Cuando las estrellas se alinean. Ingoma Nshya. Mujeres tamboreras en Ruanda

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Las reglas están hechas para romperse… Y frente a las barreras tenemos ganas de explorar, en términos creativos. Odile Gakire Katese

Odile Gakire Katese, es una artista ruandesa que vive entre Kagali y Butaré, conocida principalmente por haber creado la primera compañía de mujeres tamboreras ruandesa, llamada Ingoma Nshya (Nuevo tambor)

Camila Gómez Wills: ¿Hace cuánto tiempo existe Ingoma Nshya? y ¿Cómo nació el proyecto?

Odile Gakire Katese: El proyecto nació hace ya casi 15 años, en Butaré, en el seno de la Universidad Nacional de Ruanda, en una organización llamada Centro Universitario de las Artes. En aquella época yo era la directora artística de esta organización.

Trabajábamos mucho con estudiantes, y en un momento nos hacían muchísima falta personas que quisieran dedicarse a la profesión – tamborero- puesto que los estudiantes de universidad eran estudiantes de tiempo completo.

En esa época, también trabajábamos con diferentes tipos de artistas de Ruanda y nos dimos cuenta que las mujeres no estaban presentes en varios campos. Ellas estaban principalmente acuarteladas en la danza tradicional, donde podíamos encontrar un batallón de mujeres bailarinas tradicionales. Y que en cuanto nos alejábamos de la danza tradicional e íbamos a otros campos como los tambores, la escritura, el cine, u otros, ellas eran minoritarias. Porque simplemente hay campos que creemos son exclusivamente para los hombres, que las mujeres no estamos interesadas y que por ende continúan siendo actividades masculinas.  Pero con el tambor, había además un tabú. Estaba simplemente prohibido desde hace siglos y siglos. Jamás había habido mujeres tamboreras en Ruanda.

Así que me interesaba explorar este espacio (el del tambor), así simplemente, como artista. Las reglas están hechas para romperse… Y frente a las barreras tenemos ganas de explorar, en términos creativos. Me interesaba ir a la exploración de nuevos espacios. Había esa curiosidad tranquila de preguntarme: ¿cómo sería si hubiese una mujer tamborera o es un sueño irrealizable? ¿Existe realmente un tabú? ¿Hay una razón justa y pertinente detrás del tabú? Y nos dimos cuenta que no. Que era sólo una interdicción que existe desde hace mucho tiempo, que nadie se cuestionaba y que perpetuábamos automática y sistemáticamente sin cuestionarnos.

A mí me gusta que las artistas se hagan preguntas sobre lo prohibido, sobre las cosas buenas y cuestionen permanentemente a una sociedad cambiante.

También tuvimos mucha suerte, era una época en la que Ruanda había evolucionado en términos de género y había la posibilidad para nosotras, como mujeres de explorar nuevas profesiones. Yo, como artista, tenía ganas de explorar nuevos campos artísticos por diferentes razones: logística, financiera… Finalmente, nos encontramos frente a la posibilidad de explorar el tambor. Los tambores estaban ahí disponibles.

Como dicen por ahí, cuando algo debe realizarse, las estrellas se alinean para que suceda, los tambores estaban ahí solo hacía falta llevar los bastones. El espacio lo teníamos, las mujeres con el tiempo para dedicarse a tocar tambor estaban ahí. Eran mujeres que una vez terminadas las labores de la casa, tenían ganas de salir, de no quedarse confinadas en las actividades domésticas, de explorar otros espacios. Y fue así como la historia comenzó.

Estábamos realmente ansiosas y motivadas por el hecho de ser las primeras. Yo estaba consciente y las otras mujeres también que sería un momento histórico si lo lográbamos. Sabíamos que decidir explorar el tambor sería histórico. Seríamos las primeras mujeres tamboreras de Ruanda. Nuestros nombres se escribirán en la historia del tambor en Ruanda. Y además de eso, esperábamos que fuese una actividad generadora de ingresos económicos, que fuese una actividad que abriera muchas oportunidades. Y finalmente eso lo que representa el tambor para mí. Es el instrumento que nos dio acceso a muchas cosas: acceso a recursos financieros, acceso a los sueños, acceso a las carcajadas, acceso a la libertad, acceso al mundo porque también nos ha permitido viajar mucho, y acceso a la creatividad. Nos dimos cuentas que somos capaces de crear y hacer todo lo que queremos. Y es ese campo de lo posible que se abrió a las mujeres gracias al tambor.

