Construyendo la verdad de las mujeres vascas. Pasos hacia una paz no patriarcal

FOTO: Grupo de género del Foro Social Permanente
Publicado en: 2018-06-30

El conflicto político histórico derivado de la negación del derecho de autodeterminación del pueblo vasco devino en conflicto armado en los últimos 60 años. En el momento actual nos encontramos en un proceso unilateral de abandono de la violencia por parte de la organización armada ETA. En octubre de 2011 ETA declaró el cese definitivo de su actividad armada, en abril de 2017 procedió a su desarme y el pasado mayo de 2018 anunció su disolución[1]. La mayor peculiaridad del proceso vasco de construcción de paz es su unilateralidad, ya que no responde a ningún acuerdo resultado de una negociación. Los Estados francés y español -aunque con actitudes muy diferentes- no son parte del proceso. Más bien al contrario, el Estado español ha continuado en la inercia de su histórica dinámica represiva.

A consecuencia de ello, el año 2013 se creó El Foro Social Permanente por la Paz[2], que aglutina a diversas organizaciones de la población civil vasca para impulsar la construcción colectiva de la paz en Euskal Herria[3]. El Foro Social tiene varias líneas de trabajo: desarme, desmovilización y reintegración; convivencia y memoria; personas presas, huidas y deportadas; aprendizaje de otras experiencias internacionales; y participación de las mujeres en el proceso de paz. Nosotras formamos parte del Grupo de Género de este Foro, grupo que nace en 2017 y desde el que proponemos una lectura feminista, tanto del conflicto y sus consecuencias como del proceso de paz.

Convencidas de que este proceso debe contemplar todas las violencias que se entrelazan con la violencia política, el 8 de octubre de 2017 realizamos en Bilbao un primer acto público con el lema “Nik sinisten dizut” -” Yo te creo”-, con ánimo de articular un reconocimiento popular que legitime la verdad de las mujeres cuando denuncian públicamente las diversas violencias machistas que enfrentan. Siete mujeres compartieron ese día sus testimonios, dando cuenta de agresiones en relaciones sexo-afectivas, acoso o discriminación laboral, violaciones en la guerra civil española[4], violencias que han requerido de petición de asilo y refugio en nuestro país, violencia lesbófoba, torturas sexistas a manos de la policía española y violación por parte de desconocidos.

Casi siempre la violencia machista ha pasado desapercibida en el contexto del conflicto vasco. Queremos evidenciarla y que se aborde colectivamente, porque si no lo hacemos, nunca tendremos una verdad completa sobre las violaciones de derechos humanos originadas por este conflicto. Además, junto a la violencia política han sido una constante otras violencias contra las mujeres que son estructurales en nuestra sociedad. Esta violencia no ha cesado y continúa a día de hoy. Pocas veces las experiencias de las mujeres se ponen en primera línea de los análisis, y cuando sucede, lo más frecuente es que se cuestione la credibilidad de nuestro testimonio (en los juzgados, en los medios de comunicación, en la calle, en las redes…). En un ejercicio de mirar para otro lado, la sociedad o niega, o tapa o quita importancia a lo sucedido a las mujeres. Como si nuestras palabras, nuestros relatos, nuestras experiencias, tuvieran menos valor.

Por eso entendemos que el primer paso en el camino de la justicia y la reparación es no poner en cuestión lo ocurrido, creerlo y reconocerlo. Si no lo hacemos, nuestro pueblo no tendrá una paz de la que puedan disfrutar todas las personas. Nuestro deseo con esta acción fue promover el reconocimiento social y político de la verdad de las mujeres, que el lema “nik sinisten dizut” -“yo te creo”- amplio e inclusivo, se extienda a todos los rincones de Euskal Herria, y que la confluencia entre la construcción de paz y el movimiento feminista se fortalezca cada vez más. En este camino somos herederas de una lucha colectiva de mujeres tanto en nuestro pueblo como en otros.

En nuestro breve recorrido, otro de los aspectos sobre el que hemos comenzado a reflexionar desde una mirada feminista es la reintegración de las personas presas, huidas y deportadas. Se trata de una tarea difícil porque nos falta aún mucha información cuantitativa y cualitativa. Por esta razón, lo que compartimos aquí son cuestiones que consideramos relevantes conocer y tener en cuenta a la hora de trabajar a favor de su reintegración.

