“Masacre en el Estadio” nos recuerda que Estados Unidos no ha dejado de intervenir en los asuntos de América Latina

FOTO: goo.gl/kahUPm

Llevamos varios días de tensión, leyendo y escuchando, en medios de comunicación sobre una posible invasión de Estados Unidos a Venezuela en nombre de la “democracia y la libertad”. Los latinoamericanos conscientes de nuestra historia, conocemos el significado de esas palabras en la boca de un mandatario estadounidense. No han sido pocas las veces que el gobierno de los Estados Unidos ha promovido una invasión, un golpe de Estado o maniobras para desestabilizar a un gobierno de la región con el propósito de proteger sus intereses económicos.

Hace pocos días la plataforma de streaming Netflix estrenó “Masacre en el estadio”, el cuarto episodio de la serie Remastered, dedicada a las historias de músicos de renombre. En este episodio el artista protagonista es Víctor Jara y la historia se centra en su asesinato a manos de la dictadura chilena de Augusto Pinochet. El cantautor fue asesinado el 16 de septiembre de 1973 con 44 disparos en el ex Estadio Chile, hoy Estadio Víctor Jara.

Aunque el capítulo dirigido por Bent-Jorgen Perlmutt, se centra en las circunstancias y seguimiento del caso del asesinato de Jara a manos de un ex militar de la dictadura y, no se conecta de manera directa con la reflexión que aquí propongo, sí que nos sirve de punto de referencia para pensar la permanente intervención norteamericana en los asuntos de estado de los países de América Latina, ya sea por vía diplomática o directamente participando en golpes de estado o invasiones militares.

Proteger la “quinta libertad”

El lingüista y activista norteamericano Noam Chomsky, conocido por sus críticas a la política exterior de su país, construye el concepto de la “quinta libertad” para explicar a lo que apelan los sucesivos gobiernos estadounidenses para justificar la injerencia e intervención, de todo tipo, en los asuntos de América latina y del mundo entero. El concepto de Chomsky es la continuidad de las cuatro libertades que según el expresidente, Franklin D. Roosevelt, en 1941, debían defender los norteamericanos: la libertad de expresión (“freedom of speech”), la libertad de credo religioso (“freedom of worship”), la libertad ante la necesidad (“freedom from want”) y la libertad ante el miedo (“freedom from fear”). La quinta libertad, dice Chomsky, es la libertad de saqueo y explotación que se adjudica USA para proteger los intereses de sus multinacionales y el mantenimiento de sus privilegios como neo-imperio. En muchas ocasiones la defensa de esa quinta libertad se ha justificado con la protección de las otras cuatro.

En Masacre en el estadio se evidencian las tácticas que el gobierno norteamericano viene utilizando en América desde hace casi dos siglos para proteger sus privilegios y los de sus empresas, es decir, para poner en marcha la defensa de su quinta libertad. Con la Agencia central de Inteligencia –CIA- como interlocutor y ejecutor de sus planes, podemos ver como se movilizaron huelgas en contra del gobierno de Salvador Allende (como la de los camioneros que paralizó el país), se creó un clima de crispación con ayuda del diario de derechas El Mercurio, y se apoyó el bombardeo de la casa de la Moneda y la ascensión de Pinochet al poder.

Los archivos descatalogados de la CIA, del subcomité de inteligencia del senado de los Estados Unidos, la información de algunos medios de comunicación en ese momento y muchos documentos confidenciales de las multinacionales implicadas en el golpe de Estado contra Allende comprueban y amplían lo que el documental denuncia: detrás del golpe de estado hubo una conspiración auspiciada por el gobierno norteamericano. Los documentos desclasificados describen cómo el entonces presidente norteamericano Richard Nixon y su asesor Henry Kissinger se aliaron con multinacionales, políticos locales y el diario El Mercurio para desestabilizar el gobierno de Allende, primero, y para promover, financiar y mantener un régimen de facto después, un régimen que apartaba la “amenaza comunista” de sus intereses.

El conocido como plan ITT-Kissinger-Frei, una alianza entre la International Telegraph and Telephone Co (ITT), multinacional de telefonía, el gobierno de Nixon y el anterior presidente chileno, se encargó de elaborar una estrategia de apoyo al partido de Frei así como del descrédito de Allende y de su partido, Unidad Popular. “El caso de la ITT fue especialmente grotesco porque se implicó de forma directa en el apoyo económico al PDC (Partido Demócrata Cristiano) y a la candidatura de Frei, además de embarcarse en toda una serie de estrategias, conspiraciones secretas e informes a la CIA y al Senado de los EEUU para impedir el triunfo de Allende.”[1]

Por su parte, la conspiración que involucró a El Mercurio, el diario con mayor difusión en Chile, y a su director Agustín Edwards, con el golpe militar de Pinochet fue una maniobra directa de Nixon y del director de la multinacional Pepsi Cola, Donald Kendall, quien fue no sólo jefe de Nixon cuando trabajó para esa corporación, sino que tuvo mucho que ver en el ascenso de su carrera política hasta la presidencia de USA.[2]

Si como he dicho, Masacre en el estadio, no se centra en denunciar la intervención norteamericana en el golpe militar chileno de 1973, sino en el asesino de Víctor Jara (quien curiosamente hoy goza del privilegio de ser ciudadano estadounidense después de que huyera de Chile), es claro que todo lo ocurrido antes, durante y después del golpe estuvo conectado con las maniobras norteamericanas. Por supuesto este no es el primer documental en denunciarlo y posiblemente no sea el último, pues aún quedan por desclasificar muchos documentos catalogados como de “alto secreto” a los que ni la prensa ni los investigadores han podido acceder.

