¿Y cómo va la paz en Colombia?

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FOTO: Nadja Drost

Entrevistamos a Sonia, ex combatiente de las FARC para conocer su opinión

Luego de cinco años de negociaciones, la mayoría de ellos en La Habana (Cuba), el 24 de noviembre de 2016 el Gobierno Nacional de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (Farc-EP) firmaron un acuerdo de paz, con el objetivo de ponerle fin al conflicto armado que vive el país hace más de cincuenta años.

Revista Marea conversó con Sonia, una excombatiente de 32 años que, luego de vivir la guerra durante 16 de esos años, hoy vive en Bogotá y se mantiene vinculada activamente al partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común [1].

Sonia, cuéntanos de tu experiencia en las FARC

Yo ingresé a la edad de 16 años a la guerrilla, al 10º Frente (en Arauca). Ingresé porque era algo que me llamaba la atención. Uno escuchaba hablar a los excombatientes de una lucha, un cambio, cosa que uno estando afuera ignoraba. A mí me gusta trabajar para que otros vivan mejor, esa fue una de las motivaciones para irme a las FARC.

Yo considero que mi experiencia en la guerrilla es una de las más bonitas que he tenido como ser humano. Aprendí no solamente a quererme como persona, sino también a querer a los demás sin distinción de raza, ni nada de eso. Aprendí el compañerismo, la solidaridad con los demás, a trabajar por un colectivo, a luchar por un colectivo y no tanto por lo particular. Para mí eso es algo muy fructífero, porque uno desde afuera se mira mucho la individualidad, que la gente no se preocupa por los demás, sino por el bien propio.

Aprende uno cosas diferentes, mira al mundo desde otra perspectiva. En mi caso, mi familia es muy religiosa y a uno le enseñan que las cosas son así porque Dios lo ha querido. Y uno llega a la guerrilla y estudia cosas que demuestran que las cosas no son así. Que si hay pobres no es porque Dios lo quiera, sino porque hay una clase que oprime y explota a la gente y por eso hay pobreza.

Me formó como ser humano. Las FARC fue una escuela en la que tuve la oportunidad de aprender muchas cosas; para uno es su otra familia, son sus hermanos de lucha.

¿Cómo se vivió el momento de decidir hacer un Acuerdo de Paz?

Nuestro propósito siempre fue firmar un Acuerdo de paz. Estábamos preparados para eso. El lineamiento era que estábamos en armas, pero que cuando fuera posible haríamos un acuerdo con el gobierno que beneficiara, no tanto a nosotros como combatientes, sino a todo el pueblo colombiano. En ese sentido estábamos preparados.

También se viven tensiones. Uno dice: “¿será que el gobierno sí nos va a cumplir? ¿Qué tal que no nos cumpla?” Uno tiene esas preocupaciones. Pero dijimos, “las FARC no es un ejército que profese la guerra, si hay una oportunidad de llegar a un acuerdo con el gobierno para firmar una paz, lo hacemos”. Bajo ese principio estábamos trabajando.

¿Cómo fue la participación de las mujeres en el Acuerdo?

La participación de la mujer y la inclusión de género en los acuerdos fue una petición de las mujeres colombianas y de muchas organizaciones, pues sin la participación de las mujeres el Acuerdo no iba a estar completo, porque es un factor dentro de la sociedad que ha sido discriminado, que ha estado sometido. Entonces, para que haya un buen acuerdo también tienen que estar los factores que siempre han estado subyugados, sometidos y en esos estamos las mujeres colombianas.

Llegaron a La Habana Manuela Marín, Camila Cienfuegos y otras, y empezaron a construir las propuestas desde su experiencia, como mujeres guerrilleras. Cuando se creó la Subcomisión de Género ya iban por el segundo punto. Ellas cuentan que fue bastante duro porque estaban solas, no había apoyo colectivo y no tenían la experiencia, pero le hicieron y le hicieron hasta que consolidaron unas propuestas para incluirlas en los acuerdos.