El pueblo vasco lo componen 3 millones escasos de habitantes ubicados en las fronteras del estado español y del estado francés. Desde 1978[5] hasta la actualidad, se han acreditado en Euskal Herria los casos de 4.755 hombres y 902 mujeres detenidas y torturadas. De estas personas, 2.769 hombres y 476 mujeres han sido encarcelados.[6] Hoy en día 300 personas permanecen presas;  40 de ellas son mujeres, 12 en el Estado francés y 28 en el Estado español, en cumplimiento de condenas que van desde los 15 a los 40 años (condenas que, en el caso de las y los presos vascos, se cumplen de manera íntegra). Como resultado de la política penitenciaria española de dispersión y alejamiento[7], la distancia media entre las prisiones y los lugares de origen de las personas presas es de 683 kilómetros en el caso de los hombres y de 787 kilómetros en el caso de las mujeres[8]. Además de sufrir más alejamiento, las mujeres viven mayores niveles de aislamiento en las prisiones, ya que están recluidas en soledad en mayor proporción que los hombres. Por último, son tres mujeres las que se encuentran presas junto a sus hijos e hijas. Respecto a las personas exiliadas y deportadas en terceros países, según los datos del propio colectivo de personas huidas –Euskal Iheslari Politikoen Kolektiboak, EIPK- son 100 personas, de las que desconocemos cuántas son mujeres.

Consideramos que la reintegración de las personas presas, huidas y deportadas exige realizar un estudio de las necesidades y condiciones para esa reintegración de hombres y mujeres, si realmente se quieren proponer medidas efectivas para todas y todos, y también contribuir a una sociedad menos discriminatoria. Partimos de varias cuestiones que sí sabemos: que el género intersecciona con otras variables como la edad, la procedencia -rural/urbana-, la clase social, el capital social, la salud, los años de prisión, exilio o deportación; que la situación previa de la persona a reintegrar nunca es la misma, por las especificidades de la cárcel, la clandestinidad, la deportación, la huida, la tortura sufrida…; que la situación jurídico-legal en la que se reintegran -inhabilitación laboral, obligación de pagar la responsabilidad civil, etc.- es determinante; y que el tratamiento de los medios de comunicación y la intervenciones policiales que continúan en la actualidad son elementos condicionantes. Además, es clave que tengamos en cuenta que la sociedad a la que necesitan reincorporarse presenta una radiografía atravesada por la desigualdad de género.

Partiendo del poco conocimiento que de momento tenemos y apoyándonos en otras experiencias a nivel internacional, queremos aportar varias preguntas y algunas respuestas iniciales con relación a tres ejes de trabajo centrales en materia de reintegración: económico-laboral, participación política, y salud física y psicosocial.

En el plano económico-laboral, necesitamos más información relacionada con aspectos como la inserción laboral, el acceso a una vivienda, a servicios y prestaciones sociales, o a créditos, las condiciones de jubilación, y las oportunidades de estudio y formación. En este plano queremos indagar en preguntas como estas: ¿cuál es la formación de las mujeres expresas y huidas? ¿Cuál era su vida laboral previa a la prisión o huida? ¿Qué oportunidades de estudio o reciclaje profesional están teniendo ahora? ¿En qué medida se están incorporando al mercado laboral, en qué sectores y en qué condiciones? ¿Cuál es su nivel de autonomía/dependencia económica? ¿Cuál es su recorrido de búsqueda de ayudas económicas y sociales?

En el plano de la participación política es relevante tener en cuenta el nivel de esa participación, los espacios y modos en que se da, el grado de inclusión en el proceso de resolución de las consecuencias del conflicto y en el proceso de paz, etc. En este caso, nos preguntamos: ¿cuál es el nivel de participación de las mujeres expresas y el lugar desde el cual participan -cargos institucionales, cargos políticos, movimientos populares-? ¿Cómo viven la militancia política? ¿Su capacidad de participación está condicionada por su situación económico-laboral o por la carga de cuidados familiares? ¿Cuál es su presencia y peso en las dinámicas de resolución de las consecuencias del conflicto?