Masacre en el Estadio y Missing

En el documental de Netflix aparece junto a Joan Jara, la viuda de Víctor Jara, otra mujer que lleva años luchando porque se sepa la verdad detrás de la masacre ocurrida en el estadio de Chile. Se trata de Joyce Horman, esposa del periodista Charles Horman, quien fue detenido por el ejército chileno después del golpe de estado y desaparecido tras su detención en el mismo estadio en que estuvo Jara.

En 1982 el director Constantin Costa-Gravas decidió llevar al cine la historia de la desaparición de Horman, a partir de un libro escrito por Thomas Hanser. Missing, conocida en castellano como “desaparecido”, se estrenó unos años después del golpe de Estado chileno, y en el contexto de un continente latinoamericano plagado de dictaduras; constituyéndose así, en uno de los primeros documentos fílmicos en denunciar la intervención norteamericana en Chile. La película, que estaba a caballo entre el documental y la ficción del thriller de suspenso, narra el periplo emprendido por el padre y la esposa de Horman para encontrar al periodista desaparecido en medio del caos que siguió al golpe militar. Por lo visto, la desaparición de Horman estuvo relacionada con lo que él sabía y  estaba dispuesto a denunciar sobre la complicidad del gobierno norteamericano y la CIA con los militares ejecutores del golpe de Estado.

El Diario El País, de España, registraba la presentación de Missing en 1982, así: “El estreno en EE UU de Missing congregó a artistas, críticos y políticos, con diversidad de opiniones a la hora de valorar la obra. “Un acto de propaganda política”, dijo un funcionario del Departamento de Estado. “Es completamente falso”, añadió un agente de la CIA, rechazando toda implicación de Estados Unidos en la desaparición de Horman.”

Hoy, ambas mujeres, Joan y Joyce, se han convertido en las abanderadas de una lucha, ya no sólo contra la dictadura chilena, responsable directa de los asesinatos de Charles y Víctor, sino contra las maniobras de intervención de los sucesivos gobiernos norteamericanos en la política y los gobiernos de América latina. A Joan la justicia norteamericana le ha brindado un triunfo al condenar civilmente al militar responsable del asesinato de Víctor Jara, aunque eso sea poco para lo que lleva buscando durante más de cuarenta años.  A Joyce, en cambio, la justicia de su propio país le impide que sea juzgado el que ella considera es el directo ejecutor del asesinato de su marido: el ex asesor Henry Kissinger.

Ambas historias, ambos documentos fílmicos, nos dejan claro que los norteamericanos no han parado de intervenir en la política de América latina desde 1823, fecha en la cual la “doctrina Monroe” declara que América Latina se considera “esfera de influencia” para Estados Unidos, o lo que es lo mismo, el “patio de atrás” de USA, un territorio que no sólo abastece de materia prima a Norteamérica a precio de risa, sino que supone su zona “natural” de expansión, tanto política como militar.

Lo hicieron en Chile, en Nicaragua, en el Salvador, en Panamá, en Argentina, en Cuba, en República dominicana, etc., y ahora lo hacen en Venezuela sin que nadie, más allá de los afectados, lo denuncie. Los mismos métodos, los mismos actores, las mismas tácticas sucias, la misma “ética” del vale todo con tal de proteger sus privilegios. Y por supuesto ningún gran medio de comunicación lo denunciará hasta cuando sea muy tarde…

Foto principal tomada del portal Mu Home and Yours: goo.gl/cqdgBL

[1]   García García, Jose Ramón y María José Portela. Desaparecido: Las dictaduras militares del Cono Sur. En: Gloobal.net. Disponible: http://www.gloobal.net/iepala/gloobal/fichas/ficha.php?entidad=Textos&id=19769&opcion=documento

[2] Verdugo, Patricia. Allende. Cómo la casa blanca provocó su muerte. Catalonia, Santiago de Chile, 2003.

Periodista, comunicadora social, doctoranda en Derechos Humanos y activista migrante. Soy Bogotana pero desde hace doce años vivo en Barcelona, donde reparto mi existencia entre la academia, el activismo contra las estructuras coloniales y racistas de la Europa fortaleza, el cuidado a animales no humanos víctimas del abandono y la construcción de vínculos de poder con otros y otras como yo.

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