Cali, una ciudad que impulsa el desarrollo sobre el despojo

FOTO: tomada de Revista Semana. Sostenible.
FOTO: toma de Revista Semana. Sostenible.

Si escuchas hablar de la “sucursal del cielo”, tu imaginación revuela sobre la salsa, el río Pance, el chontaduro, el pandebono, el cholao’ y múltiples lugares para hacer turismo. Sí, ese es el modelo de ciudad que los empresarios y los gobiernos locales han impulsado sobre Cali, hoy Distrito Especial. Durante dos décadas, la ciudad de Cali ha venido implementando un proceso de planificación estratégica urbana, que basado en la escuela Harvard implica la adecuación del territorio por urbanización selectiva (es decir, en espacios escogidos con una intencionalidad), con el objetivo de adecuarla para ponerla en venta, tal como si fuera una gran empresa. En dicho modelo hay una descentralización del poder y un nuevo sujeto activo, que toma decisiones sobre cómo ordenar el territorio: el sector privado (Vainer, 2000). Los estudios urbanos han demostrado que las ciudades del mundo y, sobre todo, las de América Latina, hoy concentramos más del 70% de la población mundial (CEPAL, 2005). Si al inicio del proceso acelerado de urbanización no hubo planificación, aspecto que provocó la construcción de ciudades duales (formales e informales), el nuevo modelo de construcción de ciudad sí pretende re construir las ciudades con intereses económicos. El neoliberalismo ha comprendido que la lucha por la tierra no es solo en el campo, sino que las ciudades también cumplimos un rol fundamental y que debe adecuar el territorio urbano para continuar obteniendo ganancias, también desde ahí. Es por ello que a partir de la década de los 90’s, las ciudades de América Latina empezaron a transformarse en un modelo donde prima el mercado y el sector financiero. Ciudades con características de accesibilidad, jerarquía y competitividad. La Banca Mundial le denominó “Sistema de Ciudades”. Nosotros le llamamos “Ciudades neoliberales… Ciudades para el despojo”.

El rol que debía cumplir Cali por su composición territorial, su ubicación estratégica en el sur occidente y cercana al puerto de Buenaventura (que aporta más del 70% del PIB), era ser “empresarial, de logística, turística y de servicios”. De ahí mismo, sus nuevos adjetivos. Y ustedes se preguntarán, ¿cuál es el problema? Pues que la sucursal del cielo se constituye sobre el despojo del territorio de los más desposeídos. Si, David Harvey lo denominó “acumulación por desposesión” (2004), una nueva forma de acumulación originaria que implica urbanizar selectivamente, fundamentalmente en territorios informales, con la intención de renovar dicho espacio y darle otro uso para el mercado. Este proceso también implica la “Gentrificación”, es decir, la transformación de un espacio deteriorado para abrir paso a una nueva clase social con mayor capacidad económica. Este es el caso del Plan Jarillón del Rio Cauca y Obras Complementarias – PJAOC, un macroproyecto del municipio y el Fondo de Adaptación de alrededor de 823.000 millones de pesos, que se implementó bajo el discurso de la reducción de riesgo de inundación asociada a los diques del río, que tiene la intención de reforzar 17 km de terreno y, que para ello, deben reubicar alrededor de 8777 familias (Plan Municipal de Desarrollo 2015-2019), quienes habitan el territorio desde hace más de 40 años. Lo que no le socializaron a la comunidad caleña, es que el Plan de Ordenamiento Territorial (2014) contempla la navegación del Río Cauca, que implementaría no solo el transporte de mercancía vía fluvial, sino también un proyecto turístico sobre el Jarillón. Pero el conflicto va más allá. El proceso de reubicación es casi nulo y se convirtió en una clara acción de desalojo forzado y violento, que hoy tiene a más de 400 familias sin un techo donde vivir. Según informes de la Contraloría General de la Nación, se evidencia que existe un carrusel de dineros por pagos de indemnización, sobrecostos, cifras incongruentes y engañosas, y falta de planeación del proyecto (El Espectador, 2017). Por otro lado, el caso del Jarillón no es el único, también existe despojo en otros planes parciales como “Ciudad Paraíso”, “Cortijo y Valle del Lili”, “Pance”, “Parques Farallones” y otras afectaciones a sectores concretos como el Barrio La Paz y Los Lagos, en donde se pretende reubicar a todas las familias despojadas, creando conflictos sociales y por el territorio.

Como vemos, el modelo de ciudad de la “sucursal del cielo” que los gobernantes de turno y el sector empresarial pretenden, es el de un Distrito Especial cuya matriz productiva sea financiera y de servicios, en función del mercado. Pero este modelo se ha cimentado sobre los sueños de quienes ya habitaban el territorio, siendo despojados de sus viviendas y desplazados a vivir en el Distrito de Aguablanca o en los sectores más alejados, que no torpedeen los sitios turísticos de la ciudad. Una ciudad que está hecha para la industria salsera internacional, pero no para quienes en el barrio la sabemos bailar. Es por ello que la resistencia de quienes nos oponemos a que destruyan nuestros sueños, hoy habita en nuestros corazones. Son múltiples las acciones tanto jurídicas, como de protesta social que hemos emprendido. Movilizaciones, acciones culturales, una toma pacífica a la iglesia La Ermita (insignia caleña), acciones en el territorio y diversas tutelas, han sido nuestra herramienta para expresarle al gobierno de turno, que no estamos de acuerdo con su modelo. Ese es el caso de las comunidades de Brisas del Cauca, quienes llevan más de 100 días en resistencia en las instalaciones del Concejo Municipal. Continuaremos en resistencia urbana defendiendo el territorio, expresando que no nos oponemos a los avances de planeación que necesita la ciudad, pero que éste no puede pasar por encima de nuestros sueños. Los gobiernos deberán consensuar con las comunidades sin imposiciones y construir políticas que consoliden una Cali donde prime el derecho a la ciudad, con vivienda digna y derechos sociales para todos y todas.

 

(Constructora de sueños de vida digna en la ciudad de Cali.)

Constructora de sueños de vida digna en la ciudad de Cali. Feminista popular y líder social del proceso Ciudad en Movimiento, con énfasis en derecho a la vivienda digna y lucha popular institucional. De formación profesional politóloga y urbanista.

One Comment

  1. Las dinamicas de ocupación territorial que hoy se implementan en las ciudades colombianas avanzan sobre dos nociones complementarias pero contradictorias en nuestras ciudades. Por una parte, un discurso de la planificación y el ordenamiento del territorio amarrado a las ideas de sostenibilidad y resiliencia, que ae empoderan en todas las instituciones. Pero en segunda instancia esta la lógica de la ciudad de proyectos al servicio de los intereses del capital nacional y transnacional.
    Lo que vive Cali y los habitantes del jarillon del rio Cauca se repite en buena parte de nuestras ciudades hoy en dia. Las nuevas lógicas de la gestión urbana de manos del mercado especulativo, financiero e inmobiliario no reconoce las poblaciones, reconoce las oportunidades de negocio en el territorio y los territorios mejorados que han construido las comunidades es un plato muy tentador para el mercado. Por eso el aumento de la exclusion, el despojo y las "nuevas" viejas practicas del urbanismo como la gentrificación.
    El reto de los sectores populares y sus procesos esta en ir más allá de la movilización y la denuncia construyendo alternativas de ordenamiento en nuestros territorios. Para los sectores populares la ciudad no esta a la venta, la ciudad es el espacio para la vida digna. He allí la tarea colectiva que tenemos de pasar de la idea y la consigna a la materialización de la misma.

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