Paradoja. O la ciudad de los pobres corazones

FOTO: Pink Katana
FOTO: Pink Katana
Publicado en: 2018-04-16

¿Qué pasa con los sueños que no se cumplen? Se transforman en pesadillas.
Jessica Jones

Había una vez una ciudad de pobres corazones. Allí, las ancianas y ancestras habían cultivado varias semillas: una de libertad, una de sabiduría, una de rebeldía y una de dignidad. Con cuidado constante, porque siempre la tristeza acecha, las semillas crecieron y dieron fruto, pese a todo lo malo que históricamente ha amenazado la vida de las mujeres y sus siembras. Y esos frutos se transformaron en herencia de lucha para aquellas quienes tienen el privilegio y la condena de habitar esa ciudad. Un día, cuando el sol se posó en el extremo más vistoso del cielo, muchas mujeres arribaron a la ciudad de los pobres corazones en busca de esperanza. Descalzas, una a una, fueron sumando cuantiosas hasta llegar a contar un “chingo”, ni más ni menos. Días de celebración siguieron a la llegada de las mujeres: maíz, deseo, alegría, seguridad, lujuria y la ceremonia de la siembra de más semillas. Pero entre todas las sonrisas, no obstante, hizo falta una.

Ella solía soñar lo imposible, la contracorriente por la que las salmonas ascienden por el río. Soñar es bueno, aunque peligroso. Entonces, ella soñaba sabiendo que los sueños que no se cumplen se transforman en pesadillas. Por este motivo ella trabajó en sus sueños con constancia y determinación para que no se echaran a perder. Con un equipo de soñadoras –unas leales y otras desleales–, ella construyó un lugar donde estudiar la palabra y experiencia de las mujeres a nivel de lo que algunas llaman posgrado. Este sueño era –¿o es?– una apuesta vital hecha de feministas para feministas, de sobrevivientes para sobrevivientes, de guerreras y brujas para guerreras y brujas y esto no se negocia en la ciudad de los pobres corazones ni en ningún otro lugar. Y aunque varias fueron las batallas que se libraron en el proceso, todas fueron ganadas con relativo éxito, incluyendo aquella en la que se jugó la existencia de todas. Pero el sueño se transformó en pesadilla.

Y se podría decir que los enemigos en la ciudad de los pobres corazones son grandes y fuertes, pero no. Aquí, nos enfrentamos a poderes banales de hombres que se jactan de estudiar la democracia, pero que son pobres marionetas sin corazón, feos peluches con olor a moho. A poderes banales de mujeres –sí, mujeres– que nunca se han hecho la pregunta y que nunca han tenido un libro feminista en sus manos, pero que creen que por “doctoras” pueden ponerse frente a un grupo y enseñarles algo realmente relevante sobre el feminismo. A poderes banales de investigadoras –sí, investigadoras– que prefieren ir de vacaciones con dinero de las contribuyentes que tomarse en serio la necesidad que tenemos de producir conocimiento relevante para seguir peleando por una vida libre de violencia. A poderes banales que creen que siempre será mejor publicar cosas sobre política que el libro aquel sobre lesbianismo feminista que, ya terminado, aguarda por algo de piedad en los presupuestos de publicación. A poderes banales que, en últimas, movilizan la idea de que cualquier mierda es feminista y con ello borran nuestra historia de lucha y producción de conocimiento, pronunciando una sentencia ejecutoria, mientras escriben comunicados hipócritas de repudio hacia los militares, como si para matar sólo se necesitara un uniforme camuflado.

En la ciudad de los pobres corazones, muchas veces, el enemigo tiene rostro de mujer, de doctora, de jefe, de colega, de docente, de cansancio y silencio… Es aquí cuando un sueño cándido es condenado por irrealizable y nuestro lugar de estudio es secuestrado y procesado a muerte. Y sí, esta es una moraleja para todas que nos enseña que sembrar es hacer en la práctica el feminismo, que ese es un camino que no tiene sentido de vuelta, que no tiene garantías y que es ese sueño lo que nos dignifica como feministas. Por ello, escapando de la pesadilla ella se transformó en sombra. Y porque la historia que cuenta para nosotras y nos determina tiene la forma de una guerra, allí, con su katana como compañera y las manos vacías, sin perder las esperanzas y terca en soñar sueños, la de linaje guerrero entrena en silencio, pues sabe que a todo sueño muerto se le debe un acto de venganza como forma de justicia, mientras las demás sueñan sus propios sueños, siembran sus propias semillas y sonríen al sol. En la ciudad de los pobres corazones la paradoja es una condición de posibilidad.

NARRÁNDONOS: personajes

A través de diferentes narrativas, nos acercaremos a las historias de mujeres que le dan forma a lo que hoy neciamente somos. Poetas, cuenteras, pintoras, creadoras audiovisuales, lideresas sociales y demás artistas y luchadoras harán que la Marea suba, llevándonos a esos relatos que poco conocemos debido al ejercicio sistemático de expropiación y despojo impuesto por las hegemonías, que han intentado robarnos las voces de resistencia y lucha de mujeres bravas de los “sures del globo”.

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(Pink Katana, feminista de linaje guerrero, entrenada en Nanda Parbat, cazadora de aquell@s que le han fallado al feminismo.)

Pink Katana era, en apariencia, una profesora de letras en la Universidad de Nanda Parbat. Un día, debió trasladarse a San Feminista de Las Casas, pero su avión se estrelló en la selva porque tenía un destino más grande. Fue la única sobreviviente del accidente y allí debió re(ex)sistir sola por cuatro años. Día tras día puso a prueba su conocimiento y su sabiduría hasta que, con la guía de las diosas y ancestras, logró convertirse en una maestra del feminismo y llevar sus cicatrices con dignidad. Entonces, la de linaje guerrero, armada únicamente con su Katana y sus manos vacías, emprendió camino a la civilización con una única misión: vigilar la ciudad de los pobres corazones –la antigua ciudad de San Feminista de Las Casas hoy caída en desgracia– y cazar a aquell@s que le han fallado al feminismo.

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