Sobre Katalina Moskowictz y los 10 años de teatro de la Navaja de Ockham

FOTO: Huecos en los ojos
Publicado en: 2019-03-20

Cuando decidí dedicarme al teatro no imaginaba lo difícil que resultaría y la resistencia que se necesita para poder llevar la profesión a buen puerto, no solo por la paciencia de oro y el trabajo incansable que se requiere (como en  todas las  profesiones) sino porque ser mujer en el teatro a veces cuesta y hace más difícil la profesión. Históricamente, en Colombia, muchas labores en el teatro han sido ejecutadas por hombres y, solo hasta hace relativamente poco, con los debates de género, se abrieron más esas puertas para las mujeres, tanto en la sociedad como en el arte (sin negar que aún falta un largo camino por recorrer).

Con el paso del tiempo me di cuenta de que una de esas cosas que las mujeres no hacemos con frecuencia en el teatro es dirigir o escribir (eso se ha transformado de a pocos, por suerte, pero aun falta mucho). Frente a una decena de directores o dramaturgos hay una o dos mujeres, una diferencia abismal que ha generado también una gran disputa por ganar igualdad en los espacios artísticos. En los encuentros de dramaturgia o dirección (salvo contadas excepciones) la programación usualmente tiene mayor cantidad de hombres como invitados que mujeres; las carteleras teatrales están llenas de hombres que escriben o dirigen, y solo de algunas mujeres que han permeado estos espacios. En el caso de la dramaturgia, la cantidad de textos teatrales publicados por mujeres es mínima, si se compara con los publicados por varones.

Conocí a Katalina Moskowictz siendo su estudiante en una cátedra de producción y gestión. Ya había montado con su grupo La Navaja de Ockham dos piezas que ahora son emblemáticas de su producción: Cartas de sal y El gran cuaderno. Cuando vi estas dos piezas –y varias de sus obras siguientes como Quemado,  El silencio de las cosas rotas, Cuerpo 29 o Himmelweg–, pensaba que existe en ella como creadora una necesidad de arriesgarse a mezclar lenguajes y a probar diferentes elementos escénicos en cada puesta en escena que realiza. Encontré que su trabajo buscaba llevar al escenario textos poco montados en la ciudad, y que además proponía retos escénicos para los artistas que ella enfrentaba de manera creativa con su equipo de trabajo.

Recuerdo que al ver esos dos primeros montajes, nada me llevó a pensar que la persona detrás de la puesta en escena fuera un hombre o una mujer. La calidad que yo veía en el escenario no dependía del género del artista – director / directora, sino de una mente con disciplina y creatividad. Dicho de otra manera, no había una necesidad de expresar lo femenino en sus montajes, no encontré rastros de una mujer esforzándose por hacerse escuchar y figurar, sino más bien de una artista con un interés genuino en la creación escénica.

En mi última conversación con Katalina, mencionábamos lo difícil que es ser respetada profesionalmente cuando se elige ser directora de teatro, lo injusta que a veces es esa pelea que hay que dar para ganar espacio y respeto, y lo inequitativa que resulta ser, incluso la crítica, cuando la primera opinión es, “dirige como mujer o se nota que es mujer”. Pensaba en ese momento, que además de toda la lucha que hay que llevar adelante como mujer en un contexto machista como el colombiano, hay que sumarle esa lucha incansable para ser tomada en serio como artista, lo cual no es una cosa menor, sobre todo porque esta desigualdad  en el gremio teatral es algo más bien invisible, que no se siente, que no se percibe tan fácilmente y que se hace disimuladamente, pero que a juzgar por la diferencia histórica de las cifras entre directores y directoras y dramaturgos y dramaturgas, es algo real.

FOTO: Katalina Moskowictz

Que La Navaja de Ockham complete 10 años de actividad teatral ininterrumpida en Bogotá, invita a una gran celebración por parte de los que hacemos teatro porque evidentemente es producto de una dura lucha de su directora contra diversos obstáculos: contra un sistema que cada día otorga menos recursos a la labor artística, contra una sociedad que en su gran mayoría no asiste a teatro porque no es algo que resulte relevante para su día a día, y en ocasiones, contra un gremio en donde las mujeres se han abierto paso con el mayor esfuerzo posible. Que Katalina sea la directora de La Navaja de Ockham y lleve 10 años apostándole al teatro también es algo para celebrar, teniendo en cuenta que pertenece a una generación de hacedores y hacedoras de teatro de la capital, en la cual es difícil contar más de tres directoras que no hayan desistido de su labor. Eso no quiere decir que sea bueno o malo, pero sí es un indicador de la dificultad que supone ser directora en Bogotá y mantener activo un grupo por tanto tiempo y de manera constante.

Más allá de suposiciones y especulaciones, es perfectamente verificable que en la práctica teatral las labores necesarias para emprender un proyecto se vuelven titánicas para todo aquel que desee vivir de ello y no fracasar en el intento, y terminar luego abandonando el oficio. Katalina, con La Navaja de Ockham, resulta ser un referente de la creación escénica en Bogotá, tanto por la calidad de sus espectáculos y su rol de directora, como por la labor diaria que realiza, incluso en el aula de clases, otra manera de hacer arte y apostarle a la construcción de una sociedad más justa.

Sin duda, que una mujer celebre un década o un aniversario más como artista, y en este caso como directora, es algo que a las creadoras teatrales siempre nos debería alegrar, porque son tejidos que con el tiempo se verán y que abren caminos a aquellas que venimos detrás. Salud por La Navaja de Ockham, por la creación y por las mujeres que todos los días se arriesgan en el teatro a crear y a resistir.

Pueden seguir a La Navaja de Ockham en Instagram como @lanavajateatro y en Facebook como @Lanavajadeockh

Foto principal: Huecos en los ojos

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Actriz y dramaturga, licenciada en artes escénicas de la Universidad Pedagógica de Colombia, magíster en dramaturgia de la UNA (Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires) y estudiante de la maestría en artes de la escena de la UNICAMP (Universidad Estadual de Campinas), en donde adelanta actualmente investigaciones sobre teatro femenino en Colombia.

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