¡Lesbiana y ya!

FOTO: Producciones y Milagros Agrupación Feminista, A.C.
Publicado en: 2019-02-28

He perdido la cuenta de las veces que alguien me ha preguntado: ¿quién es el hombre y quién la mujer en una relación entre lesbianas? La respuesta que doy ante esa interrogante encasillada siempre es la misma: ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

Es que, precisamente, ser lesbiana, como acción política, se trata de romper de raíz con los viejos roles y estereotipos de género, de lo que significa para nuestras sociedades ser hombres o ser mujeres.

En la década de los 60 una frase impactó al movimiento feminista de la segunda ola: “Una lesbiana no es una mujer”. Con esas palabras su autora, la francesa Monique Witting, lleva a la sujeta lesbiana a un territorio de resistencia frente a las normas que dictan que una mujer debe ser sumisa, frágil, servil a lo masculino, dependiente del otro tanto en lo sexual como en lo emocional y ubica al ser lésbico en combate permanente contra ese sistema de desigualdades.

Una lesbiana es una verdadera “amenaza extraordinaria” para las estructuras del poder machista. Su mera existencia legitima la independencia del placer femenino. Una lesbiana goza de su sexualidad con otra mujer sin la intervención de un pene. Una lesbiana no obtiene su estatus social del apellido de un hombre y su patrimonio conyugal proviene de la sociedad con otra de su mismo género. ¡Tamaño jaque a la virilidad ancestral!

Pero no todas parecemos estar claras en esto. Muchas optan por reproducir en sus relaciones erótica-afectivas roles de género tradicionales. Es allí cuando vemos a una lesbiana que asume el rol de cuidadora de la casa y de la familia y otra de proveedora y protectora del hogar.

Una lesbiana masculina o femenina es un estereotipo de género. Ese estereotipo encasilla a la persona que lo ejerce en un rígido modo de ser, actuar y pensar, tal como lo determina el patriarcado. Para la lesbiana masculina la fuerza, la reafirmación de la violencia, la castración sexual desde el rol de “activa” y el ejercicio exclusivo de la autoridad. Para la lesbiana femenina la debilidad, la obediencia y la complacencia sexual desde el rol inerte de la “pasiva”, su papel social es secundario y minúsculo. Construyen a un calco exacto de las estructuras de género, como el de cualquier pareja heteronormada, ni más ni menos.

La misma agua turbia en diferente pocillo, cuando en realidad de lo que se trata es de socavar las simientes del obsoleto orden machista y resignificar la manera en las que nos amamos, existimos y convivimos. Más allá de la expresión de género que cada una asuma debe existir un compromiso inquebrantable con la destrucción del orden patriarcal. Una lesbiana autoritaria, represiva y coercitiva, que asume su masculinidad desde la lógica hegemónica, es una contradicción en sí misma y le hace un flaco favor al feminismo lésbico, es una cómplice más del sistema de agresores.

Foto principal: Producciones y Milagros Agrupación Feminista, A.C.

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Militante negra y lesbiana feminista de Venezuela. Escritora, productora audiovisual y docente comunitaria. Constructora de un mundo multipolar y pluricultural, antirracista, anticapitalista y antiimperialista.

One Comment

  1. si bien entiendo lo que quieres decir, puesto que tambien me ha pasado, no pienso que la desición de una lesbiana de masculinizar sus modos sea el problema ni sea contradictorio a ella misma, porque significa afirmar que el género es ontológico. Cada quien puede tomar su decisión segun como se sienta comoda consigo.
    El problema es cuando desde afuera quieran imponer un rol y no respetan la decisión de ser de cada quien ni de como decidan vivir su relación.

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