  2. Ojalá entendamos que el feminismo pasa por la autonomía en todos los sentidos, hasta en la sopa!
    Todo el amor, la admiración y el respeto para ella.

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