FOTO: Nadja Drost

Como parte del Acuerdo de Paz, las FARC se comprometieron a concentrarse en las Zonas Veredales Transitorias de Normalización (hoy Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación) y allí hacer la dejación total de las armas. ¿Cómo viviste  ese proceso?

Fue duro porque como guerrilleros estábamos acostumbrados a estar andando de abajo para arriba, no estábamos acostumbrados a estar metidos en un espacio y no salir de ahí. Éramos nómadas y nunca nos estábamos quietos. Estar ahí sentados en un solo sitio, fue duro. Uno va asumiendo las cosas poco a poco.

En lo personal, la dejación de armas fue muy difícil. El arma para mí siempre fue mi compañera, que me defendía, que siempre estuvo a mi lado, que siempre me acompañaba. La preocupación de mucha gente era que el gobierno sólo iba a quitarnos las armas.

El proceso de dejación de armas fue muy rápido, no debió ser así. La idea que teníamos era que se iba a hacer esporádicamente: “el gobierno va cumpliendo, nosotros vamos dejando las armas…el gobierno va cumpliendo, nosotros vamos dejando las armas.” Pero llegó el momento en que para que el gobierno cumpliera, tocaba hacer dejación de armas.

El día que hicimos la dejación de armas y se llevaron los fusiles de la zona yo lloré. Sentía que en esos cajones se iba la esperanza de un cambio para el país, porque las armas eran las que nos habían garantizado todo lo que habíamos logrado hasta el momento y quedó la zozobra de que el gobierno no nos cumpliera.

FOTO: Nadja Drost

Hoy, a junio de 2018, después de más de año de la firma ¿cómo está la situación actual en el tema de reincorporación de excombatientes y de cumplimiento de los Acuerdos por parte del Gobierno Nacional?

Lo que uno puede percibir es que el gobierno no ha cumplido ni el 40% de lo acordado y lo que ha cumplido lo ha modificado a su manera. Debido a eso, muchos excombatientes se han ido para otras partes, han decidido hacer su vida solos, se han ido de sus colectivos, se han ido de los espacios territoriales, se han ido a trabajar por su cuenta. Ven que en un espacio territorial no están haciendo nada y que el gobierno no les está cumpliendo y que los pueden matar, como a muchos excombatientes que los ha matado el paramilitarismo, bandas delincuenciales, que lo hacen para desmotivar y desmoralizar a la gente.

Mucha gente se siente desmotivada, quieren irse del partido, no quieren militar, se sienten abandonados por la dirección. Se sienten como engañados, aunque realmente no fue un engaño porque fue una decisión colectiva, pero se sienten así. Y además toda esa inyección ideológica que les aplican por los medios de comunicación, más los desmotiva.

El gobierno no cumple y esa es la preocupación nuestra. No solo con Santos, sino lo que va a pasar de aquí para adelante con el nuevo gobierno. Porque Duque [2] no dijo que iba a acabar con el Acuerdo pero sí que lo va a modificar y nosotros sabemos que lo va a modificar a su beneficio y que los que vamos a perder somos los excombatientes.

Tenemos que salirle al paso. No debemos desilusionarnos, sino unirnos. Si el gobierno nos ve fracturados, fácilmente nos van a quebrantar y a acabar. Pero si ven que estamos fortalecidos internamente a ellos no les va a ser fácil acabar con el acuerdo y hasta con la vida de los propios excombatientes. Yo creo que el partido debe jugar un papel muy importante en la vinculación y organización tanto de los excombatientes como de la gente del partido, que nos acompañó mucho tiempo en la lucha.

¿Crees que existen retos específicos para la reincorporación a la vida civil de las mujeres excombatientes?

