Escuela Feminista Decolonial: una política de resistencia

FOTO: Zoraida Zevallos
Publicado en: 2019-01-22

Para comenzar, debo decir, que esto que escribo, lo escribo desde mi experiencia, desde mi lugar como mujer negra senegalesa que vive como migrada en España y lo menciono porque esto es parte fundamental no solo de lo que vivo y he vivido sino además de mis reflexiones.

En la Red de Migración, Género y Desarrollo, colectiva en la cual activo, llevábamos varios años reflexionando sobre la necesidad de contar con un espacio propio donde evidenciar nuestros saberes, aquellos que vienen de nuestro activismo feminista no sólo de aquí, en Catalunya y Europa, sino de nuestro activismo en nuestros territorios de origen; y también de aquellos que vienen desde nuestra experiencia de resistencia a la opresión racista, clasista y patriarcal.

Evidenciamos que en Europa a las mujeres que venimos de diversos orígenes se nos reconoce sólo como testimoniantes, con poco valor académico y sin capacidad de aportar a la epistemología feminista. Estábamos cansadas de ver que las “expertas” eurocéntricas hablaran por nosotras y decidimos impulsar la Escuela Feminista Decolonial que denominamos política de resistencia, porque es una acción de transformación hacia otro mundo posible, una manera de generar nuevos reconocimientos y liderazgos.

Y ¿por qué sobre feminismo decolonial? Porque venimos de un feminismo que no es eurocéntrico, ni etnocéntrico, ni occidental, ni occidentalizado. Porque venimos de un feminismo de raíces originarias, es decir, somos predecesoras de las mujeres que resistieron al colonialismo que dividió, extirpo, destruyó cuerpos y territorios en los continentes denominados África, América Latina y Asia. Y porque tenemos presente la memoria histórica de nuestros pueblos y sabemos que el colonialismo nunca se fue de nuestros territorios y que continúa dañando, asesinando, violentando, robando los recursos y explotando.

Venimos de un feminismo que no sólo cuestiona el patriarcado, sino las otras formas de opresión como el racismo, el clasismo, el fascismo, el capitalismo y el antropocentrismo, que son todos hijos de un solo sistema, el sistema colonial. Nuestro feminismo es decolonial, nuestros vínculos vindicativos no se quedan sólo en el espacio local, sino que tienen lazos muy fuertes con los movimientos de mujeres que luchan por el territorio tierra y el territorio cuerpo en nuestros países de origen. Porque un feminismo decolonial no es aquel que se mira el ombligo en lo local, sino aquel que internacionaliza la lucha y resistencia denunciando las estructuras de poder colonial en todas partes, que hace vínculo transformador no sólo desde el discurso, sino también desde la acción directa de apoyo a luchas de compañeras en territorios de origen.

La gestión de la rabia y la indignación frente a la racialización

Dicen que las feministas decoloniales nos asumimos “racializadas” y no queremos dialogar con los feminismos “no racializados” o “blancos” porque no comprenden nuestras luchas, ¿qué puedo decirles? Para nosotras la opresión racista, sumada al clasismo, al capitalismo, al heteropatriarcado entre muchas más, implica tener que enfrentar una realidad muy cruenta y de grandes desafíos para las personas y comunidades que estamos siendo afectadas, como por ejemplo la comunidad africana que vive en Europa.

Es lógico que nos venga la indignación y la rabia cuando encontramos poca “sororidad” entre las compañeras feministas europeas. Es lógico que algunas se relacionen desde la confrontación. Sin embargo, no es nada saludable mantenerse en la confrontación vindicativa permanente, porque daña y alimenta el ego de manera individualista y hace que nos señalemos como quién es mejor o peor feminista. Tenemos que entrar al debate con aquellas que tienen prácticas etnocéntrica y racistas, porque formamos parte de un vínculo de transformación: la lucha feminista. Y entrar en los propios espacios a hacer voz, palabra y presencia. Nosotras hemos decidido tomar la voz, la palabra, la presencia y la acción con legitimidad auto otorgada en diversos espacios allí donde acciona el feminismo blanco. Aunque les cueste reconocernos, tendrán que comprender y asumir la diversidad. Nosotras no precisamos de la confrontación para darnos visibilidad y presencia, sino de evidenciar nuestra propia voz, palabra y acción autónoma en coherencia y haciendo alianzas insólitas, como bien dice nuestra hermana María Galindo.