CGW: Hoy, ¿cuál es el impacto cultural del proyecto en Ruanda?

 Odile Gakire Katese: De todas formas el proyecto ha sido revolucionario. Deshicimos un tabú que estaba contra uno de los derechos fundamentales de la humanidad. Logramos una cierta construcción de igualdad de género en la arena del tambor. Para mí es muy importante que la mujer pueda participar a la fabricación de la cultura. Es importante que la mujer pueda participar a la revalorización de la cultura.

La cultura evoluciona y se parece a la sociedad, es una de las cosas básicas que yo aprendí al principio cuando empecé a estudiar artes, siempre me describieron la cultura como el reflejo de la sociedad.

Actualmente nuestra cultura no es el reflejo de la sociedad contemporánea ruandesa. La mujer ha adquirido muchos derechos, ha evolucionado, pero la cultura sigue siendo arcaica, vieja, empolvada. -La cultura- debe estar en adecuación a la sociedad. Eso es muy importante y es importante porque la política(s) de género y la política cultural están en contradicción. Es normal, pero es preciso que una de las dos políticas se adapte a la otra. Si la cultura ruandesa continúa siendo conservadora de la manera como nos ha sido transmitida por nuestros ancestros, la política de género no tienen muchas oportunidades porque la manera en la que una niña es educada en Ruanda hoy, según los « valores » tradicionales y culturales que vienen de un sistema patriarcal, conduce a que la mujer del mañana no tenga muchas posibilidades. Las niñas crecen con muchas prohibiciones y preconceptos, con cosas que no le permiten exprimirse y explotar su propio potencial.

CGW: ¿Cómo podrías explicar la definición de « la política de género » en Ruanda?

Odile Gakire Katese: Aquí, después del genocidio de 1994 contra los tutsis, la población era mayoritariamente femenina. Ellas eran la mano de obra para reconstruir el país. Pasaron del detrás de cámaras, de la cocina, a obreras, a soldados de la reconstrucción del país. El gobierno tuvo que modificar muchas leyes, sobre la herencia, darles acceso a diferentes sectores para que ellas pudiesen tomarse el lugar de los hombres que ya no estaban. Así que tenemos una política de género que impulsa a las mujeres y que promueve el acceso a la educación, al parlamento, a la herencia, a la armada, a los altos cargos del gobierno. Hoy Ruanda es reconocido como “el paraíso” de las mujeres, pero ese sueño, esa revolución del género que hubo en Ruanda está incompleta, la política es buena, pero hace falta su ejecución en algunas esferas.

Yo aplaudo lo que se ha hecho en otros campos, las leyes de acceso al parlamento, el acceso a la armada, las leyes contra la violencia de género, la violencia doméstica. Ahora tenemos muchas leyes que protegen y promueven los derechos de las mujeres. Pero en el mundo cultural, nada ha cambiado, las prohibiciones siguen ahí y no se limitan a la esfera cultural, sino que afectan a la niña quien debería ser parte del parlamento mañana, quien debería ser microempresaria, quien debería hacer muchas otras cosas.

Si los valores culturales que le damos a esta joven siguen siendo los mismos valores de antaño, eso quiere decir que ella no merece ser parlamentaria, piloto, o todo lo que ella quiere si no está casada, sino tiene hijos  y tantas otras percepciones sociales que la desvalorizan.  Eso hace que las ambiciones de las mujeres no sean altas y que sea difícil ejecutar la política de género porque culturalmente cargan con un peso que les impide avanzar. Por eso creo que es importante que a nivel cultural (no es solo en la práctica del tambor que debe ser modificada) algunos valores sean cuestionados, para que la cultura vaya al encuentro de la política de género.

Ahora bien, el tambor es la simbología de ese cambio, el tambor simboliza que es posible romper con esos tabúes tradicionales. Incluso si no se trata de las leyes, las cuales pueden ser cambiadas más fácilmente, son papel. Hay cosas más difíciles, no dichas, que están en el imaginario colectivo y son más difíciles de combatir. Es por eso que la mujer tamborera simboliza para mí este nuevo reino.