Muchas mujeres excombatientes han tomado su decisión de ser madres de familia y, en este momento, son mucho más vulnerables porque no es lo mismo estar sin hijos a tenerlos. Muchas mujeres en la guerrilla no teníamos la oportunidad de tener hijos y ahora vieron el momento preciso para hacerlo. Es parte del proceso, muchas mujeres salimos ya de edad de la guerrilla, entonces es el momento. Es un desahogo. La familia es algo muy importante para uno, pero ¿qué pasará de aquí en adelante si se agudiza la guerra?, esos hijos son los que van a sufrir todo ese problema. Ellas tenían esa ilusión, algunas mujeres tenemos la ilusión de tener un hijo algún día. En la guerrilla uno se separa de la familia y llega el momento en que quisiera tener ese factor de vivir, de querer tener a alguien al lado.

Para mí es algo bonito por ellas, hacer su familia, sus hogares. El problema no es que tengan sus hogares, sino cómo los manejan, si se dejan someter por el marido, que solamente las vean como ese objeto de la casa. Es bonito que tengan esa oportunidad, porque allá internamente no se da la oportunidad de tener un hogar. Para uno, primero la lucha, segundo la lucha, tercero la lucha. Nadie dice que por tener familia no va a poder salir adelante o luchar. Puede ser un motivo más para luchar.

Yo considero que la camarada Victoria Sandino, con su equipo de trabajo, ha hecho un trabajo muy importante a nivel regional. Uno mira el ahínco de las mujeres por salir a trabajar, están liderando, están en su proceso con sus comunidades, están saliendo de su miedo. Eso se debió al proceso de paz que les permitió a las mujeres fortalecer su liderazgo, les dió una herramienta, un apoyo moral. Sin eso, es más difícil tomar la decisión de decir: “yo voy a luchar, voy a trabajar por las demás mujeres, voy a salir adelante como mujer, que no se me vea como una herramienta de trabajo, sino que puedo aportar en la sociedad”. El enfoque no debe ser sólo para la mujer sino para los excombatientes. No se trata de decir usted es mujer y le vamos a ayudar más y usted es un hombre defiéndase como pueda. La idea es unirnos y sacar adelante todos los procesos.

Ahora que estás en la ciudad ¿cómo ha sido tu relación con los hombres?

Lo que he notado es que la gente es muy agresiva entre sí, se insultan, se discriminan y eso para uno es duro y difícil porque no está acostumbrado a eso. Nosotros estamos acostumbrados a ser compañeros, a cuidar de los demás. Y cuando llegamos aquí nos enfrentamos con eso. De todos modos tenemos una asociación, pero cada uno vive individualmente en su casa y cuando miramos a nuestro alrededor no conocemos a la gente, nos hacen mala cara o uno se monta en un Transmilenio y es terrible.

Y cuando hablo con los hombres que nunca pasaron por la guerrilla percibo que sí tienen muchos prejuicios machistas. Con el trabajo, por ejemplo, todavía dicen cosas como “consigase un marido que la mantenga” y yo aclaro que no necesito a un marido porque puedo trabajar y valerme por mí misma. Y eso es fundamental porque lo que más somete a una mujer es depender de un hombre. Todavía hay muchos hombres que tienen la concepción de que si no son ellos los que hacen las cosas uno de mujer fracasa. Por ejemplo mi compañero actualmente no trabaja y se hace cargo de los oficios de la casa, y otros hombres civiles se burlan de eso. Y esa dependencia o autonomía de las mujeres también tienen que ver con la formación que recibimos en las casas, en la que todavía se dice “consigase un marido que la mantenga”. En mi caso, fue en la guerrilla donde yo aprendí a valorarme como mujer y a decir, “no, yo no estoy para que un hombre me mantenga o me someta, yo soy una mujer que puede salir adelante con lo que me propongo”. Esa es una diferencia fuerte entre la mayoría de los excombatientes y la mayoría de los civiles.

Frente al tema de la partición política, ¿cómo ha sido el tránsito hacia la política sin armas, hacer parte de un partido legal y realizar actividades políticas distintas a las que tenías en la guerrilla?

