Feminario Mandálico

FOTO: Natalio Pinto

Hoy estamos sentadas en círculo de yoga tántrico.
Mujeres, hermanas, compañeras, amigas… conocidas, extrañas…

Yo inicio el ritual de presentación colectiva con un ovillo de lana cobriza entre mis dedos…
Mi lengua es imperfecta.
Hablo en lengua retórica amalgamada por la savia entraña de la tierra creciente y palpitante.
Hablo en imágenes, en poesía hecha de plumas.
Me nace el principio esencial de la palabra robusta
que me rescata de la bruma y el silencio dormido en el inconsciente.
Emergen palabras evocativas adheridas en las paredes de mi útero-amapola,
un encantamiento de sílabas me despiertan y abren puertas y laberintos;
en mis manos se vuelven criptogramas, conjuros, ecos, gritos, silbidos, tambores
que me hacen vibrar el esternón del alma.
Palabras de poder chamánico colmadas de pétalos líquidos,
palabras desnudas de culpas, miedos, dudas, mentiras, rencores, pecados e infamias
que expulsan las viejas agonías y hasta las heridas verticales más microscópicas
que me cobijan a diario en el estupor solitario de la noche.

Me nombro en la ronda. Me escucho nombrarme…
Esta soy yo Dinah Orozco Herrera… cuento algo de mí…
Soy el soplo de vida que fluye de regreso desde los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos, las cuatro estaciones: el sol, la luna, el fuego, la lluvia y el viento.
Soy la memoria pupilar de mis espíritus, en mí nadan seres antiguos, trazan su mapa de signos.
Soy la voz arquetipal de mis ancestras.
Nombraré a todas las esclavizadas, asesinadas, ahorcadas, quemadas, violadas, desaparecidas, explotadas, golpeadas, discriminadas, desterradas:
Agustina, Catalina Luango, Polonia, Matamba, Nzinga, Wiwa, Orika…
Soy un círculo-mandala que corazona la huella de todas las mujeres que me precedieron
[y que he sido al mismo tiempo]
ese linaje femenino de Sí-misma, viviendo a través de mí y sanando junto a mí
con la Conciencia absoluta, entera y luminosa.
Soy la sangre silenciada re-existiendo, resistiendo, in-surgiendo como espuma salitre de mar.
Soy la sangre múltiple de cada una de ellas bendecida, honrada, celebrada.
Soy la resonancia de su canto heroico, su plegaria en armonía esperanzada,
su emoción que duele en la parte más profunda del paladar,
y estoy aquí para engendrar semillas en su nombre
Hoy me levanto en la órbita del aire como un colibrí.

Entonces, comienzo a recordar la historia de aquellas mujeres embrionarias
que menstruaban todas en la misma fecha…
Juntas… comprendían que esos días de ofrenda a la luna roja eran especiales…
Sentían bajo sus faldas manchadas de barro la fuerza-madre del centro del universo,
y un misterio de sacrificio lunar las volvía más intuitivas, más sabias, visionarias, generosas…
Sangraban al mismo tiempo una llovizna escarlata de aguas cósmicas
que se escurría sobre las hebras de sus vientres de arcilla,
y todo se aromatizaba con el drenaje de ese olor a hierro.
Pero no sólo estaban en sintonía las fuentes hormonales de su sistema arbóreo,
sino también su energía psíquica se alimentaba, se sostenía, se acompasaba,
se conectaba con el eterno retorno de los ciclos de la naturaleza… esférica… coagulante…eterna…

Luego, le paso el ovillo a otra compañera… al azar… que asimismo cuenta quién es…
se descubre también en lo negado, lo oculto, lo callado, lo no dicho, lo temido, lo soñado…
Y suavemente…nos vamos abriendo al contacto con la otra… a su territorio arcano…
las palabras manantiales nos acercan… y el ovillo se desliza entre nosotras… de mano en mano…
Algo muere en nosotras, se agrieta, se evapora, se desvanece…
dejaron de pesarnos los pensamientos que cargábamos de niñas.

El acto perlocutivo de la palabra curativa nos resplandece las venas,
se vuelve sagrado, metafísico, primordial
forma una red secreta de yantras contemplativos, un cálido tejido de proxemias y kinesias
desde la complicidad de las miradas, las sonrisas, las sorpresas…
reintegra nuestros fragmentos corporales,
restituye el ejercicio de un poder que durante siglos nos fue usurpado.
Se vuelve a producir la raigambre alquímica de la Eva negra mitocondrial,
como en los orígenes milenarios de la creación,
cuando las diosas se sentaban en el mismo trono de los dioses
mucho antes que el patriarcado se inventara
el teorema de la maldición bíblica sobre nuestros cuerpos.

Foto: Natalia Pinto. Tejedoras de Ananse en la clausura del Foro Internacional sobre Feminicidios en grupos Étnicos – Racializados, Buenvanetura, 2016.

(Barranquilla-Caribe Colombiano) Licenciada en Educación, Magíster en Lingüística y Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo. Docente de la Universidad Distrital. Activista y militante afrofeminista y poeta afrocolombiana.

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