Por último, en el ámbito de la salud, creemos necesario conocer tanto el estado de salud física como psicológica y social de las personas que se enfrentan al reto de la reintegración. Entre los factores psicosociales subrayamos la situación emocional, las relaciones sexo-afectivas, las relaciones familiares, de amistad, las redes comunitarias, los impactos de años de separación sobre las familias y entornos más cercanos, el imaginario social en torno a estas personas -tanto en sus comunidades como en la sociedad en general-, el tratamiento que reciben de los medios de comunicación, su propia autopercepción, su sentimiento de identidad y pertenencia, etc. En este caso, algunas de las preguntas que nos hacemos son: ¿cuál es la salud física y mental de las mujeres expresas y huidas? ¿Qué violencias machistas -en comisaría, en prisión, en su militancia, en el exilio, etc.- han vivido y cómo las han enfrentando? ¿Cuáles han sido los procesos de re-victimización y estigmatización que han vivido y por parte de qué institución -juzgados, prisión, medios de comunicación, comunidad propia, etc.-? ¿Cuál es su vivencia de la maternidad y su situación parental -hijos e hijas, situación jurídico-penal de su pareja-? ¿A qué contexto familiar están volviendo y qué carga de trabajo de cuidados están asumiendo? ¿Cuáles son las redes de protección y cuidado hacia ellas? ¿Cuál es el imaginario social construido en torno a ellas y cómo lo viven ellas mismas?

A falta de un mayor conocimiento de las condiciones de reintegración de las mujeres expresas, lo que sabemos de momento es que su inserción laboral tiende a ser más baja y a estar más precarizada. Parece que muchas de ellas están asumiendo tareas de cuidados -de hijos e hijas, progenitores, personas presas-, lo que reduce sus oportunidades laborales y dificulta además sus opciones de participación política. Son más los hombres expresos que continúan su participación en cargos institucionales o políticos, mientras que más mujeres expresas mantienen una participación de base o bien se alejan de la militancia por motivos diversos.  Entre otros factores, parece que las mujeres viven con mayor dificultad el hecho de convertirse en personas con una proyección pública, por las expectativas que se puedan generar en torno a ellas y/o por la posibilidad de utilización de su imagen, ya sea por parte de su comunidad cercana como lejana-medios de comunicación etc.-.

En el caso de aquellas mujeres que han sido madres en prisión, se añaden retos para afrontar las consecuencias del contexto donde han creado sus familias. En ellas, así como aquellas cuyos hijos o hijas han ido creciendo en su ausencia, opera un sentimiento de deuda emocional y económica, lo que puede estar favoreciendo el tránsito de ser cuidadas a ser cuidadoras a su vuelta a la sociedad. De hecho muchas de estas mujeres priorizaron su militancia política -renunciando así al mandato de genero de cuidadoras-. Aun y todo, parece que estar ausentes ante la necesidad de cuidados que sus criaturas y familiares mayores o enfermos han necesitado lo viven con grandes cargas de culpabilidad. A su vez tras ser encarceladas han requerido de cuidados- organizar y realizar las visitas, el paquete de ropa, los estudios etc-. Esta larguísima lista de tareas que son necesarias para cuidar a la persona encarcelada la desarrollan normalmente las parejas, familia y grupo de amigos -aunque a su vez esta red de cuidado esta feminizada-. Por lo tanto a su vuelta a casa los cuidados de las personas -que no han podido cuidar mientras estaban fuera y que a su vez muchas veces las han cuidados a ellas- adquiere un lugar importante en su s vidas. En la organización de sus tiempos, energías y prioridades.

Las situaciones vividas previamente al momento de la reintegración, tales como las condiciones infrahumanas de la prisión y exilio, la falta de atención médica, las torturas, etc.-condicionan en gran parte el proceso. Existen traumas que se han cronificado y que afectan de forma grave la salud de las mujeres que se reintegran, sobre todo su salud psicológica. Aquellas que han sufrido diferentes agresiones machistas en el contexto de torturas o fuera de él han carecido de herramientas para denunciar y hacer frente a esas situaciones. Junto a ello, el tratamiento penitenciario, judicial y mediático han sido muy discriminatorios.