La participación política es un tema complejo. Los excombatientes llegamos a una sociedad  que mayoritariamente nos vio como su enemigo, como criminales, como asesinos. Hasta el momento la participación política se ha dado según lo que se aprobó en el acuerdo, que son las curules que se acordaron para cámara y senado [3]. También nos dieron la posibilidad de participar en las elecciones a Congreso, pero en los resultados nos fue mal. Y eso es por la dificultad de hacer un trabajo real de pedagogía en tan solo un año y medio y viniendo de la lucha armada, en una sociedad en la que no hay aceptación y en la que se nos sigue viendo desde ese discurso de “terroristas”, del enemigo.

La participación política ha sido difícil por esa falta de aceptación de la gente hacia nosotros y también por las características del sistema electoral, que es un sistema corrupto en el que hay robo o pérdida de votos. Yo considero que la participación política efectiva no es que lleguemos aquí y nos metan a un tarjetón y que el pueblo nos elija. Es que nos den las garantías para trabajar propiamente en lo político y esas garantías no se han dado. El segundo punto del Acuerdo que es la participación política no se ha cumplido porque no hay garantías reales para la participación de nosotros los excombatientes en la política; sin mencionar que sigue habiendo asesinatos y persecuciones a los líderes más sobresalientes y sigue habiendo estigmatización frente a los excombatientes.

Y en el partido ¿cómo han cambiado los procesos de formación, reflexión política y toma de decisiones entre ustedes?

En Bogotá, que es el lugar en el que vivo ahora, ha habido mucho compromiso de la gente y mucho trabajo para fortalecer y hacer crecer el partido. La gente sigue comprometida a pesar de lo duras que son las condiciones. Antes, cuando estábamos en las armas teníamos procesos de formación política más dinámicos, en muchos territorios, y contrario a lo que pasa acá, contábamos con la aceptación de la gente. La tarea ahora está muy centrada en la desestigmatización. Y la gente que hace ese trabajo, y todos nuestros ex combatientes, se enfrentan cotidianamente con la mala cara, con el rechazo, el maltrato y aún así siguen haciendo su trabajo porque son conscientes de que a esa otra gente durante 53 años le construyeron una imagen muy negativa de nosotros. En la ciudad es mucho más difícil el trabajo político que en los territorios en los que estábamos antes. Por otro lado, se ha fortalecido la participación de las mujeres en los espacios. Hay más mujeres ocupando lugares en los escenarios de toma de decisiones. Por ejemplo aquí en Bogotá creamos un espacio territorial y la mayoría de quienes están a cargo de la dirección de la Asociación son mujeres.

Luego de la firma de los acuerdos y de cara al congreso constitutivo del partido FARC, ustedes lanzaron públicamente un documento llamado “Tesis de Mujer y Género” o feminismo fariano, como también se le ha nombrado. ¿En qué consiste esa propuesta?

El feminismo, desde el punto de vista fariano, parte de vincular a las mujeres al trabajo social y de liderazgo. Decíamos que era un feminismo fariano porque vincula a todos. No es un feminismo que dice “si yo soy indígena, estoy aquí a un lado, o si soy negra estoy a este lado y si soy blanca estoy a este otro lado”. No, era recoger todas las necesidades, todos los problemas, todas las situaciones y violencias que padecemos las mujeres y que tengan un solo viraje, no pensamos que la transformación deba hacerse por sectores separados. Claro, eso no significa que no reconozcamos las discriminaciones particulares que viven unas mujeres por su raza, por ejemplo, pero eso no significa que las luchas vayan a parte. Y nosotros queríamos recoger todas esas inconformidades, esas desigualdades y vincularlas.