Desde la Red de Migración, Género y Desarrollo creemos que es importante sumar con presencia, con debate, con diálogo, con dignidad y sin miedos. Dicen que el diálogo no se construye entre las personas que piensan igual, sino entre las que piensan diferente, y ese es el desafío entre la diversidad feminista. Y eso es lo más transformador cuando se logra. Sobre todo, tomarse el espacio desde el cuerpo y la voz diversa allí donde podríamos decir que es un espacio feminista eurocéntrico para transformarlo. Nosotras ni nadie tiene que pedir permiso a nadie para estar, mucho menos entre feministas.  Debatir y dialogar sin sentirnos menos, ni diferentes porque ellas son blancas y nosotras no. La lógica de centrarse en la confrontación y criticar desde afuera es una práctica socializada en el capitalismo. El capitalismo nos ha enseñado a estar divididas, a ser sectarias, a alimentar los egos y la competencia entre grupos y debemos evitar la lógica capitalista de organizarnos. De lo contrario, la confrontación dentro del movimiento feminista estará haciendo un favor al sistema actual colonialista. Y lo digo yo, una negra africana senegalesa. No negamos que hay prácticas racistas y etnocéntricas en ciertos feminismos blancos y eurocentrados, claro que sí las hay. Lo que no podemos hacer es generalizar y romper los vínculos con otras compañeras que tienen prácticas de reconocimiento mutuo y sinérgico, que cuestionan sus privilegios y con las cuales nos reconocemos en horizontalidad.

Nosotras no negamos el sentir rabia, indignación o decepción al ver incoherencias dentro del propio movimiento feminista; y tampoco podemos quedarnos en silencio, tenemos que evidenciarlas. Sin embargo, no podemos tener como bandera permanente de nuestra lucha esa rabia que genera confrontación. Es fácil conectar con discursos cargados de rabia y con actitudes de confrontación, más si estamos denunciando opresiones como el racismo. Es fácil generar personas adeptas y seguidoras porque es una actitud reactiva. Sin embargo, lo difícil y lo desafiante es conectar desde la transformación vital, desde la construcción de sinergias colectivas, del tejer alianzas insólitas, desde la pérdida del miedo a debatir entre compañeras diversas y desde la propia autocrítica. Ésa es nuestra apuesta frente al auge del fascismo y del heteropatriarcado. Hemos de evitar quedarnos sólo en luchas identitarias cerradas, y transformarlas así en luchas diversas e integrarlas de manera comunitaria desde la diversidad. Reconocer que hay hermanas feministas europeas que han establecido alianzas muy fuertes con hermanas que resisten en nuestros territorios de origen, feministas que han trabajado sus privilegios blancos y con las que nos hemos hermanado en la lucha, feministas europeas que incluso apoyan acciones de las feministas decoloniales en diversos contextos. Por ello, quedarse con la rabia no es ni saludable ni nada transformador en la lucha feminista diversa.

No nos agrada asumirnos racializadas

A nosotras no nos gusta asumirnos “racializadas”, la racialización ha hecho mucho daño porque es una ideología y una práctica de desvalorización, de desprecio y de violencia hacia quien se le considera diferente tanto a nivel de fenotipo, genotipo y también a nivel cultural. La racialización afirma que hay muchas razas, y raza hay una sola, la raza humana. Además, el término racialización viene del análisis académico, y hemos de ser muy críticas con los conceptos e ideas que vienen desde la academia y no utilizarlos gratuitamente como si fueran innovadores. No todo es válido porque venga de la academia. Nosotras no queremos reforzar esa racialización, asumiéndonos “personas racializadas”, porque aunque sea para denunciar, el asumirnos racializadas nos relega a esa definición, como si fuera inherente a nosotras.

Somos, como señala una de nuestras compañeras de la organización, “existencias sintientes diversas únicas que formamos parte de una gran comunidad, la comunidad humana, en su más amplia diversidad”. Nuestra apuesta es por lograr que esa comunidad asuma y reconozca su diversidad y accione en comunidad. Obviamente es un camino más difícil y desafiante, porque quienes han luchado bajo esta óptica son más peligrosas para el sistema actual, incluso a muchas las asesinaron. Este sistema se alimenta con los conflictos entre las diferencias. La crítica decolonial feminista sería incoherente si se asume en las diferencias desde el conflicto. Nosotras nos centramos en las diferencias desde el reconocimiento de la diversidad, desde los vínculos vitales y a partir de allí transformamos. Porque en el actual contexto donde se acrecienta el fascismo tenemos que ser responsables y evidenciar que no podemos resistir divididas y confrontadas, sino unidas y organizadas.