Por último, no podemos olvidar que la mayor red de soporte para la reintegración la componen las familias y la comunidad más cercana, que a su vez son redes feminizadas. Aquí se encuentran, por ejemplo, muchas mujeres que han dedicado gran parte de su vida y medios económicos en viajes a prisiones fuera de Euskal Herria para visitar a sus familiares, y mujeres que han dejado sus lugares de origen siguiendo a su pareja huida o deportada. La sobrecarga física, psicológica y emocional de estas situaciones ha afectado y continúa afectando sobre todo a las mujeres, sin que se hayan tomado medidas colectivas para responder a ello.

Quienes participamos en el Grupo de Género del Foro Social Permanente estamos en estas reflexiones y en este camino. Luchamos contra la exclusión de las mujeres que puede suponer un proceso de paz androcéntrico. Luchamos por dotar de contenido feminista esa paz tan ansiada. Y en ese camino estamos tratando de implicar al movimiento feminista en el proceso de construcción de la paz vasca e impulsar también una reflexión colectiva sobre una futura justicia feminista. Consideramos de gran importancia la activación de las mujeres y de las feministas, por que como nos demuestra nuestra propia historia y los procesos de paz de otros lugares -a los que ahora mismo miramos con gran atención-, nada nos va a ser regalado y debemos ser nosotras mismas las protagonistas de nuestras emancipaciones.

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[1]Ver más:               

https://gara.naiz.eus/eta-anuncia-cese-definitivo-actividad-armada.php

https://resumen.cl/articulos/desarme-definitivo-de-eta-se-materializa-bajo-supervision-de-los-artesanos-de-la-paz

https://www.naiz.eus/es/actualidad/noticia/20180503/eta-declara-de-forma-inequivoca-el-final-de-su-trayectoria-y-anuncia-el-desmantelamiento-de-todas-sus-estructuras

[2] Ver más: http://forosoziala.eus/es/seccion/noticias

[3] Nombre que se le da en “euskera” -lengua vasca- al país o pueblo vasco, que comprende 7 provincias. Tres bajo territorio francés y cuatro bajo el español.

[4] En este caso, se proyectó en vídeo el testimonio visual que la protagonista dejó poco antes de fallecer.

[5] La dictadura fascista en el Estado español se alargó desde 1936 a 1975. Tras la muerte del Dictador Franco, en 1978 se emprendió el proceso conocido como “La Transición” que ha sido y aún es muy criticada porque no supuso una ruptura definitiva con el anterior régimen.

[6] Datos de la Fundación Euskal Memoria. Ver más: http://www.euskalmemoria.eus/es

[7] Aunque la legalidad española y francesa, recogen en sus leyes que las personas presas deben cumplir condena en las prisiones más cercanas posibles a su lugar de origen, a partir de 1989 comienzan a aplicar una política excepcional a toda/os las/os miembros del Colectivo de Presos Politicos Vascos-EPPK-. Esta política por tanto es ilegal y no esta recogida oficial ni formalmente.

[8] Datos de la comisión de presos políticos de la organización Sortu.

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OLATZ DAÑOBEITIA CEBALLOS: Miembro del Grupo de Género del Foro Social Permanente por la Paz del País Vasco. En la actualidad combino mi participación política en los movimientos populares, feminista e independentista, con mi investigación doctoral sobre las experiencias y vivencias de las mujeres pertenecientes a diferentes organizaciones del Movimiento de Liberación Nacional Vasco: sus estrategias de resistencia, valoraciones, propuestas, agencia y aportes dentro de la experiencia de militancia, tortura, prisión/exilio y vuelta a casa. Parto del conocimiento adquirido a través de mi propia vivencia y a través de mi trayectoria militante y académica como socióloga y miembro del grupo de investigación de Antropología Feminista -AFIT- de la Universidad del País Vasco-UPV/EHU // IRANTZU MENDIA AZKUE: Miembro del Grupo de Género del Foro Social Permanente por la Paz del País Vasco. Soy profesora del Departamento de Sociología y Trabajo Social de la Universidad del País Vasco e investigadora en Hegoa-Instituto de Estudios sobre Desarrollo y Cooperación Internacional. Me interesa el análisis feminista de los conflictos armados, la construcción de paz, la justicia transicional y la memoria histórica, y lo hago en perspectiva comparada. Me he centrado en estudiar el activismo feminista en la defensa de los derechos humanos y contra la impunidad en las experiencias de El Salvador, Guatemala, Colombia y Sáhara Occidental. Desde aquí, en los últimos trato de sumar a la participación de las mujeres en el proceso de paz vasco.

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