Nosotras, de Emilce Quevedo, es la historia que todas podemos ayudar a contar

FOTO: Emilce Quevedo
Publicado en: 2019-01-09

Conocí a Emilce Quevedo en el 2012 cuando coincidimos en el Diplomado de Documental de Creación de la Universidad del Valle, en Colombia. Ella llegó con una beca por su proyecto Nosotras, una exploración por el doloroso hilo conductor de su historia familiar: la violencia que se enquistaba en el cuerpo y en la vida de las mujeres. Había una constante en las historias de vida de su abuela, su madre, sus tías, su hermana. Nacer mujer era el primer agravio. Acumular dolores, abusos, aguante. No estar nunca a salvo. Doblegar la voluntad propia a la del macho alfa de turno. Ser negociada en matrimonio o caer ante la primera promesa de algo diferente. Nunca era diferente. La sumisión como constante. Asumir su suerte. Engendrar hijas. Maldecir su suerte.

Su abuela estaba muriendo y Emilce buscaba los caminos para explorar la historia. Unos meses después del diplomado quedó embarazada y su búsqueda se hizo más apremiante. Orquestándose en ese círculo perfecto de la muerte y el nacimiento, el proyecto le suscitaba nuevas preguntas. Por su rol de esposa, de madre. Por sus arquetipos personales de lo femenino.

Entonces llevaba su cámara a las reuniones familiares y lanzaba preguntas. Las mujeres están sentadas a la mesa y hablan todas a la vez. Entre el nudo de voces se cuela la de la tía que cuenta que fue obligada a casarse a los 17 años con un hombre de 52. A su cara de desamparo se superpone la voz de su hermana que, entre carcajadas, recuerda el refrán que escucharon entonces, a burro viejo, pasto biche. Vienen de Cite, un municipio en la provincia de Vélez, Departamento de Santander, en Colombia. Allí se reunen para atender a la madre enferma. Las mujeres desgranan maíz y bajan la voz cuando la tristeza se cuela en los recuerdos. Le piden que apague la cámara. Otras veces le hablan de frente. De infancias sitiadas. Del miedo. De sus hijos muertos. Del resentimiento. La rabia se trenza con la culpa de reclamar el afecto que tampoco supieron dar cuando les correspondió hacerlo.

En ocasiones se abrazan torpemente, se piden perdón sin mirarse a los ojos. O graban mensajes que Emilce transmitirá a su destinataria en otro encuentro.

Mi abuela engendró 11 hijos. Al primer hijo varón le siguieron 6 niñas. Cuando nació la primera mujer, mi abuelo se fue a dormir a otro cuarto en señal de descontento. A la edad de 11 o 12 años, mi abuelo les compraba a sus hijos un arma y les regalaba un pedazo de tierra. Mi mamá y sus hermanas, en cambio, compartían una toalla entre seis, y mi abuela vendía a escondidas huevos y maíz para vestirlas.

FOTO: Emilce Quevedo

Parecieran cosas del pasado. O remotas. Esa fue la suerte de las abuelas, esa es la vida que vivimos en el campo. Olvidamos cuán cerca están. Obviamos lo problemático que es decirle a un niño que si llora parece una niñita, que sea varón, no nos damos cuenta qué tan pronto los niños aprenden a ejercer dominio y privilegio por defecto sobre las niñas. Decimos que ya está bueno de historias de violencia, de escándalos feministas, pasamos de largo por los millones de titulares de feminicidios, humillaciones y abusos. Pero estamos aquí para dar cuenta una y otra vez de que no son cosas del pasado, ni remotas.

Estamos en la era de la exposición. Ya no hay escondites ni velos capaces de distorsionar ni de distraer. Ver y nombrar son los primeros actos del proceso de sanación personal y colectiva que necesitamos emprender con tanta urgencia. Hago una pausa mientras escribo y me encuentro con la última entrada de la astróloga Chani Nicholas, y no puedo más que transcribir sus palabras:

el proceso de sanación requiere que analicemos las causas-raíz de nuestro dolor. Mientras revelamos de manera colectiva el impacto de milenios de desigualdad estructural y los consecuentes traumas y tribulaciones, nos enfrentamos con la tarea incesante de procesar el daño que nos ha hecho a nosotres y a nuestras comunidades. No es un proceso que pueda sortearse de la misma manera instantánea en la que se revela en la era digital. Los corazones no son timelines. Este trabajo toma su propio tiempo pero también implica un compromiso implacable con la verdad y con lo que nos llama a hacer y dejar de hacer. Los abusos más aberrantes son tan comunes que se esconden a plena vista en el mundo, en nuestras familias y en nuestras vidas una y otra vez. Estos ciclos de abuso deben ser señalados sin cesar si es que han de verse interrumpidos, interrogados y derrocados de nuestro mundo y de nosotres mismes. Es un proceso que exige mucha fuerza, mucho aguante. Requiere de un gran esfuerzo sacar a la luz lo que se ha arraigado a la sombra tanto tiempo.[1]

Es precisamente lo que ha hecho Emilce con su documental. Ese gesto suyo de preguntarse, de ponerle nombre a esos dolores que se desdoblan y se heredan y se ramifican, es valiente. Es una apuesta personal por sanar un legado y exponer el contexto colectivo que lo normalizó tanto tiempo. En 8 años, Nosotras ha pasado por diferentes festivales y laboratorios de creación, pero aún necesita trabajos finales de postproducción para ser exhibida. Para terminarla, se ha iniciado una campaña de crowdfunding con una meta de 50 millones de pesos, de los cuales se han recaudado 9. La campaña cierra el 20 de enero. Esta es una historia necesaria que acude ahora a la solidaridad y el esfuerzo común para hacerse a un lugar importante en el debate, en las voces que cuentan y cuestionan y transforman.

Esta es una invitación abierta a sumarnos a este último empujón para que la historia de tantas de Nosotras salga a la luz.

Pueden encontrar toda la información de la campaña en el siguiente enlace: https://vaki.co/vaki/nosotrasdocumental

Y seguir las noticias y avances de la película en su página web y redes sociales:

https://nosotrasfilm.wixsite.com/misitio

https://www.facebook.com/NosotrasTheFilm/

 

[1] Este fragmento, traducido por mí, hace parte de su artículo del horóscopo para el 2019 que puede leer directamente aquí:  https://chaninicholas.com/2019-horoscope/?fbclid=IwAR09PsUxHvFU9O–K12wTYR_oem_2T7ATxnyIIVM-rBH4wC2mipZIHeelf0

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Socióloga de la Universidad Nacional interesada en la creación de contenidos y la investigación en el campo de la cultura y la sostenibilidad. Vivo en Piedecuesta, Santander, en donde estoy vinculada a varios proyectos colectivos y personales alrededor de estos temas. Me interesa el periodismo cultural y todas las prácticas relacionadas con el consumo consciente.

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