Nuestra lucha, por pequeña que parezca, asume una gran responsabilidad en nuestro legado. Es decir, ser conscientes que debemos ser responsables con las generaciones venideras. Aquello que les aportemos será clave para otro mundo posible. Dejarles un legado de confrontación, ruptura, conflicto en las diferencias es muy dañino. Por ejemplo, mi nieta tendrá unas bases sólidas desde mis saberes de resistencia a las opresiones, desde mi vitalidad y resistencia de transformación en diversidad, desde la suma colectiva, no desde el conflicto. La manera cómo haga este camino le permitirá a ella continuar. Estoy segura que este legado le servirá como referente y energía de cambio.

Evitar homogenizar al colectivo de mujeres migradas

Así como evidenciamos que dentro del feminismo europeo hay relaciones de poder entre la diversidad feminista que lo integra, también existe diversidad entre las mujeres migradas activistas. No es lo mismo una compañera africana sin papeles que una latinoamericana que estudia en la universidad y enseña allí. No es lo mismo una latinoamericana negra que una latinoamericana de orígenes europeos. No es lo mismo una compañera latinoamericana que trabaja sin papeles como empleada del hogar que una que tiene papeles y tiene un contrato de trabajo. No es lo mismo la realidad de una compañera marroquí que la realidad de una compañera china. No es lo mismo una mujer migrada que en su país de origen tiene privilegios económicos y aquí dice tener opresiones que una compañera que no tiene privilegios en su país de origen y tampoco aquí, en el país de destino. No es lo mismo los lazos ideológicos pasados, vinculados a las luchas contra las violaciones de derechos humanos de las mujeres de algunas personas migradas, en sus países de origen; que los lazos vigentes de luchas y resistencias con el movimiento de mujeres de sus países de origen de personas migradas que siguen activos en las sociedades de destino. Son diversas realidades. Lo importante es tener conciencia de esa realidad.

Dentro del colectivo de mujeres migradas ninguna puede decir que representa a toda la comunidad de mujeres migradas. Ni puede decir que es más radical que la otra. Cada cual ha de tener su espacio, su liderazgo, y se han de respetar y reconocer esos liderazgos. Lo más transformador es qué hacen las que tienen privilegios para contribuir a la transformación. Lo desafiante es hacer alianzas que contribuyan a que las compañeras que tienen mayores dificultades puedan superarlas. Lo significativo es reconocer el saber situado más que el académico dentro de esos privilegios. Por eso nace la Escuela Feminista Decolonial, porque en nuestra organización existe esa diversidad, de las que tienen y no tienen papeles, de las que tienen contrato y las que no, somos de diversos orígenes africanas, latinoamericanas, caribeñas, asiáticas y en esa diversidad estamos unidas.

¿Qué implica participar en la Escuela Feminista Decolonial?

Implica compartir saberes, cuestionarse los propios privilegios, así como el reconocimiento colectivo e individual y el tejer redes y alianzas. No se trata de aprender la teoría del feminismo decolonial y apropiarse de ella para el uso y beneficio propio, sino comprender su manera de ver el mundo, de sentirlo y de pensarlo. Implica generar el camino para emancipar nuestras mentes y romper con las fronteras físicas y mentales.

Para la segunda edición de la escuela que inicia en febrero, estamos muy emocionadas por la acogida maravillosa que ésta ha tenido y porque hemos sumado apoyos y voluntades feministas en esta política de resistencia, como Eveling Carrasco de Nicaragua, Zaida Dos Santos de Brasil, Alejandra Londoño de Colombia, Sara Zubillaga de Perú y Mar Maiques, compañeras feministas críticas al colonialismo que participarán con sus saberes y análisis situados. 

*A las compañeras que están en Barcelona y les interesa participar, les animo a hacerlo. Pueden contactarnos a través del correo: escolafemdecolonial@gmail.com

 

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Senegalesa y mujer migrada en España. Presidenta de la Red de Migración, Género y Desarrollo. Activista feminista decolonial y defensora de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres africanas subsaharianas.

One Comment

  1. Hermana, desde el segregado y negro pueblo de Loíza en Puerto Rico un saludo en hermandad, con mi respeto y agradecimiento por esta gesta y para reportar que trabajamos en estructura paralela en el mencionado pueblo: Librería Loíza.

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