La palabra nshya significa también “reino”, “poder”. Somos la traducción simbólica de este nuevo reino, de este nuevo poder que es para las mujeres. Y hemos abierto la puerta para que todos los tabúes, ahí deberíamos llegar, se rompan. Y para abrir el imaginario de las mujeres y convencerlas en la práctica, no sólo con palabras, que ellas son capaces de todo, que pueden participar a la reinvención de la cultura dado que la cultura se parece a la gente y ¡nosotras (las mujeres) hacemos parte de la población! La cultura no puede ser sólo el reflejo de los hombres, también tiene que reflejar a las mujeres que somos actoras de ella.  Es el ese cambio. Y poder participar a la cultura del mañana, incluso si yo espero poder verlo (el cambio). Que podamos decir que logramos moldear la cultura según lo que nosotras queremos y que las jóvenes de mañana puedan ir espontáneamente a tocar tambores y representar al país.

Hoy en día nosotras no representamos al país, todavía hay dificultades para integrarnos a él, esa es la lucha de este momento y de los próximos años.

CGW: Para terminar, ¿qué te gustaría decirle a otras mujeres de otros contextos, como el colombiano, sobre el poder sanador del tambor?

 Odile Gakire Katese: Yo creo que la sanación de las heridas que nos dejó el genocidio es algo importante, y sé que las herramientas para hacerlo están en cultura, en el arte. ¿Cómo reconstruir un hombre después de una catástrofe como un genocidio? No tengo la respuesta. Pero me parece que sólo la humanidad puede sanar a la humanidad. La mayor parte del tiempo cuando organizábamos talleres a los que hacíamos venir profesionales de todas partes, más allá de hacer venir artistas, hacíamos venir seres humanos que venían con una parte de humanidad que nosotros habíamos perdido durante el genocidio. Venían a enseñarnos a reír, a reconectarnos a reencontrarnos, sin necesidad de decirlo explícitamente. A través de actividades como la pintura, el tambor, la música, la danza, que lo queramos o no, nos reunimos.

La escena artística es el espacio en el que nos sentimos en la suficiente seguridad para dejarnos llevar.  No estamos en un cara a cara. Lo que las mujeres experimentaron a través del tambor… La mayor parte del tiempo estuvieron frente a los hijos de los genocidas, huérfanos, personas que vinieron y se reunieron alrededor de un instrumento que les hizo olvidar sus diferencias y los problemas para reencontrarse. Hay mujeres que decían “estar rodeadas de otras mujeres me hace sentir fuerte. No estoy sola, estamos juntas”. -La ronda de tambores- es un espacio, como el deporte: de comunión, que saca de la soledad.

Y como además el tambor es un instrumento lleno de ovación, de alegría, de energía, que revitaliza a las personas; ellas salen de ahí teniendo nuevos amigos, teniendo una familia nacida alrededor del tambor y habiéndose descargado. Las mujeres dicen “tengo la impresión de haber dejado todos mis problemas al tambor y que después de tocar me siento un poco más livianas para seguir”.

Pero más allá de eso, yo hablo siempre de los artistas, la cultura y de su contribución a la identidad de un pueblo. Nuestra identidad fue destruida durante el genocidio. Hay que reconstruir el tejido social y son las actividades simples y humanas en donde reaprendemos juntos a defender una causa común, a encontrarnos para un cumpleaños, un matrimonio, un nacimiento y más allá del tambor otras actividades, encontrarnos alrededor de un helado, ofrecemos espacios donde las personas pueden venir a sentarse y negociar sus vidas alrededor de otros retos que son tan simples como el tambor lo que permite tener otro punto de vista, de partida, de tomar distancia de un posible conflicto.

Y sirve para aprender que es posible vivir juntos a pesar de los conflictos y a tener otros puntos de encuentro. Es importante tener la posibilidad de reinventarse en otros espacios y reanudar, nutrir nuestra relación, nuestra comunidad desde otro punto de vista y con otra herramienta si hemos desgastado nuestros lazos. Si ese otro lazo se ha roto y que es difícil recrealo, pues vamos a crear otro lazo. Es esa es la capacidad de renovarse que el tambor nos ha ofrecido y que puede ofrecer a todo el mundo.

Revista Marea: Muchas gracias por tu tiempo Odile, y esperamos que los colombianos puedan aprender de tu historia.

Entrevistadora: Camila Gómez Wills
Traductora: Debir Valdelamar
Producción de video: Tatiana Vila Torres (Kinorama Copyleft)

Artista ruandesa que vive entre Kagali y Butaré, conocida principalmente por haber creado la primera compañía de mujeres tamboreras ruandesa, llamada Ingoma Nshya (Nuevo tambor)

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