También es un feminismo que no desvincula a los hombres sino que los incluye y los vincula a la lucha de las mujeres, por eso hablábamos de nuevas masculinidades, de que los hombres no vieran en las mujeres solo un objeto de trabajo, de cuidado, desde la labor reproductiva, y sí a las mujeres luchadoras que pueden sacar adelante procesos. Que los hombres cambiaran en general su concepción sobre las mujeres. Y eso tiene que ver con nuestra historia, porque en las FARC, aunque no podemos decir que no hubiera machismo, nosotras demostramos que podíamos hacer lo mismo que los hombres. Porque si un hombre iba a remolcar, la mujer también remolcaba; si un hombre iba a combate, la mujer también iba a combate. No se dividían las labores según si se era hombre o mujer. Allá los trabajos eran colectivos y todos los hacíamos. Nunca se asumió que porque fuéramos mujeres nos tocara dedicarnos solo a cocinar. Y desde ahí partíamos para crear ese nuevo pensamiento en los hombres para que no nos vean como objeto sexual, o como herramienta de trabajo para ellos, o como sumisas, sino que nos reconozcan como personas que podemos sacar luchas adelante y liderar procesos.

Por esa experiencia que vivimos en la guerra la mayoría de los hombres excombatientes son más comprensivos con las mujeres, se hacen cargo de las labores de cuidado y el trabajo doméstico. No como la mayoría de los hombres que siguen reproduciendo esas concepciones machistas del lugar social de las mujeres.

¿Cómo ves la situación política actual: riesgos, oportunidades?

Es un momento de preocupación, miedo, zozobra que vivimos no solo los excombatientes sino Colombia. Mucha gente se apropió de los acuerdos y realmente no quiere que siga la guerra. Algunos colombianos entienden que si el Acuerdo se cae, no sólo es un problema para los excombatientes, porque se va a volver a la guerra y ¿quiénes van a volver a la guerra? Muchas veces ni siquiera nosotros los excombatientes vamos a volver porque algunos ya tienen mucha edad o por cuestiones de salud. Van a surgir nuevas guerrillas, nuevos grupos armados que seguirán luchando. Y los que van a estar en esa confrontación son los hijos de los pobres, bien sea en el ejército o en un grupo armado al margen de la ley. Los que van a llevar el bulto son la gente del común, porque los ricos se nutren de la guerra, por eso no quieren que haya paz, porque lo que más les da dinero es la guerra, a ellos les sirve sostener esa guerra.

Donde gane Duque [4] va a ser más difícil la implementación de los Acuerdos, la reincorporación, se van a incrementar los asesinatos a líderes y excombatientes. Es un hombre que desde el principio ha demostrado que realmente no quiere el Acuerdo. Toda la gente que está en su campaña ha estado en una actitud amenazante, humillante contra la gente que piensa diferente a ellos. No solamente contra nosotros los excombatientes, sino contra la gente del común que piensa diferente a ellos.

El momento que se está viviendo en Colombia respecto al proceso de paz es complejo. En el Acuerdo se decía que debía haber un gobierno de transición que permitiera el cumplimiento de los acuerdos, pero eso no pasó, en el proceso de ley no quedó. Es algo que nos deja las manos cruzadas, solamente esperar a ver quién va a ganar.

El problema es que la gente de izquierda, que tiene un pensamiento progresista, crítico, pelea entre sí, está dispersa, no se une. Mientras la oligarquía sí se une. No más lo que pasó con Humberto de la Calle [5], Fajardo [6]. Ellos si realmente quieren a su país, se hubieran unido a Petro [7] y obviamente hubiéramos ganado. Ese es un problema que hemos tenido en Colombia, que la izquierda ha estado dividida. Y si nosotros seguimos así, la oligarquía o la derecha siempre nos va a joder.

Primero que todo, seguir en el proceso que llevamos, seguir la reincorporación, pero no individualmente, sino en colectivo. Fortalecernos y seguir luchando. Eso es algo que tenemos claro. Seguir defendiendo el proceso, así gane Duque.

¿Te sientes traicionada ante los incumplimientos del Estado?

Traicionada, no, porque uno lo que esperaba era eso. Yo considero que todo depende de nosotros, de cómo hagamos las cosas. Si el estado nos ve fortalecidos, no va a poder tomarnos el pelo. Nosotros tenemos claro que estamos firmando un acuerdo de paz con un estado burgués, de derecha, que no va a permitir que se afecten sus intereses. Para mí no es un engaño, es algo que siempre hemos visto, la historia se ha repetido mil y mil veces. La burguesía o la derecha siempre ha tratado de someter a los pueblos.

Con el acuerdo se ganaron muchas cosas que por muchísimos años en Colombia no habían habido. Se ganó, primero que todo, que llegáramos nosotros a estar metidos en las entidades del estado (por ejemplo lo que pasa con la Unidad Nacional de Protección), ahora entran nuestros camaradas al Congreso, hemos logrado estar en zonas donde no estábamos. No se ganó todo lo que se quería, pero sí se han logrado ciertas cosas y eso ha sido producto de un trabajo colectivo.

Y el país en general ¿qué ha ganado?

Cuando estaba la guerra, eran muchos soldados que morían. Las cifras de muertos y heridos del ejército ha disminuido al 1% yo creo. Es nada en comparación. El país ya no vive la zozobra de un ataque, de que mi hijo no llegue, que se vaya para la guerrilla, para el ejército. Es una tranquilidad, un descanso, un desahogo. Una madre de familia estando en el campo sabía que su hijo iba a tomar la decisión de irse para la guerrilla o para el ejército, porque no tenía oportunidades de nada. Eso es muy difícil. Ahora ya no va a oír que su hijo murió en combate. Eso es un logro para el país, pero mucha gente no lo valora.

Muchas gracias Sonia por compartir con nosotras tus vivencias y reflexiones sobre este momento tan importante que vivimos en el país. Esperamos, por el bien de todos y todas, que la paz se materialice, que el partido FARC tenga todas las garantías para participar en la política y que haya muchas oportunidades para compartir experiencias y vivencias en torno a los feminismos y los retos que tenemos por delante.

[1] El partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (FARC) fue fundado en agosto de 2017 por exintegrantes de la antigua guerrilla. Este partido surge como parte del proceso de tránsito de la organización armada a la vida civil y hace parte de lo acordado en La Habana.

[2] Iván Duque fue candidato a la presidencia por el partido de derecha Centro Democrático, dirigido por Álvaro Uribe Vélez. El pasado 17 de mayo fue elegido como presidente de la república para el periodo 2018-2022 con el 53.9% de las votaciones.

[3] El Acuerdo Final contempla la asignación de cinco curules en el senado y cinco curules en la cámara de representantes para el partido FARC en el periodo 2018-2022. Será el propio partido el que defina quiénes ocuparan dichas curules. El acuerdo también definió que la FARC participaran en la campaña política para las elecciones legislativas como cualquier otro partido legal.

[4] Iván Duque fue candidato a la presidencia por el partido de derecha Centro Democrático, dirigido por Álvaro Uribe Vélez. El pasado 17 de mayo fue elegido como Presidente de la República para el periodo 2018-2022 con el 53.9% de las votaciones.

[5] Humberto de la Calle fue el Jefe de Negociaciones por parte del Gobierno Nacional en La Habana. Participó como candidato presidencial del Partido Liberal en las recientes elecciones presidenciales. Luego de los resultados de la primera vuelta, en donde obtuvo una votación del 2.5% de las votaciones, anunció que en segunda vuelta votaría en blanco.

[6] Sergio Fajardo fue el candidato presidencial por la Coalición Colombia, una alianza de fuerzas políticas de centro. Luego de los resultados de la primera vuelta en donde obtuvo el 23.7% de las votaciones, anunció que en segunda vuelta votaría en blanco.

[7] Gustavo Petro fue el candidato a la presidencia de Colombia Humana, una articulación nacional de sectores de izquierda y centroizquierda. Luego de obtener el 25% de las votaciones en primera vuelta, perdió la segunda frente a Iván Duque con el 41.8% de las votaciones.

Revista Marea es la materialización de una apuesta política, una plataforma de acción colectiva que usa la virtualidad como escenario de difusión, interpelación y diálogo para contribuir con ideas, análisis y acciones hacia la transformación social feminista.

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